El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

Los golpes de la cola del dragón

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Ricardo Andreé  (Ricardo A.Urrutia.V)

 Extracto de: Cap.10 libro El Andariego (editado en noviembre 1996)

“Dejé Italia. Llegué a Suiza. Viví sin colocarme grandes metas: tomando lo que la vida me ofrecía. Fui músico. Hice negocios. Tuve y obtuve dinero. Me casé con una joven helvética. Retomé el periodismo cultural en forma muy libre y esporádica. Hasta que un día, hallándome en Lugano, sin que nada lo hiciera predecir: estalló algo en mí. Lloraba y sentía el vacío en mi pecho. Retomé el I Ching. Volví a meditar: y todo fue fácil, como si nunca lo hubiese dejado de hacer. Y el Buda insistió desde nuestro reencuentro: ′debes quemar tu karma para nacer de nuevo′ ¿Cómo? No tenía la respuesta. Y mientras trabajaba en una imprenta de Lugano, llegó la noticia de la muerte de mi padre: debía regresar a Chile. Y esa fue mi obsesión desde ese día. Y como en un acto sincrónico el gobierno militar que había colocado la ′maldita′ ‘L’ en mi pasaporte (que marcaba a los chilenos que no podían pisar su propia tierra) ahora desistía de tan canalla medida y daba a conocer listas y listas de personas que ahora sí podíamos entrar al país donde nacimos. Y volví a recorrer los lugares de mi infancia y juventud. Fui miembro de la Sociedad de Escritores de Chile y ayudé en la formación del Colectivo de Escritores Jóvenes. Recitaba poemas en las calles, en las poblaciones, en los café… y fuimos perseguidos por alzar oda a la libertad, a la democracia y al derecho. Era un acto de paz y belleza, de crítica creativa, no violenta… y nos rompían la cabeza y en las casas de mi familia unos hombres oscuros hacían guardia intimidante durante las noches. Hasta que un día me encuentro con un amigo de juventud, muy querido, y nos reunimos a cenar junto a otros de la misma época, y recordamos nuestro pasado estudiantil, y reímos de tantas anécdotas, quedando de acuerdo en vernos el último viernes de cada mes para repetir la cena y reencontrarnos… pero Manuel apareció degollado a los pocos días, y la vida de muchos de nosotros tomó un giro inevitable. Pensé en volver a Suiza: allí lo tenía todo. Pero no tenía paz conmigo mismo. Y medité tres días sin parar: nuevamente el Buda vino y dijo… ‘debes quemar tu karma para nacer de nuevo’. Me quedé en Chile, me separé de la esposa helvética, renuncié a toda seguridad… y entré a la clandestinidad para hacer parte de lo más radical de la resistencia a la dictadura. Y en esa vida, que es de por sí una historia aparte, el I Ching fue mi orientador, y la meditación fue la forma de no fanatizarme y evitar caer en los peligrosos círculos de la muerte y el terror. Saliendo del delicado campo en donde las armas suelen manejar la política, y los hombres de buenas intenciones terminan siendo demasiado iguales a quienes dicen combatir, no antes sin intentar cambios que no botaran por la borda de la historia a tantos amigos muertos y el sacrificio de sangre noble y joven vertida en una justa causa, que comenzaba a tomar vías erradas y convertirse en causa desquiciada… entré en un nuevo laberinto de incertidumbre”

 

 Los hechos

 El 18 de mayo del año presente, 2009, regresaba de un viaje misionero desde Iquique, y en el aeropuerto de Santiago fui detenido por dos funcionarios de la Policía de Investigaciones: eran alrededor de las 11 am y el hermano Gonzalo me esperaba y me acompañó al recinto policial. Allí fui informado de dos órdenes de detención vigentes, una que se rehacía a supuestos actos en 1991, que rápidamente fueron descartados por orden del tribunal, derogando la orden en mi contra, y por otro caso de 1987, emanado desde Fiscalía Militar por el atentado al General Augusto Pinochet. Este último caso se hallaba abierto, y por esta causa permanecí detenido.

Fui tratado siempre con mucha cortesía y con respeto por los funcionarios de la PDI, incluso con algún grado de señales amistosas y cordiales.

El caso por el cual me hallaba en esta situación ahora se encontraba en manos de la Corte de Apelaciones de San Miguel, a cargo del Sr. Ministro Solís.

Siguiendo el orden regular debía pasar la noche bajo custodia de gendarmería, en los establecimientos de la Cárcel de San Miguel. En lo concreto, debido al paro de los gendarmes no fui admitido y pernocté en el cuartel de Policía Internacional, en Independencia. Allí se permitió la visita de mis hermanos Gustavo y Gonzalo, recibí comida y me designaron una celda amplia, con baño y ducha con agua caliente. Incluso en las revisiones obligadas fui tratado con delicadeza y sumo respeto por los funcionarios policiales. En la mañana me dieron un café y pan con mermelada, y alrededor de las 9:30 fui trasladado a la Corte, ante el Sr. Ministro Solís. Dos abogados hicieron los trámites y averiguaciones previas, y uno, contactado por el hijo de la hermana Sarita, fue quién tomó mi caso y finalmente me representó, y me ayuda ahora a solucionar este entramado legal del pasado.

El Ministro Solís es un hombre de bajo físico pero de fuerte carácter y segura personalidad. En mi primera comparecencia el Sr. Ministro fue algo duro y todo anunciaba que la situación podría ser larga y complicada. Fui dejado bajo custodia de un gendarme en las afueras de unas oficinas; a los 45 minutos vuelvo ante el Sr. Ministro y esta vez, sin presencia del abogado, el Sr. Solís se paseaba por la oficina haciendo preguntas concretas y estableciendo los hechos con puntualidad. Finalmente decreta mi libertad incondicional por falta de mérito y me deja ir. Hasta aquí los hechos.

