El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

Palimpsesto. ‘Donde descansa el Guanaco’

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‘Donde descansa el Guanaco’ podría ser la traducción libre más cercana al significado de Tiwanaku, sin embargo en la historia y memoria de quienes aún conservan este misterioso lugar como un Lugar Santo, dicen que su nombre proviene del mítico reinado de Taykanamo.

 
 

Altar de las ofrendas

Hace unos meses apenas las cofradías chamanes proclamaban ante la ‘puerta del sol’ (nombre dado por los arqueólogos) al ‘defensor de la madre Tierra’, el presidente de Bolivia Evo Morales. Las cenizas de aquella ceremonia, en el altar detrás de la así llamada ‘figura de Ponce’ aún estaban tibias, los restos de madera e incienso daban testimonio silenciosos de los rituales que en dicho lugar han retomado vigencia y permanencia. Mi presencia en este sitio ritual no era por razones turísticas, como sí lo era la del grupo de extranjeros europeos que gritaban y jugaban en los orificios en los muros del templo de los ancestros. Me sentí violentado ante la estupidez de la ignorancia que representaba este grupo de personas que profanaban, para ellos… la excéntrica plaza que luego mostrarían con la misma mofa a sus amigos en el viejo continente.

“consulté al Oráculo y fui llamado a presentarme… “ 

 

Ciudad de La Paz desde camino que la une a Ciudad del Alto

Fue mi segundo viaje a La Paz. Esta vez mi cuerpo se adaptó de inmediato a la presión de la altura; y de todo lo planificado, solamente este inicio de la peregrinación (que me llevará hasta los rincones más alejados donde el antiguo sacerdocio de los Santos y Sabios en América implantó la semilla del futuro -que es ahora, en este tiempo, en nuestros días-) resultó del todo y sin contra tiempos. La fecha que arrojaba el Oráculo para que visitara el Lugar de los Ancestros era el 26 de Marzo. Al instalarme en La Paz y verificar que de lo mucho por hacer poco se estaba concretando, consulté al Oráculo y fui llamado a presentarme en el Lugar Santo el día 24 de Marzo. El día anterior apareció un taxista que no trabajaba para el hotel y con el cual acordé el viaje a Tiwanaku de ida y regreso por un precio inferior en relación a lo que otros cobraban por el mismo viaje.

 “vi en La Paz un Gran Espíritu que ha sido encarcelado por siglos…”  

 

Mercado indigena en Ciudad del Alto

Desde el centro de La Paz pasamos por las calles de Ciudad del Alto, un conglomerado urbano y semi-urbano en donde habita y trabaja la gran mayoría de la población indígena paceña. La Paz es una ciudad como cuncuna, rodeada de picos nevados cuya planicie va cayendo a la sierra tropical a los pocos kilómetros. Fascinante para uno que ha recorrido mucho de este planeta, contradictoria para quienes esperan un orden y estructura que esta ciudad no tiene; un reto a la mentalidad y actitud democrática de quienes deben compartir con formas culturales y costumbres diarias que en nada se asemejan al latino europeísta o imitador del estilo norte americano. Sin duda que mis años en Europa y mis visitas a parajes y pueblos con semejanzas a veces calcadas, como Nepal, y otros lugares harto diferente de aquel modo común tan sesgado de concebir la realidad de los humanos, me sacudió hace tiempo de miradas unilaterales y reservas histéricas que rayan en pareceres y opiniones xenófobas… ¡Gracias a Dios! Pues hay una riqueza que aprendí con mis amados hermanos budistas: mirar y ver siempre al interior y contenido de las personas y nunca quedar embaído de las apariencias y formas. Y aquello que como práctica de sabiduría adquirí en el budismo, se potenció y adquirió calidad de Virtud con la conquista del Gobierno del Espíritu que el Cristo Vivo indujo en mi persona. Aquello que vi en La Paz es un Gran Espíritu que ha sido encarcelado por siglos, y no hablo de conquista española o cristianismo inquisitivo del coloniaje, que es una cuerda más de la cadena, sino de una derrota anterior, espiritual, que puede tener espejos históricos, como los tiene, pero cuya realidad original fue y sigue siendo altamente espiritual, mística en el buen sentido, misteriosa ante los ojos racionales, profunda y real… para espanto de toda religión oficial.

