El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

¿Marcha por la Paz? o Nuestra Paz en Marcha

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Una vez más se llama, en estos días,  a una gran marcha por la paz en el mundo.

 Cuando los misiles soviéticos apuntaban directamente sobre Europa, desde el mismo corazón continental, en la antigua RDA, marchábamos por todo el mundo, llegando a protagonizar el evento por la Paz más masivo nunca visto: corrían los años 1977, 1979. Entonces marché desde Florencia a Bolonia, y un poema de mi autoría fue escrito en un mural a la entrada de la ciudad del norte de Italia.

Quizás era necesario. Sobre todo en aquellos tiempos previos a tantos cambios; tal vez dichos desfiles pudieron sembrar algo en la conciencia de quienes más tarde botaron el muro de Berlín. No lo sé.  Lo más probable es que la historia igual se escribiría como lo hizo sin aquellos miles de jóvenes por las calles de Roma, Ámsterdam, Paris y Berlín. Porque la madre de todas las marchas fue precisamente en Roma, y al final, curiosamente, terminamos corriendo por las laberínticas callejuelas de la ciudad eterna debido a los gases de la policía.

Con menos romanticismo, y desde un rincón de los andes, siento y creo que en los albores de este siglo, cuando creímos en pasado que estaríamos entrando en la mayor época de paz y cultura en la historia de la humanidad no apenas iniciáramos el Dos Mil, soy escéptico sobre la repercusión real de estas marchas por la paz, sobre todo cuando en todos los años anteriores nunca logramos, como generación, proponer una política amplia, transversal y profunda de paz: entonces sí había peligro de holocausto nuclear, y hoy hay un gran peligro de disgregación y atomización de la guerra, que es peor aún porque no tiene una sola identidad, causa, razón, interpretes y formas.

Plantear hoy como base de la paz el  desarme,  así como postular a sociedad sin fuerzas armadas, es una utopía, un idealismo que no va a la sustancia causal de la paz. Para entender de qué paz hablamos debemos precisar que la confrontación ‘paz-guerra’ es parcial, y en la realidad podemos hablar de ‘guerra- y no guerra’.  La paz es mucho más que ‘no guerra’. Tanto el desarme como la ‘no- guerra’ son efectos, consecuencias, y la Causa de la Paz debiera hallarse en una política global de Paz.

Para que la Paz constituya una forma política de proponer un modelo de sociedad, debemos alcanzar en detalle- por ejemplo-  una política de Educación basada en los Valores de la Paz, y eso incluye amplitud democrática en los planes de enseñanza, igualdad de derecho para toda persona, sin discriminación, educación gratis, diversidad de Escuelas de Oficios, Arte, Deporte y re-dimensión de la sobre valorización comercial de las universidades y re-composición de sus valores académicos. Eso conlleva a un cambio sustancial: que el mercado sea una de las variantes para definir  tendencias en el estudio de los jóvenes, pero no la única y nunca el exclusivo. Entonces una política de Paz obliga a diversificación del sistema económico, eliminando el predominio de lo privado y monopólico, ampliando la gama a los cooperativo, mixto, estatal; estableciendo además mecanismos de control independiente del gobierno que garanticen el balance en el ejercicio empresarial y comercial, evitando la especulación, el sobre precio, la usura, y el monopolio. La Paz exige garantizar la justicia.

La Paz debe estar a la base en el modo de concebir la ciudad, en cómo se alza un barrio y hasta en la forma y sentido de las casas que habitarán los ciudadanos. Vemos como hoy se concibe la casa de una familia pobre o media baja, y constatamos el modo en cómo se levanta barriadas hacinadas, sin servicios y carentes de sentido comunitario: eso atenta en contra de la paz del individuo, del núcleo y de toda la población, convirtiendo los nichos habitacionales en caldo de cultivo para la droga y la perversión. Proponer paz social en tales condiciones es algo burdo y ajeno.

La Paz debe ser y hacerse Cultura en un pueblo: como actitud, cuan modo de concebir las relaciones y solucionar los conflictos. Y cuando en un país se entiende por Cultura el folklore, algunas muestras de arte, y libros caros que pagan absurdos impuestos… entonces nunca nos entenderemos. No hay Cultura en un pueblo sin Valores. Y si algo ando muy extraviado entre nosotros, en América Latina, son justamente los Valores, y al decir esto en relación a la Cultura estamos hablando de romper con las herencias colonialistas de castas y privilegios rancios que nos dejaron los castizos e hipócritas colonizadores y aceptar nuestra condición de reales indígenas de América, no digo sólo indios, digo indígenas  para decir ‘naturales’ ‘oriundos’ ‘originarios’, es decir: Americanos, que incluye con orgullo a nuestros ancestros indios. Y no hablo de la instrumentalización que han hecho de este tema los partidarios de las revoluciones violentas,  o como lo están haciendo ciertos movimientos indigenistas –  pues se ha demostrado que tales corrientes usan un lenguaje americanista para imponer recetas tan viejas como raídas… como todo lo europeo que nos llegó a fines del siglo 19 y se practicó hasta su cansancio y caída en el siglo 20-  Tratamos aquí de una política de Paz basada en nuestra condición Americana. Y eso incluye a la religión: aún nos hallamos prisioneros de las formas eclesiásticas  europeas que nos amordazan el alma y aprisionan nuestro espíritu. Nunca fuimos formados, como niños en América, sobre la grandeza de las civilizaciones antiguas en nuestro continente; recién en Europa supe en detalle lo mucho que debemos aprender de los acontecimientos reales en nuestro Continente. Aún hoy somos ignorantes de nuestras raíces. Una Política de Paz debe partir por cimentar la Cultura de la gente según su verdad, su historia y su grandeza. Si eso no se hace: estamos siendo parias de una sub-cultura basada en la omisión, la falacia y el engaño. Y si luego agregamos los pseudo-valores del consumismo,  y ahora la ligereza de pensar como en un Chat y la costumbre de ‘hacer tareas por internet’, y pensar en clave virtual…vamos directo a un abismo.