Mi Vivencia

Soy sacerdote desde hace Trece años, y difundo públicamente las Enseñanzas de Santidad y Sabiduría del I Ching desde hace 20 años. Nunca me he ocultado, y jamás he descansado en mi posición irrestricta de rechazo a todo tipo de violencia, venganza e injusticia, y desde mis palabras y escritos he defendido La Paz no cuan estado de inercia ante el atropello, sino como una aplicación coherente en todo plano de la vida del individuo y el colectivo. Sin embargo, tengo un pasado en el mundo, y como todos, como Pablo el Apóstol, no nací ni me formé en lo perfecto de Dios sino que fui tomando las opciones que la vida y la realidad me fueron presentando.

Lo escribo en el libro “El Andariego”, y lo he confesado a mis hermanos y hermanas Sacerdotes que dirigen esta hermosa Siembra de Paz y Consagración: tengo un pasado sobre el cual he pedido perdón a Dios; he pedido perdón a quienes pude ocasionar daño y me he arrepentido de decisiones y/o actos que me han alejado de los principios y valores que Dios, en todo tiempo y bajo toda cultura religiosa, ha comando y ordenado a los Hombres. Cada episodio de mi vida pasó ante mí y fue colocado en Manos de Dios en aquellos días de revisión que purificaron mi existencia y me hicieron digno de recibir el Sello Bautismal bajo la Ley de JesúsCristo. No hice nada distinto de aquello que cualquier persona  ejecutaría ante la inminencia de su definitiva Pertenencia a Dios.

La Sabiduría nos enseña que el Hombre no elige su tiempo histórico, ni las condiciones sociales, ni los avatares políticos que lo condicionarán, pero ante el escenario de la vida el Hombre siempre tendrá la oportunidad de optar, y es sobre dichas opciones que uno o acierta o yerra. Pero la vida enseña que las elecciones asumidas en un contexto determinado pueden ser revisadas, cuestionadas y hasta repudiadas en un estado de madurez y bajo condiciones posteriores que muestran el efecto final de dichas decisiones. Los hechos muestran que una generación puede ser prisionera de la historia… todos somos responsables de nuestras elecciones… pero ¿qué libertad pudo tener, por ejemplo, la generación de la guerra en Europa? Y toda Causa posee un Efecto. Y hemos comprobado como los traumas históricos demoran hasta tres generaciones en ser realmente superados. Por ejemplo, se ha querido imputar al actual Papa algún grado de culpa por su pasado en la juventud nazi: ¿no era el entonces un adolecente, un prisionero de la historia? ¿Puede alguien aseverar que el hombre no solamente ha cambiado sino que en su práctica ha demostrado haber superado absolutamente ese episodio de temprana juventud?

La calidad sacerdotal que nos ha sido encomendada por JesúsCristo no permite espacio alguno para la mentira; es nuestro deber moral ir siempre adelante con la verdad, pues aunque sea dura o grave, por ser la verdad, siempre obtendrá justicia.

Mi vida se movió, desde muy temprano, por dos rieles: la Fe y la política. Mientras la Fe fue un estado interior que siempre estuvo en las visiones en mi infancia, en mi amor por Cristo desde la inocencia de la niñez, en mi decisión de ser sacerdote, y por lo mismo fui acólito en la iglesia católica… la política, en cambio, se despertó en mí como una razón social y una urgente necesidad de justicia ante las arbitrariedades de la pobreza que podía constatar. A los 14 años ingresé a las Juventudes Comunistas. Fui dirigente de la “Feses” (Federación de Estudiantes Secundarios), y participé activamente en la campaña presidencial del Dr. Salvador Allende. Fui dirigente sindical de la “Federación del Caucho”, a mis 18 años, y en esa misma calidad fui requerido por la autoridad militar en septiembre de 1973, siendo a la sazón un funcionario del hospital El Salvador, a mis 20 años de edad. Me asilé en la Embajada de Italia en Santiago, saltando el muro del recinto. Permanecí allí 45 días, después de lo cual salí de Chile rumbo a Europa. El primer año, en Roma, participé en la organización “Chile Democrático”, con sede en Roma, como parte del “Mir”. Realicé un breve viaje a Yugoslavia, y abortada esa idea, literalmente escapado, aterricé primero en Milán, luego nuevamente a Roma, para instalarme finalmente, por seis años, en la ciudad de Florencia. Allí inicié mi carrera periodística y de escritor. Viajé por toda Europa y visité la mayoría de Europa del Este, entonces los países bajo el socialismo: desde esa vivencia directa rechacé ese tipo de régimen como modelo para mi país. Antes, en 1977, estuve en Nepal y permanecí diez meses en una abadía budista en calidad de monje. Me hice budista y un asiduo discípulo del libro I Ching. Desde 1975 mis opciones políticas estuvieron ligadas a la realidad italiana y Europea, y mis labores de solidaridad con la oposición al régimen militar en Chile se mantuvieron en el plano de escritor y periodista. No tuve una militancia en el exilio que me comprometiera con planes de retorno o acciones de algún tipo hacia y en Chile. Sin embargo, hubo una serie de eventos que me sacaron de este cuadro: la muerte de mi padre y la imposibilidad de asistir a su sepelio; la guerra en Nicaragua y la guerra civil en El Salvador, ambos hechos muy seguidos por mi calidad periodística, pero además por la cercanía que tenía con varios colegas y amigos de esos países; finalmente, las noticias que desde Chile decían que se había despertado la resistencia de la población, en las jornadas de protesta, con su inevitable consecuencia de muertes y represión. ¿Qué hacía yo viviendo cómodamente en Suiza…? En 1980 me trasladé al país helvético y allí conocí a quién se convertiría en mi esposa legal, Carla Galli. Lejos estaba yo de la política entonces: me dedicaba a ganar dinero con el negocio de la producción de conciertos de música y con músicos famosos de la ‘salsa’. En ese contexto, en Ginebra, en la salsoteca que dirigía junto a un socio español y Carla, es que entro en contacto con altos miembros de mi ex partido, el comunista, y entre ellos un simpático joven y su novia helvética con los cuales establecimos amistad. Ella era Isabel Mayoraz y él Marcial Moraga, ambos posteriormente involucrados en el atentado a Pinochet.