“entre la orilla del tiempo pasado con la orilla del tiempo presente…”

Debo declararlo, porque la verdad es un ácido que pule y hace resplandecer al oro: me ha dolido escuchar de mis propias hermanas de Consagración tanto comentario superficial y tan poco espiritual sobre aquello que por algunos días vieron, sintieron y vivieron en la misma ciudad en la cual, bajo el Gobierno del Espíritu he visto, sentido y vivido…  todo lo contrario de lo banal y oscuro que puede captar quién no tiene ojos en su Espíritu. Entonces comprendí el desafío que Cristo nos plantea en este país, Bolivia, a nosotros como Sus Consagrados y Sacerdotes. Se requiere de una alta calidad espiritual para misionar y sembrar en un terreno pleno de supersticiones oficializadas y apoyadas por un catolicismo oportunista y manipulador. Se nos exige una mirada profunda hacia las raíces que claman por ser atendidas y liberadas. Se nos llama a unir el Misterio de hoy, que se nos entrega en nuestro Sacerdocio, con el Misterio de ayer, que obtuvo el primer Sacerdocio de nuestros Ancestros. Esta unicidad entre la orilla del tiempo pasado con la orilla del tiempo presente dejan en medio un doblez de creencias, influencias y rituales populares que por mucho tiempo ha servido a los Hombres, y no a Dios.

Hablo de una revolución cultural que desestructura la convivencia dicotómica que se ha establecido entre el chamanismo y el catolicismo en Bolivia, como en otros países de nuestra América. Hablo de una revolución espiritual que postula a recuperar lo puro de nuestros Ancestros y su unión con Dios, que es nuestro Dios, porque Dios es Uno. Hablo de una revolución personal que postula a la responsabilidad y opción no según conveniencias mundanas, sino según coherencia de Fe. Y es natural que toda revolución encuentre resistencias, porque el dominio instalado jamás desistirá de su poder alcanzado, y las fuerzas espirituales detrás de estos dominios lucharán su batalla para impedir que la Luz – Sol del Padre vuelva a brillar en Tierra Bendita. 

 

Calaveras de personas que buscaban parecer a sus dioses

Recorrí el museo de Tiwanaku entre muchos niños y niñas del colegio La Salle, que en ese momento pululaban entre los pasillos y vitrinas del lugar. Pude hurtar algunas imágenes con la pequeña digital que mi hijo me facilitó. Y de muchas, me llamó la atención la semejanza de no poca orfebrería con formas y simbologías chinas, idénticas a otras que me tocó ver en museos y muestras de la antigua China, y que ahora tenía ante mis ojos como arte e instrumento de los antiguos habitantes de Tiwanaku. Así también no pude quedar indiferente a las calaveras humanas con el cráneo extendido cuya explicación reza que… se esmeraban las madres de la antigüedad para que sus hijas e hijos se parecieran a los dioses, creyendo que de tal manera serían sabios y superiores. Pero mi objetivo no se hallaba en este interesante y abundante museo, sino en los terrenos en los cuales se encuentran los templos. Y hacia allá me dirigí.

La huella lleva a los turistas directamente hacia los centros ceremoniales principales; mi espíritu me sacó del itinerario común y comencé por las colinas más altas que han sido descubiertas de último, y sobre las cuales se halla un monolito solitario, y en la cima inmediata, enfrente, otros seis bloques. En la aislada piedra, lisa como mármol viejo, con formas que denunciaban que tenía objetivos que ahora no se entienden, proclamé mi Sacerdocio, el Nombre de Quién me envía, mi rango entre la Orden de los Ancestros, y el Nombre por el cual soy reconocido en los Cielos. Porque nada es solamente humano y carnal, y todo es en realidad espiritual y divino… siempre.

