El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

La justicia farisea

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Justicia: acto que entrega y reparte a cada uno aquello que es de legítima pertenencia; Poder de Dios por el cual compensa cada cosa en número, peso y medida; divina autoridad que por ley natural castiga las culpas y compensa a la víctima; calificada una de las virtudes cardinales de la moral, junto a la verdad, que encierra la acción y concepto de la Suprema Justicia; el modo de proceder según razón y derecho; administración bajo un poder del Estado o de tribunal auténtico con el objeto de impartir equidad y hacer prevalecer el derecho aplicando sentencias que deben ser acatadas por el conjunto de la sociedad o grupo bajo tal jurisdicción. (Diccionario de la Real Lengua española)

No hay sentido de la Justicia en su esencia sin la verdad de los hechos puestos bajo el análisis y pleno conocimiento de quienes han sido víctimas, cuan compensación moral, y derechamente expuestos, los detalles de la aberración y el delito, ante el público y la sociedad toda. Bajo el estricto cristal del derecho, el o los acusados, tratándose de instituciones cuya jurisprudencia moral ha sido enarbolada por siglos, deben actuar y proceder sobre dos rieles de Justicia: el de los legítimos Tribunales del país en donde el delito se ha cometido, y el de jurisprudencia de la Conciencia Colectiva- la gente, la sociedad- y sobre todo de aquel segmento orgánico que cohabita bajo la misma institucionalidad de quienes delinquen y aberran.

Cuando una secuela de graves eventos delictuales se cotejan en forma tardía, y se descubre que tales atrocidades se han verificado a lo largo de muchos años, décadas, y en tanto tales males acaecían reinaba la omisión, la complicidad y un contorsionado sentido defensivo de lo corporativo… nos hallamos ante una figura tipificada en el derecho como ‘asociación para delinquir’. En Italia, y de esto los leguleyos vaticanos saben mucho, existe una palabra: Omertá, l’omertá, y se aplica a aquel silencio masivo que rodea los actos de la mafia… nadie ve, nadie escucha, nadie sabe. Pues bien, exactamente este fenómeno se ha producido largamente en los arzobispados y pasillos importantes de la institución católica.

La solución, para poner atajo a un escándalo galopante que no se detendrá, resultó ser una curita, en el sentido de parchecito, dirigida políticamente a unir filas entre los boquiabiertos creyentes de a píe y curitas, esta vez en sentido del simple sacerdote de parroquia, que requerían urgente una bocanada de oxigeno de confianza y sentido de ‘cuerpo’. Tal aliciente vino de una declaración oficial dirigida a la arquidiócesis de Irlanda firmada por el primado vaticano y cuya lectura obligada en la misa dominical quiso dar una línea de comportamiento y una lección de justicia a los desesperados afiliados eclesiásticos. Pero para no pocos miembros maduros y serios de la misma institución, y para la gran mayoría del mundo cristiano, y ante la vista y estupor de la gran masa de gente inteligente de este planeta, esta declaración resulta un panfleto político, una arenga interna, y jamás una postura apegada a Justicia y derecho. Desde el punto de vista del derecho, las palabras de dicho manifiesto son una declaración de culpabilidad institucional grave. Pero no olvidemos que el Vaticano es un Estado, y como todo Estado se halla inmerso en el Derecho Internacional, y bajo tal Derecho este Estado ha lesionado gravemente los derechos humanos de miles de inocentes y causado permanentes traumas a las familias. Es un crimen de Lesa Humanidad.