Dejé el negocio, y con Carla nos trasladamos a la zona suiza cercana a Italia, Ticino, ciudad de Lugano. Allí viví la crisis antes mencionada y decidí volver a Chile no apenas se abriera una oportunidad. Y se dio dicha ocasión con la aparición de las listas que autorizaban a retornar a muchos exiliados, entre ellos yo.

Desde fines del año 83, hasta mediados del año 85 participé en actos de oposición al régimen militar, en mi calidad de miembro de la Sociedad de Escritores de Chile. Pero fue la muerte por degollamiento de Manuel Guerrero, con quién teníamos una relación de amistad desde jóvenes, la atroz realidad que me empujó a aceptar la proposición de Isabel y Marcial para ayudar -e integrarme- al Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Hice parte del Frente hasta el verano de 1988. Mi último contacto con la Dirección del Frente, para la cual, en ese entonces, realizaba trabajos de difusión, elaboración de material propagandístico y noticias, era una mujer conocida como “Tamara”, en realidad Cecilia Magni.

Nunca supe de la preparación del atentado al General Pinochet. Ninguna participación tuve yo en dicho acto militar. Nada sabía y en nada participaba que estuviera relacionado con dicha operación. Fui avisado por ‘Tamara’ que ‘me acuartelara’, es decir: no salir a la calle y estar en lugar seguro y con modos de ser contactado, en espera de una importante noticia. Pero como eso ya había sucedido antes y las noticias no eran de la envergadura que se decía, yo no me ‘acuartelé’ sino que el día del atentado visité a una vieja amiga del exilio, y cené en su casa y alojé en la misma, y estando allí supe por las noticias de la televisión lo que había sucedido. No fui contactado de inmediato. Estuve con Marcial en una ocasión, antes de que él cayera en manos del aparato de seguridad del régimen, y no estaba bien debido a su alejamiento con su mujer, Isabel. Supe de la caída de Marcial por los diarios. Entonces recibo un llamado de contacto y me encuentro con la mujer que era el ‘enlace’ de ‘Tamara’; me entrega una nota en un paquete de cigarros, y en ella me dice que Marcial había dado mi nombre bajo tortura y lo había hecho para salvar a otros camaradas cercanos, suponiendo que yo estaba mejor resguardado y que al no tener relación con el atentado estaría mejor cubierto. Me golpeó la última parte de la nota: ‘Estás por tu cuenta’. Hubo un intento de ayuda por parte de la dirección del Frente: la hizo un comandante que había visto alguna vez, pero que nunca había tratado personalmente, era José Joaquín Valenzuela Levi. Pero lo que él me ofrecía como seguridad era muy precario y opté por, efectivamente: ‘estar por mi cuenta’.

Desde el atentado y la evidente derrota del camino armado, postulé, a través de un par de cartas, a la revisión de la política del Frente para que éste optara por convertirse en un partido político que luchara por insertarse en el grueso de la oposición al régimen militar. El Partido Comunista inicia en ese tiempo la intervención al Frente y se produce la división. Permanecí contactado con el Frente ‘autónomo’ hasta el verano de 1988, cuando por única vez sostuve una reunión con un miembro de la Dirección, que se identificó como ‘Daniel Huerta’, y pude exponer mi espanto político por la línea de ‘guerra patriótica’, que había aprobado la Comandancia, la que era una aberración política y un suicidio militar. La reunión terminó mal, y nunca supe si había sido expulsado.

1989 fue el año más oscuro de mi existencia. Mi vida había tomado un camino errado. Me había extraviado absolutamente de mi Índole más íntima. Sentí una aversión visceral por la violencia, y luego retomé los principios que en algún momento abandoné en esta fiebre de supuestos triunfos “verde oliva”. En la violencia y en el militarismo no hay hombres ni causas justas: el desquicio y la pérdida absoluta de valores es una consecuencia natural en la práctica de la guerra, en cualquiera de sus formas.

El verano de 1990 fui literalmente rescatado, en forma inexplicable y misteriosa, por los hermanos budistas de la organización japonesa Nicherén Sosshu. Estuve en meditación monacal por diez meses: y mi vida retomó la senda que en verdad me hace ser una persona digna y leal conmigo mismo. En 1991 entré a la montaña en donde el Cristo Vivo se presentó ante mí. Hasta Agosto de 1996 estuve integrado, en calidad de sacerdote, con los hermanos de la iglesia Mormona. El 1 de Noviembre de 1997 dimos inicio a la actual forma de Fe que nos inspira y guía.

Desde ese verano de 1988 nunca más he vuelto a tener militancia política, ni siquiera me hallo inscrito en los registros electorales, y mi visión de la política es sumamente crítica. Sin embargo, sí tengo opinión ante aquello que pasa en el mundo y en mi país.