 

“fui escuchado… “

Obeliscos apartados, lugar en donde se abrió la misión espiritual

Una leve electricidad recorrió mi cuerpo, viejos y reconocidos síntomas vinieron a mí y fui invadido por aquellas energías que solamente quién entra en relación con Lo Macro sabe y sabrá identificar. Fui escuchado. La relación se abrió, y mis pies entraron a Tierras Ancestrales. Para la vista común, era un hombre blanco visitando un museo al aíre libre, y para la muchacha que hacía guardia en el lugar seguramente fui un extranjero excéntrico que no se comportaba como otros iguales. Lo cierto es que no despegó sus vigilantes ojos de mi persona. Bajé la pequeña pendiente y subí los pocos metros donde me esperaban los seis monolitos: en cada uno declaré el objetivo de mi estadía, y fui invitando a los Ancestros y sus tribus a que se plegaran al Plan de Dios que les ofrecía ascender hasta la Morada Celeste del Cristo del Temblor, el Dios de la Luz y del Trueno, el Cristo de Siempre.

 
 

Imagen femenina idéntica a figura budista que representa a Maitreya

Bajé hasta el primer Templo, el cual se halla unos metros en forma subterránea, rodeado de un muro perimetral perfecto en cuyas piedras se ven rostros diferentes, ninguno igual a otro. Me presento ante una figura femenina que tiene una enorme y sorprendente semejanza a las representaciones de Maitreya, la diosa budista. El rostro que tenía ante mis ojos, sus orejas largas y prominentes, no me hablaba de una imagen nativa, como las que ahora veo por todo lugar de Bolivia, sino que claramente veía y percibía una efigie universal que desde China, Nepal, en la jungla del Mekong, en las islas del pacífico, en Meso-América y ahora en Los Andes… es igual y es la misma. Y me dirigí a ella con respeto, pidiendo autorización para ejercer mi misión sacerdotal desde este Lugar Santo. Viví la acogida materna de un calor agradable y envolvente, como manta suave y cálida que me reconocía con alegría antigua y familiar. Fue una vivencia que me dio confianza. 

  

 

Tres obeliscos con simbología

Estuve ante tres pequeñas imágenes en forma de obelisco en cuya piedra se retractan caras, rostros y símbolos. No supe cómo dirigirme a ellos. Entonces vine a saber que estaban en el lugar equivocado, y que en realidad son parte de un conjunto de representaciones que no han sido aún halladas. Obviamente no adquirí esta información de un díptico, sino del Espíritu que siempre estuvo guiando mis pasos por este sitio ancestral. Luego recorrí el estupendo muro del Templo Principal por el exterior: al detenerme ante la figura del ‘Señor del Báculo’ y su séquito sacerdotal…  mi Ser ya no estuvo en este tiempo y espacio que me liga a este tiempo y espacio ‘presente’: caminé con sandalias por una tierra amarilla, espesa, de laderas amplias y piedras talladas con figuras, al mismo modo de las tres que antes vi y que me parecieron huérfanas y perdidas, y todo era más alto, más grande, brillante. Y la ‘puerta del Sol’ no se llamaba así… Pero entonces, sobre una piedra plana y lisa vi un libro: sus páginas eran de una tela fibrosa, y sus figuras estaban a colores, y los textos eran símbolos que podía leer e interpretar con natural facilidad. Pasé mis yemas por sus hojas y tenían como venas vegetales, y acaricié las pinturas y éstas se sentían duras, como superpuestas a la página; en medio tenían unas sogas de color gris entrelazadas como hilos de lana que aseguraban el grueso del libro. Su tamaño era tan extenso como la piedra plana sobre el cual se hallaba, de unos 60 centímetros de ancho, abierto, y de unos 70 centímetros de largo. Reconocí la historia que allí se contaba… Y ahora vive en mí aquel palimpsesto que debo exponer hoy, y que es tarea que debo cumplir por Convenio que Sellé con mis hermanos sacerdotes de los días antiguos.