Veo eso, analizo las cosas desde ese punto, sobre todo sintiendo que como Latino Americanos tenemos todo por decir y mucho que rescatar, y me digo: estas marchas por la Paz son tan genéricas, amorfas como inútiles, porque no poseen una base Cultural que los sustente, si acaso ideológicas, pero no proponen metas alcanzables o rescatar realidades postergadas, vivas y latentes. Pero un Movimiento por La Paz Americanista podría ser otra cosa, y podría valer la pena marchar más de una vez para crear conciencia sobre el valor de la Paz Americanista.  Pero nuca solo marchar: sino cambiar en lo personal y esmerarse por ser Hombres Dignos y Americanos, consolidando Valores que nos sean propios y superiores.

Habiendo hecho  una vida en Europa, recorrí América Latina, y justo en estos días, el único país que nunca visité lo descubriré ahora, desde el 31 de agosto: Bolivia.

Nunca olvido la profunda sensación que me causó recorrer mis raíces, luego de años de formación europea: algo así como un portento de riqueza cultural y de profunda fe que subyace como lava a punto de explotar. Por lo mismo, cuando el giro que provocó en mi existencia la Presencia Viva del Cristo Dios me condujo a misterios nunca develado, como la alta espiritualidad de civilizaciones poco conocidas y por mucho ignoradas, cuya cuna y silencio ha sido esta Tierra nuestra, no hice más que hundirme en la investigación sobre cada manifestación de nuestros antepasados. Con sorpresa primero, y con maravillosa constatación luego, supe y hoy sostengo que toda la herencia Superior proveniente de Asia y Oriente se concentró en nuestro Continente, y nunca ha sido aniquilado, sino acallado, quizás la misma fuerza espiritual de los antiguos sacerdotes ocasionaron e indujeron una Retirada para evitar que los avasalladores de Europa usurparan los secretos que Dios había depositado en ellos.

Quienes se extrañan y no creen posible que Cristo hable y determine Dispensación proveniente de Su Reino Celeste, porque se hallan amarrados a los cadalsos tradicionales impuestos por el sistema post-colonial, además niegan la ‘dignidad’ de nuestros pueblos como para ser receptores de la Ley de Dios… ¡eso está ‘reservado’ para Israel, para Europa, pero nunca para América! Pues de eso hablamos aquí: de la ignorancia que nos hace negar nuestra riqueza espiritual y no valora, por omisión, desconocimiento o postura de casta pestilente, la potencia espiritual que fue aquí mayor que en Europa, y hoy se Revela como la Nueva Tierra designada para irradiar la Nueva Ley de Vida para los Tiempos de Cambios que vivimos,  y que irá en aumento desde el año 2012. Bueno, así es: Cristo Dios se ha acercado al mundo aquí, en Tierra de América. Y es deber nuestro re-despertar con sumo respeto la memoria y los misterios de nuestros Ancestros, y escapar de los esquemas religiosos que se nos han impuesto. El viejo esquema nos coloca a un Cristo muerto en la cruz, y sobre esa culpa se nos ha esclavizado por años: el Cristo Vivo nos declara su Victoria en los Tres Días luego de su abandono del cuerpo de Jesús, y nos libera de toda atadura, proponiéndonos un Camino Espiritual para alcanzar al Padre. Ahora se nos revela que en los 40 días posteriores a la Victoria del Cristo Dios Él visitó a sus ‘otras ovejas’, ‘su otro redil’, la ‘Generación Santa’ las estirpes secretas de Abel y Set que emigraron a Tierra Americana. Sí, el Cristo Dios reservó lo mejor de la generación de Abel y Set aquí, en nuestro continente. En tanto, la guerrea y violenta generación Cainita perduró en el resto del planeta. También aquí, en América, el Cainita sanguinario invadió y sometió los Reinos del Sol, y entonces fue que las Civilizaciones Santas se Retiraron del Mundo, para reaparecer en este Tiempo. Ahora bien el Cristo Vivo es el Dios de nuestros Ancestros.

Volvamos a la Paz Americanista: nuestra Paz tiene un sentido profundo de rescate y revivificación de los misterios espirituales que sostuvieron grandes civilizaciones hasta hoy desconocidas y que han comenzado a mostrar sus señales desde el polvo. Somos la generación de Abel, Set, Enoc, y nuestras raíces se hallan en los Santos y Sabios de Oriente y Asia que anclaron aquí lo mejor de sus virtudes. Hablamos de una Paz antigua, profunda, nuestra y altamente espiritual. Eso quiero significar cuando afirmo que la paz del desarme y de la ideología no es Causal, sino instrumental, y que La Causa para nosotros debe ser: VOLVER a la Paz de nuestras raíces espirituales con una mirada de futuro.  Hablemos de eso, investiguemos en tal sentido, aceptemos la ‘otra realidad’ que hoy se nos muestra desde el Misterio de Dios.

 

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Written by Edición GF

agosto 15, 2009 a 4:47 am

Publicado en Uncategorized

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