De lo acontecido hace ya 22 años atrás no tengo más que agregar: si volviera a vivir en la misma situación, colocado nuevamente en ese día de pena e indignación por el degollamiento de Manuel, no aceptaría la invitación de Marcial e Isabel, y así como estaban las cosas, me habría comprometido mucho más en el ámbito que me es natural: como escritor, periodista y militante por la democracia y firme creyente en el pleno estado de derecho. Hice la elección equivocada, aunque sí por mucho tiempo estuve convencido de que ese riesgo y peligro permanentes me hacían más coherente con la causa… era un espejismo. Pero hay algo que debo aceptar: no fue una opción forzada, fue una elección consciente, y en su hora tuvo en mí pleno convencimiento. Fue cayendo gradualmente en la medida que vi, desde adentro, como eran realmente las cosas… nada de románticas. Entonces comencé a ver que las armas no tienen partido: el poder de las armas enloquece y desquicia a los hombres. Luchábamos, se suponía, en contra de un Estado manejado por una concepción militar, y en base al uso de las armas y los medios del terror… y ahí constataba grados de fanatismo militarista entre quienes se suponía luchaban en contra de ese estado de cosas, esta vez en nombre de la revolución ¿qué diferencia había?. Y claro, después del atentado y del fracaso estrepitoso de la introducción de armas por Carrizal, y con el rotundo rechazo de la población a los llamados de ‘Rebelión Popular’… plantear una ‘guerra patriótica…’ era realmente una separación abismal de la realidad. En honor a muchos jóvenes muertos que conocí en el Frente, algunos idealistas y honestos, sentía yo la necesidad de ‘dar la lucha de ideas’ en la medida que me fuese permitido, pero también esa ilusión culminó con una mala discusión y luego con mi alejamiento absoluto de la organización, y sus ideas.

No me disfrazaré de ‘correcto’ en medio de situaciones como las descritas: también yo jugué con los roles y oportunidades que se daban en ese ámbito, también hice parte de las ‘conveniencias’ y parcelas de ínfimos poderes de los cuales uno podía disponer en ese contexto, y en ese plano seguramente hice daño a personas honestas que quisieron ayudarme por una buena causa, al menos así creímos, e involucré a parte de mi familia y amigos en situaciones que ellos no eligieron. Por esa estupidez he pedido perdón a ellos y a Dios. No son cosas de las cuales me sienta orgulloso, sino profundamente arrepentido.

La verdad sea bien establecida: nada de todo aquello que hice y por lo cual opté me liga al hecho concreto y específico del atentado al General Pinochet. Es un episodio que no cuenta en mi historia personal, y de lo cual no me puedo auto-inculpar y no debiera ser acusado. Esa es la verdad, ante Dios y ante mi conciencia.

Desde el día del Plebiscito y el triunfo del No mis simpatías e ideas, no mi acción, pues no he participado en política desde la fecha antes escrita, fueron dirigidas al advenimiento de la democracia.

Los giros de la vida

La vivencia espiritual, desde mi estadía entre los budistas de Nicheren Sosshu, fue un asunto íntimo. Así también lo fue todo el camino espiritual Crístico que me hizo pasar por la iglesia mormona, salir de ésta y buscar la respuesta personal a las decenas de señales que me conducían a la montaña en algún lugar en la pre-cordillera. La enseñanza del I Ching y La Sabiduría fue mi acción pública desde el año 1990. Es en tal contexto, realizando consultas de orientación mediante el Sabio Oráculo, cuando entro en contacto con ex miembros del régimen militar y con militares activos, cuyas esposas eran mis alumnas. Fue como atravesar de vereda y ver la historia desde el otro ángulo. También aquí hubo y hay quienes autentifican los malos medios para lograr supuestos buenos fines, pero también en este lado pude verificar miradas críticas y verdaderos arrepentimientos por la participación en actos exacerbados y maliciosos. Claro, tal como en la vereda de enfrente, no hay aquí espacio para la auto-crítica y la revisión abierta, pública, pues en todo el arco de los extremos existen códigos de silencio que deben respetarse si no se quiere caer en la lista de los traidores. Somos prisioneros de silentes lealtades forzadas.

La vida, Dios, me puso en condiciones de conocer a estas personas, escuchar sus realidades y aconsejarlos en base al I Ching. Con algunos hicimos amistad, y pude constatar la plena convicción de sus actos de arrepentimiento. Así como he podido escuchar enfermizas posturas que aún hoy matarían a otros seres humanos solamente porque piensan distinto, o dan un halito de legitimidad a las desapariciones, a la tortura y el avasallamiento. He escuchado lo mismo bajo ópticas distintas: es entonces que en mí se ha afirmado profundamente la idea, la práctica y la doctrina de La Paz. No la paz de la no-guerra, sino La Paz cuan concepción de vida aplicable a todo plano, siempre partiendo de Uno Mismo.

Es en este contexto que sucede el episodio más increíble, como si los dioses rieran de las divisiones humanas: diez meses antes de que el General Pinochet fuese detenido en Londres, una periodista del diario La Época, ya desparecido, me realiza una entrevista de pronósticos sobre la política contingente, en base al I Ching. Un hecho aparece: el entonces Senador vitalicio estaría en medio de un evento internacional que conmovería a la opinión pública, y que éste no volvería a su sillón senatorial. Cuando el General es detenido en Londres los pasajes de aquellos pronósticos dieron la vuelta al mundo. Viejos colegas me llaman desde Italia para hacerme entrevistas y ofrecerme trabajo. La agencia Reuter lanza una serie de fotos y nuevos pronósticos que decían que la estadía del General sería más prolongada de lo que aquí en Chile se afirmaba. Vinieron los programas de televisión, las entrevistas en diarios de todo el país, un programa estable en la noche de Radio Cooperativa. Pero en medio de esa vorágine de fama fui contactado por la Fundación Augusto Pinochet y con mucha reserva se me solicitó una grabación, con la mirada del I Ching, que sería puesta en las manos del General para que él la escuchara. Así se hizo. La grabación se realizó y ésta llegó a manos de Augusto Pinochet. Todo lo que allí se dijo se constató, entre otras cosas se mencionaba el tiempo que duraría su detención, que no iría a España, que no moriría en el exilio, pero que no regresaría al Senado. Se aconsejaba un acto público de conciliación y perdón, que él realizó a su modo. Posteriormente hubo una serie de pequeños contactos con gente allegada al círculo del General, siempre por consultas con el I Ching, hasta que por consejo de la misma Sabiduría, yo opté por callar, retirarme y dar por terminada esa etapa.