El señor del báculo y su séquito sacerdotal

Antes de llegar a la escalinata de acceso hacia el centro del Templo principal – Kalassaaya- me llamó la atención una piedra del mismo tipo de las anteriores, con una clara figura femenina en acto devocional; esa imagen es la misma que otras de origen Indú en donde se retrata a Sivas en su danza de Creación. A ese punto mis pies no pisaban la materia, sino el universo espiritual que yace y permanece unido, y que los Hombres y sus religiones del mundo han separado mañosamente para propio usufructo y necesidad.

 

y sentí una llamado interior que me hizo presentarme ante la imagen…

Obelisco solitario con imagen similar a divinidad Indú

Entré al amplio patio para sentirme aterrizar con los dientes: allí estaban esos jóvenes y muchachas rubias estridentes paseándose como demonios blancos por los rincones sagrados mientras vociferaban por los orificios de los muros; pero no era todo, un guardia del lugar me seguía a cierta distancia, quizás muy curiosos por mi extraña forma de comportarme ante los monumentos y restos arqueológicos, que para mí no eran nada de eso… Entonces me aparté hasta el Señor del Báculo para esperar que todo se calmara… y sentí una llamado interior que me hizo presentarme ante la imagen del monolito llamado profanamente ‘El Fraile’. ‘Necesito silencio y soledad para culminar esta misión sacerdotal…’ Y antes que terminara mi plegaria el grupo de europeos se retira rápidamente… y el guardia se echa bajo una sombra y se queda dormido profundamente. Me presento entonces ante el altar de las Ofrendas, detrás de la figura del que para muchos representa al primer Sumo Sacerdote. Aún estaba temeroso de que llegaran turistas o que el guardia despertara: se hizo entonces un silencio evidente, y un pájaro del lugar cuyo canto es muy particular, y en el templo suena con un eco que lo hace del todo peculiar… me avisó que todo estaba bien, y que podía iniciar la parte más vital de esta misión trascendente.

 
 

al escribir este testimonio vuelvo a sentir aquello que quedó en mi interior… 

 

Rostro que se convirtió en imagen real

Luego de hacer Ofrenda me acerqué por detrás a la figura de piedra que representa al Sacerdocio Mayor de los Antiguos: hablé… y sentí su llamado. Me paré enfrente, declaré mi tarea, mi sacerdocio y mi nombre conocido en los Cielos… y al levantar mis ojos a la cara de la figura… no vi piedra, sino carne, ojos, sonrisa en los labios… y lloré, lloré, lloré al punto de no sostenerme en pie… y al escribir este testimonio vuelvo a sentir aquello que quedó en mi interior, y vuelvo a llorar. Y es que es tan íntimo, tan vívido y antiguo este sentimiento que aflora desde el Alma más luminosa… Siento tanta nostalgia, y vivo tanta compañía estando con ellos, como en la Montaña en donde este peregrinar se inició aquel 21 de Diciembre del año 1991. Vivo como un andariego cuya casa no pertenece a este mundo. Vengo y retorno… y cuando entro en estas altas instancias siento que estoy retornando a mi hogar, al lugar en donde me abriga el amor de los míos, a los cuales pertenezco, de donde vengo, de donde soy… entonces lloro al sentir esta intimidad tan arraigada que sale de todo mi ser… Y este hombre que me abraza y sonríe, que me alza y me lleva, como un padre, un viejo amigo, un entrañable hermano… un sacerdote que acoge a otro sacerdote.