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Hablar, tratar, aconsejar, enseñar y hasta relacionarme con personas que estuvieron en otro ángulo de la historia no cuestiona mis convicciones: porque el perdón que hacemos ante Dios nos da La Paz y la mesura para aceptar en misericordia a toda persona que requiera de nuestro Sacerdocio. Los seres humanos no se dividen entre izquierdistas y derechistas, sino que entre seres malos, malvados y corruptos, y seres nobles, buenos y rectos; la gran línea pasa entre La Verdad y la Mentira; y la frontera esencial se halla entre quienes viven en la Fe en Dios y quienes niegan o rechazan la Fe en Dios. El resto es una cuestión de coherencia, de opción de vida, de congruencia con lo que se proclama, grado de humildad o de soberbia para aplicar la Verdad de Dios. Por ejemplo: no se puede afirmar la Fe en Dios bajo las armas, la guerra, la justificación de la tortura, los muros, la hambruna, el oprobio, la violencia y el terror. La fe en Dios exige La Paz y El Amor cuan bases de sustento, pilares sin los cuales toda práctica de Fe resulta una tergiversación de la Verdad de Dios.

Precisamente, en la Fe en Dios no hay enemigos: porque si el mismo al cual me acusan de querer matar, en aquel atentado, me pide un consejo… yo, que nunca participé en dicho atentado, pero sí fui su opositor indiscutible… se lo doy con la esperanza de que ese gesto ayude a que este, mi país, por fin encuentre la vía de La Paz y la verdadera reconciliación. Se debe predicar con la acción y el ejemplo.

Hoy, en este Camino de Consagración, hay hermanos que fueron militares, los hay quienes fueron torturados por la seguridad del régimen militar, y sin embargo compartimos todos bajo la Fe que nos une. Dios está por sobre las divisiones humanas y mundanas. La política, llevada a sus extremos, es un medio odioso y perverso que aleja a los Hombres del Sentido de la Vida que Dios ha ordenado para los Hombres.

Una reflexión definitoria

Hallándome en la celda, ya en la noche del día 18 de mayo, en el cuartel de la Policía de Investigaciones en Independencia, tuve una visión y una reflexión profunda: vi y pasó ante mí una serie de militares que hoy son acusados de violación a los derechos humanos, y que en la fecha de los hechos tenían 23, 26, 30 años. Yo fui detenido por un evento acaecido hace 22 años, y que concierne a una etapa de mi vida de apenas tres años. Estando detenido me sentí arrasado en mi dignidad, sentía que algo no está bien en este Chile de hoy ¿cómo una causa tan vieja, de una parte de la historia absolutamente superada, está aún abierta, vigente y actuante? Pensé en ese joven oficial de 26 o 30 años que en las circunstancias de la historia, que él no eligió, hallándose bajo obediencia militar, debió disparar en contra de otro joven inerme y preso, o tuvo que observar como los cuerpos eran echados al mar, o supo de que en tal cuartel se torturaba, o que de algún modo debió asistir a sesiones de martirio de los prisioneros… y debía hacerlo: de otro modo o lo mataban a él, o lo encarcelaban bajo acusación de traición… Y luego siguió su carrera, ya sin participar en casos como aquellos, y en democracia es ahora un Coronel, un General, o un Mayor retirado, ya viejo, con nietos… y es detenido por esos lejanos episodios, y su nombre es puesto en la palestra de los medios, y aparece en los noticiero cuan delincuente, esposado y escoltado… ¿Alguien preguntó al hombre su grado de reflexión crítica ante esos hechos pasados? ¿Alguien se ocupa de ver y buscar al Ser Humano? Porque podrían estar acusando justamente a uno que en su intimidad y en sus círculos pudiera ser un convencido crítico a los hechos de violaciones, y un militar convencido de la democracia lograda. Pero a nadie le importa si cree en Dios o es buen padre de familia, o si ha tenido arrepentimiento… no interesa que haya sido obligado y que de no obedecer estaría muerto… como si la historia no nos perteneciera a todos, a Chile entero, a toda la generación de los 70 y 80, a todos los que tenemos algo de cariño por este país… No, es como si un grupo díscolo y zafado de la realidad se puso a matar gente sin un sentido, sin causa, sin nada que los obligara o justificara, sin razones sociales, así, locos disparando a matar. La verdad no es esa: todos fuimos presos y guardianes, víctimas y victimarios de y en esta historia nuestra; todos estábamos obligados a tomar posición en un tiempo radical, extremo, en donde el mundo se hallaba dividido entre el fantasma comunista y la salida violenta del fascismo; en donde o se era de izquierda, y toda izquierda era radical, o se era de derecha, y toda derecha era extrema. En la situación única del gobierno de Salvador Allende, no común, absolutamente extraordinario en el mundo, y en los tiempos más acérrimos de la lucha entre dos grandes potencias y modelos, se produce la mayor confrontación política y social de la historia de este país: los ojos del mundo estaban volcados hacia Chile, las grandes potencias se jugaban sus cartas en este país pequeño, la realidad era más grande que nuestra capacidad de darnos cuenta del papel que estábamos entonces jugando. ¿Alguien puede decir que hallándose en medio de ese periodo histórico, tenía una visión distinta, una salida diversa o una propuesta alternativa? No nos mintamos: las cosas fueron, y eran, lo que fueron.

Yo fui militante de la izquierda, y como todo militante activo sabíamos que llegaría el día en que o ‘ellos’ nos mataban, o ‘nosotros’ les matábamos. Así era la realidad. Y de alguna forma tanto la derecha como la izquierda se preparaba para derramar sangre ¿Alguien puede desmentir eso? Sabíamos que de llegar a la confrontación ésta sería sumamente sangrienta. Había sectores en la izquierda que deseaban invadir los barrios ricos para barrer con el mayor número de vidas. Y sabíamos que se preparaba una arremetida en contra de los barrios populares para masacrar a la gente que apoyaba al gobierno de Allende. ¿Si la izquierda hubiese dado un golpe armado… alguien puede creer que no se habría producido una secuela de muertes y venganzas en todo el país? Colocándose en los días del año 1973, esos que yo viví, como muchos de mi generación, y hallándome en una de las trincheras, puedo aseverar que cualquier salida armada, de cualquier lado político, habría sido, como lo fue, una prolongada era de sangre y violación a los derechos humanos. Porque si una persona de derecha me dice que lo sucedido fue una ‘escapada’ de los militares… o un político de izquierda hoy me dijese que ‘jamás la izquierda habría matado y violado los derechos’ de quienes en ese tiempo eran enemigos irreconciliables… mi respuesta es que son grandes hipócritas y tremendos mentirosos. La realidad de 1973 y los efectos posteriores no podían escribir otra historia, en cuanto a violencia, muerte y oprobio, de aquella que ya se escribió. Pudo ser copiada con la mano izquierda y sangre derechista, y fue rayada con mano derecha y sangre izquierdista.

La verdad es que no podemos mirar la realidad de hace 36 años y medirla con los parangones del año 2009. La historia la hicimos todos. El odio en ese entonces nos invadió a todos. La necesidad de poner fin a las contradicciones por la vía de la confrontación nos tenía a todos embelesados. No escondamos la cabeza en la arena. Cualquier salida armada, golpe con militares involucrados, sea de izquierda o derecha, habría culminado en derramamiento de sangre y violación a los derechos de las personas. No digo que es ‘más’ si es de derecha, o ‘‘menos’ si es de izquierda. La condición del país en esos años no garantizaba una salida pacífica y tranquila.

Vuelvo a la imagen del joven oficial que debe obedecer… y lo comparo conmigo, a mis 20 años, que de haber tenido un arma en septiembre de 1973 no habría dudado en usarla. Y si yo mismo, en ese año del golpe de Estado, hubiese tenido, hipotéticamente, bajo el caño a un miembro de Patria y Libertad, y mi jefe me ordenara matarlo: ¿no lo habría hecho? Y si me negara ¿me habrían dejado vivir a mí? Entonces pienso: ¿qué justicia es aquella que encarcela, enjuicia o expone a escarnio público a un hombre que realizó actos en el contexto de la historia, amarrado a condiciones políticas que no dependen de su voluntad, según el papel que le tocó vivir, bajo una realidad que involucraba a todo el país, a toda la sociedad? ¿Qué se busca al acusar a un policía por haber asistido de vista a una sesión de tortura de un prisionero? Condenamos la tortura como un acto abominable e injustificable, y seguimos sabiendo que la tortura hace parte de las prácticas en grandes ejércitos, como el norteamericano, y lo usan las FARC con el aborrecible secuestro de personas en la jungla.

Cuando la tortura es política de Estado, es el Estado el culpable, y lo son quienes entonces fijan las reglas del Estado. Vuelvo a preguntar ¿Cuál es la justicia al llevar ante tribunales a quienes en su momento fueron jóvenes oficiales bajo obediencia militar, en un Estado de terror y represión sistemática?

Los juicios, cuando las políticas de violación a los derechos fundamentales emanan de las altas esferas del Estado, son (y deben hacerse) contra quienes en su tiempo han tenido y tuvieron las decisiones y estipularon las leyes y dieron las órdenes. Ese juicio, de alguna forma, ya fue hecho en Chile, quizás no al modo de Núremberg, pero ha quedado establecida la condena Moral sobre las autoridades del Estado bajo el régimen del General Pinochet, y algunos de los miembros más connotados de la represión o están actualmente en la cárcel o han pasado por esta. ¿No cabría, a este punto poner fin a la venganza sobre quién en su momento vistió un uniforme y actúo según condiciones políticas e históricas que no son su responsabilidad individual, y sobre las cuales no tenía alternativa alguna? ¿No es el momento de borrar de los archivos policiales a cientos de opositores al antiguo régimen y que aún hoy se encuentran bajo la tipificación de ‘terroristas’? ¿No cabe aquí un acto valiente y democrático y decretar un final, definitivo, sobre todo juicio que esté relacionado con la situación política bajo el régimen militar… tanto de militares como de opositores? Porque somos hipócritas al aceptar a quienes se enriquecieron bajo la carencia de derechos, y mucho ganaron por vías turbias, y hoy son políticos y amigos, pero sí condenamos y perseguimos al uniformado que de algún modo es también una víctima de la historia. Y somos hipócritas aceptando al entonces subsecretario del gobierno de Pinochet, al Almirante bajo gobierno militar, y no cuestionamos su legitimo derecho a ser senador o diputado, pero sí justificamos, o lo que es más grave… callamos, omitimos, nos desentendemos… del militar ya retirado y muchas veces anciano que ve toda su vida destruida por una acusación añeja de treinta años. ¡Por Dios… hay un ser humano allí! ¿No es esta una violación elemental al derecho de la persona? ¿No se violó mi calidad de persona al detenerme por un acto acaecido hace 22 años? ¿Quién se hace responsable de la degradación que sufre el ser humano al ser engrillado y trasladado a una posta de Pudahuel para verificar lesiones y, como a mí sucedió, ser tratado con desprecio por el médico colombiano que me atendió? Entonces pienso en ese militar ya anciano que ve toda su vida agredida por causas que luego son descartadas, pero que dan la vuelta por los medios de comunicación y dejan un daño perenne que denigra al ser humano. Si queremos tratar asuntos de ‘derechos humanos’, entonces hablemos y tratemos al Ser Humano en su dignidad antes que usar los derechos humanos como un instrumento político que reemplaza vacíos institucionales derivados del actual sistema binominal.