 
 

Vista del Sumo sacerdote desde el altar de las Ofrendas

Así, llorando de alegría, como lanzando desde el Alma un alarido de espera y necesidad, mi Espíritu se impone y la serenidad, la paz que no es de este mundo, toma mi Ser y la Voz que no venía de la piedra, sino del Espíritu del que allí se representa, me dice que me gire y me ponga ante el Umbral (la puerta). Le doy la espalda a la figura y me pongo ante la Puerta: un calor inusitado y agradable toma todo mi cuerpo, un golpe de electricidad se acumula en mi coronario y baja abrupta por mi columna estremeciéndome, y llega al hueso sacro… y tiemblo todo. Luego veo una luz solar fuerte y clara que emana del Umbral, y la Voz que repite: ‘vagan por las orillas del abismo pero no han caído, ahora deben entrar por la Luz para pasar por el Umbral, y nada está fuera del cuerpo, sino que todo se halla preparado en la Virtud…’ Y vi los errores que nos podrían perder, y vi claramente aquello que nos restaurará en el Orden del Sacerdocio del Altísimo. Viví por una milésima de segundo, que es como cien años de Dios, el Tiempo en el cual nos hallamos como humanidad y las fuerzas que están en lucha sin que los Hombres sepan o quieran saber. Sé que no tenemos mucho tiempo cronológico para una siembra tan radical y profunda: pero es nuestra tarea cambiar cantidad por Calidad. Esto es asunto de Hombres Superiores, varones y mujeres que asuman Lo Superior del Espíritu y entren al directo Servicio, cuan Agentes, del Plan del Creador.

 

Puerta del sol, dando la espalda al Sumo Sacerdote

Cuando en pasado regresaba de la Montaña, luego de vivencias cercanas al Cristo de Sabiduría, el mundo me recibía con agresividad, y siempre quienes más cerca estaban de este camino parecían convertirse en mis verdugos. Ahora, viviendo aún este Cierre y últimos días de mi tarea con los Ancestros, vengo a encontrarme con pequeñeces pululando entre quienes, por Sello de Consagración, más elevados de las nimiedades de este mundo debieran hallarse. Hablo y exhorto… pero nada cambia. Y nada cambiará. Estamos bordeando los abismos, y el modo de que salgamos por fin hacia el Cielo ya está develado, y es una vía abierta para todo Ser de Buena Voluntad y Buena disponibilidad al Cambio.

Al retirarme del Lugar Santo el guardia dormía. Nadie vino a interrumpir. Aún el silencio reinaba… un mareo invadía mi cabeza. Mientras me acercaba a La Paz todo mi cuerpo comenzó a doler. Gran parte de mi Ser no venía conmigo. Encerrado en mi cuarto de hotel, oré y consulté al Oráculo: ‘Los Santos y Sabios se refugiaron en las montañas, en los bosques y en el desierto; otros cruzaron Los Umbrales y entraron al Cielo Anterior’ ‘Desde esa lejanía inaferrable, los Sabios alcanzaron la pureza absoluta, y los Santos el conocimiento del Espíritu’.

Más abajo sentencia el Oráculo: ‘De esta forma, con el mundo en tinieblas y los Santos y Sabios apartados y glorificándose, se cierra el Segundo Tiempo de la Gran Casa de la Madre’. 

 

Escalinata de ingreso a los Templos

Porque Madre no es una mujer sino un Orden cuyo reinado es La Tierra. Y Padre no es un varón, sino el Orden del Cielo que desciende hasta el Hombre en La Tierra. Y del Sacerdocio que obedece al Plan de la Orden se desprende la imagen de aquella Sacerdote que abrió el Camino, y es llamada de diversa manera a según del lenguaje de los Hombres. Y del Sacerdocio del Altísimo que obediente instaura los Misterios del Padre entre los Hombres sale la imagen del Primer Sacerdote que fue llamado Sol, por ser un Hombre lleno de Luz y Poder de Lo Alto. A la Madre se le llama Raíz, al Padre… Creador. Y el Hijo de ambos es El Verbo Dios, el Dios del Trueno y del Temblor, el Cristo Eterno. A ese Orden servimos hoy los Sacerdotes del Altísimo. Ahora es el Tiempo de los Hijos, y ayer fue el Día de los Padres: ahora Padres e Hijos nos unimos para entrar juntos en las últimas batallas… que no son al modo del mundo… Porque de cosas espirituales hablamos. 

 

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Written by Edición GF

abril 2, 2010 a 12:14 am

Publicado en Uncategorized

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