No. no sigamos con esta hipocresía nefasta, con esta mentira, con esta omisión canalla y cobarde: hoy, el año 2009, debe haber un fin a todo juicio de militares, y lo debe haber en todo juicio de quienes participamos en la oposición al régimen militar. Debe borrarse de todo expediente policial a quienes aún hoy aparecemos como terroristas. No es posible que se siga persiguiendo judicialmente a las personas por eventos de hace 30, o 20 años atrás. Es una violación a los derechos humanos el exponer a un anciano, a un hombre maduro, ya retirado, a la exposición pública y el encarcelamiento. No es posible, es un anacronismo reaccionario seguir con esta falsedad de la ‘justicia’ que mira a perseguir y violentar la vida de personas que pueden haber cambiado, y que en muchos aspectos no son los autores directos y dirigentes del estado de cosas que imperó en los años de dictadura. Todos tenemos derecho a cambiar, a corregir y enmendar.

Hallándome en esa celda, no obtuve el apoyo rápido y expedito de quienes debieron ayudarme y socorrerme: los organismos de derechos humanos. Nadie corrió, y el abogado nombrado por el organismo de asistencia judicial me llamó dos veces y siempre con noticias atrasadas y sin valor. Al final el abogado que sí me ayudó provino de un contacto personal y estuvo diligente a mi lado debido a un deber moral que él mismo se ha puesto sobre su profesión. Es decir: los valores en el Ser Humano van más allá de las instituciones que llevan nombres de derechos humanos. Si hubiese sido por estos estamentos: yo estaría todavía enredado en este caso de hace 22 años. Conclusión: son organismos políticos, creados con fines políticos, y son el espacio de compensación que el gobierno les ha concedido por su exclusión política. La derecha debiera ser más inteligente: el día que termine el sistema binominal todo el andamiaje actual de DDHH caerá en desuso. Y amarrados por este sistema de exclusión el gobierno no puede poner fin a los juicios contra militares: porque perdería ese porcentaje de apoyo electoral que tanto sirve en las segundas vueltas presidenciables. ¿Derechos Humanos? Procesos como los del atentado a Pinochet siguen abiertos, y habrán quienes se encarguen de mantenerlos vigentes, como contramedida ante los juicios a militares. La venganza política es denigrante y rebaja la inteligencia de los políticos de nuestro país.

Efectos inesperados

El Ministro Solís decretó mi libertad incondicional por falta de mérito. Para llegar a eso oré intensamente en mi celda, la noche anterior, y pacté con el Dios Vivo que si Él iluminaba el Discernimiento del Sr. Ministro yo ya no callaría ante injusticia alguna y me comprometería con La Paz real en el seno de la sociedad de mi país. Y como sacerdote no miro a izquierda o derecha: sino al Hombre en su dignidad y plenos derechos.

Oré y pedí a mi Dios Vivo que no me dejara ir a la cárcel, en algún recinto de gendarmería: al llegar a las puertas de la cárcel de San Miguel no fui recibido por el paro del gremio, pero el funcionario de policía hizo todo lo posible para que me admitieran, y un muro se alzó ante esa posibilidad. Dios cumplió, y yo pacté con el Dios Justo que sembraría este Camino de Consagración por todo el Continente, por cada país de América.

Y otros sacrificios me pidió Dios estando en la celda: y como servidor obediente del Dios Vivo acepté lo que Él me pidió para mi purificación; y de mi parte Ofrendé aspectos que significan esfuerzos para mí, y Él los aceptó.

Pero debo declarar algo que es el mayor estremecimiento que viví bajo esta experiencia: la noche antes de viajar a Santiago, hallándome solo en el hotel, aún despierto, fui asaltado por un ser oscuro que me tomó por la espalda y paralizó completamente mi cuerpo. Mi corazón parecía enloquecer, y apartando la sorpresa pude serenarme y Orar como Cristo enseña a sus sacerdotes, y me liberé de esta pesadilla. Luego he sabido que ese mismo día mi hijo escucho cuatro veces una voz que lo llamaba por su nombre como pidiendo auxilio. Su madre y él escrutaron a La Sabiduría y obtuvieron las respuestas con aquello que pasaría horas más tarde, pero en ese momento no lo entendieron, pero al acaecer los eventos todo fue claro, y estaba allí escrito. En el avión, ya de camino a la capital, sin razón aparente, me puse a pensar en la Misión Bolivia y la posibilidad de apertura en Ecuador, y me di cuenta, como nunca antes, que la situación de mi pasado me tenía prisionero, no podía viajar o no estaba seguro del real contexto, pues yo no sabía que había una orden de detención en mi contra, pero sí sabía que había sido involucrado en el atentado al General, pero tampoco sabía si dicho proceso se hallaba abierto o había expirado. Entonces pregunté a Dios ¿hasta cuándo voy a estar preso de este pasado que ya entregué y que no debiera gobernar mi vida actual? Al llegar al aeropuerto me esperaba la respuesta.

Al inicio no me sorprendí, algo adentro de mí dijo: ¡por fin! Pero hubo un momento en el cual viví algo que nunca antes viví: hallándome en espera de ser llamado por segunda vez por el Sr. Ministro, bajo el ojo vigilante de un joven gendarme, sentí la necesidad de realizar una ‘Ministración Sacerdotal’: un poder del Sacerdocio que garantiza la intervención directa del Reino de Dios sobre una situación, y hallándose uno en el proceso de Oración puede ver el verdadero estado en el cual se halla el caso. Ahora bien, al abrir la Ministración Sacerdotal vi al Sr. Ministro de la Corte como un hombre esencialmente recto, pero sin que él lo supiera una fuerza oscura, espiritual y sobre-natural, de la cual él no era consciente, lo rodeaba para provocar en él la duda sobre mi persona. Nunca antes tuve esta vivencia: la Ministración cesó y dudé… y esta fuerza oscura pudo más que mi fortaleza. Tuve miedo. Jamás había sentido temor: miedo a que el Padre hubiese decretado el alejamiento del Poder del Espíritu Santo en mi Sacerdocio, miedo a ser echado fuera del Orden del Sacerdocio y sus poderes, porque este Sacerdocio es celestial, espiritual, no institucional, ni de jefaturas humanas; fui presa del temor y todo mi cuerpo comenzó a temblar. Una Ministración Sacerdotal puede hacerse por tres veces en un caso, nunca más de tres veces. Pero en todos los años de Sacerdocio jamás tuve necesidad de hacer dos veces un acto de esta envergadura. Sin embargo, por primera vez, sentí que mi Espíritu era más débil que el poder de lo tenebroso. Los efectos para mi realidad concreta pudieron ser que culminaría por varios días en la cárcel acusado por algo que nunca hice, y finalmente hubiese salido en libertad… pero el tema principal aquí ya no era cuánto tiempo estaría enredado en este mal entendido judicial, sino que mi Sacerdocio habría mostrado, por primera vez, una trizadura: ese era mi terror… Dudé de mí. Entonces Oré y dije al Dios que siempre me escucha: ‘Padre, soy yo el derrotado, no tú, no tus poderes reales, no la fuerza del Espíritu Santo; y si yo soy abandonado por ti, no me dejes un día más en este mundo y haz que la muerte me tome y sea yo juzgado ante tu Alto Tribunal’. Entonces hice la segunda intervención del acto de Ministración y todo fue distinto: pude echar la fuerza tenebrosa y vi el interior del ser humano, y supe que el Sr. Ministro es un hombre bueno y sensible. Eso vi. Pero yo estaba muy cansado: me dolía la cabeza, me sentía ahogado. Hice el tercer acto y todo fue claro. Entonces eché la cabeza hacia atrás con mucho dolor, y sin que yo me diera cuenta se para ante mí el policía de la PDI que me recibió en la Corte: -‘¿Cómo se siente?’- Cómo quiere Ud… respondí. -‘Le va a ir bien… no se preocupe’- Y se marchó. Dios me respondía. Miré la cara del gendarme que me vigilaba y su rostro estaba fijo por mi recogimiento, sus ojos eran inocentes: era un hombre bueno.

En la segunda ronda de interrogación el Ministro estaba afable, firme pero amable. Redactado mis descargos sobre la añeja involucración extra-judicial, sacada a Marcial con escabrozos métodos, el Sr. Ministro decreta mi libertad.

¡Ese miedo, esa duda…! Nunca había sentido eso. La noche de mi liberación quise quedarme en casa de mi hermano Gonzalo, mi cabeza estaba aún dolida y palpitante. Soñé que lloraba, lloraba mucho, como niño, y venía la túnica suave de Dios y yo la tomaba fuerte y decía: ‘Padre, tuve miedo de perderte, vi el abismo a mis pies, sentí que me diluía en la miseria… ¿Por qué?’ Y lloraba. Entonces Dios me habló: ‘Nunca te he dejado, nunca te abandonaré… pero debías ver los abismos y sentir debilidad porque haz pecado de seguridad y ya no pones espíritu en el poder que te he entregado… Dejas que otros hagan, y esperas que otros aprendan… y ellos esperan que tú hagas y esperan que tú ordenes… Ahora estás libre de todo nudo… quiero que seas severo en la Mayordomía que no te he quitado ni te quitaré, pero ahora sabes que tu fortaleza está en Mi, y nada puede permanecer atado sin que Yo lo desate. Dices ‘miedo’… dices ‘dudas’… ni miedo ni dudad: temor de Amor, porque si no me amaras no habrías temido ni sentido debilidad.’ Y desperté llorando, y algo pesado salió de mi cabeza y me dormí.

Al día siguiente, el día 20, pude estar con los míos y abrecé fuerte a mi hijo amado. El 21 de Mayo bauticé a tres personas y sentí el Espíritu más fuerte que antes, como nunca antes.

Y ahora…

Ahora me dispongo a cumplir con lo pactado con Dios en esas horas de prueba. Esta página personal la subo justamente con ese propósito: hablar abierta y sinceramente de todo lo que nos atañe como miembros de esta sociedad y seres humanos habitando en este mundo. También dispondré de un Facebook en donde propongo constituir Círculos de Sabiduría. Trabajaré para activar y enriquecer la actual pagina http://www.iching.cl y seguiré dirigiendo la Revista Virtual “El Gran Fundamento”, solamente que en este último caso me desligaré de las tareas de redacción y edición, en modo que el Sacerdocio tome mayor protagonismo en ese medio de la Dispensación de Paz.

En la medida que las condiciones adecuadas se vayan dando, con las Gracias a Dios, es mi firme decisión el dirigirme a las principales ciudades de Chile tanto con la Enseñanza de Sabiduría como con la propuesta de la Consagración Crística. Terminando los trámites pendientes que aún quedan por subsanar, y una vez que las autoridades me concedan pasaporte, me dirigiré a los países en donde esta Siembra ha despertado, y a otros de nuestra América que han sido señalados por nuestro Dios Vivo.

Lo más importante: desde esta prueba y cierre con las trabas del pasado, es mi resolución más íntima no fallar a Dios en su confianza, y no temer a la crítica y calificaciones de los Hombres ante la verdad de Dios que proclamamos y la doctrina de Paz que enseñamos.

Nunca he construido mi sacerdocio sobre la mentira, y menos sobre mi pasado muerto: eso sería demoníaco. Desde que fui ungido por los oleos sacramentales he alzado esta Mayordomía, entregada por Cristo en mis manos, sobre lo nuevo, lo vivo y la verdad. Si para cumplir plenamente con los planes del Reino debía pasar por esta detención, lucha interna y zozobra… bien. Ahora no queda más que hacer la parte que a mí toca, y nunca caer del amor que guardo por Nuestro Dios Vivo y Victorioso.

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Written by Edición GF

mayo 20, 2009 a 12:03 am

Publicado en Uncategorized

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