El Jefe del Estado Vaticano se rehace a la justicia secular, a los Tribunales de cada país, para castigar como delitos lo que es delito, pero en forma particular, personal y caso por caso. Pero para cualquier abogado con cinco dedos de frente y una buena formación académica esto que solicita y pretende el gobernante vaticano es violatorio del derecho, pues los delitos han contado con un entorno propicio que ha dado al infractor poder sobre sus víctimas, bajo uso de su autoridad institucional y supuestamente espiritual; hubo complicidad institucional; se entregaron directivas precisas para ocultar las aberraciones; se estableció una red de traslados y formas de hacer desaparecer al delincuente para su protección y reparo; se evitó y se creó todo tipo de tramas para impedir la acción de la justicia ante tales actos de graves violaciones y sodomización de infantes. Bastaría con estos datos de la causa para intervenir cualquier secta o institución, como Villa Baviera en pasado, aquí en Chile, y perseguir a los responsables y castigar a los cómplices. Un Estado democrático que concede personalidad jurídica y derechos públicos a una Entidad Religiosa no puede quedar al margen de la protección del Estado ante hechos que trasgreden la ley de forma sistemática y escandalosa, porque toda persona Jurídica se halla bajo exclusiva responsabilidad y control del Estado y sus órganos legales de defensa, y así también, en el caso de una institución-Estado, bajo la Jurisprudencia del Derecho Internacional. El primado vaticano pasó la tarea a los Tribunales… ahora la justicia de los Hombres debe actuar en todo Derecho y Razón.

La Justicia de Dios no se encuentra en manos de los Hombres, y es blasfemia aplicar, y aplicarse, justicia en nombre de la autoridad divina.

¿Cómo ha salido esta arista nefasta a la luz pública…y sigue reflotando como desperdicio de un naufragio…? De la misma iglesia católica. ¿Por acuerdo de deber moral de sus líderes mayores? No. Por acción de sectores no menores y por cierto con un porcentaje de peso directivo, como en Irlanda, que se han propuesto un cambio de fondo en un catolicismo anquilosado y apegado a sus propios vicios. Al interno de las cúpulas católicas impactó definitivamente la ‘rebelión’ de los obispos de Boston ante Juan Pablo Segundo, el gobernante anterior, los cuales no accedieron a las exigencias impelidas por la autoridad… bajo amenaza de escisión. De hecho, el arrepentimiento y el perdón, más los cambios que el primado de entonces pidió en una tensa reunión con la jefatura de Boston, jamás se acataron, y de parte del Vaticano no hubo respuesta, sino retirada y silencio. Pero en la realidad interna de la institución estos hechos detonaron la conciencia de aquellos que ahora están dispuestos a sacudir el polvo de los anaqueles secretos, y dar a conocer los delitos. Obviamente la buena intención de quienes seguirán sacando a la luz estos y otros hechos no busca la destrucción de la institución, sino por el contrario, es su honesto deseo que sea esta la iglesia que dice ser, y que definitivamente no es.

La justicia pretendida en el libelo papal no halla asidero en la doctrina Crística, pues sabemos, por ejemplo, que Ananías y Safira, en Hechos 5, mintieron, omitieron y ocultaron su real ofrenda ante Pedro…y ella debió cargar a su marido muerto en el acto (ojala no se tome este episodio como alegoría, sino cuan testimonio de la Justicia de Dios)

El perdón bajo la Fe Crística tiene su raíz en el arrepentimiento, el arrepentimiento posee su autenticidad en la razón de la verdad, que es Causal; y en el arrepentimiento y perdón debe haber plena aceptación no sólo de la culpa específica sino del conjunto de los hechos. Nuestro deber es perdonar, y nuestro derecho es exigir la verdad plena y el arrepentimiento Causal… y no hablamos aquí de aquel arrepentirse que sigue ocultando razones, causas y eventos que al final conforman el delito todo y no solamente parte de éste… esa decimal que convenientemente y por hechos consumados debe admitirse.

 

No tratamos en este caso de una institución deportiva ni de un club de amigos, nos hallamos aquí ante la mayor iglesia del cristianismo institucional, y con toda razón se aplica una regla del derecho: el delito no es abstracto o por encima de la calidad moral y de la responsabilidad social de quién lo comete. Es decir, no es igual, aunque el mal es el mismo, si una violación la lleva a cabo un psicópata suelto, a que la psicopatía sea una cadena de delitos encubiertos bajo la protección corporativa de una orgánica con autoridad moral e influencia en miles de personas. Equivale, para entender, a la calidad del terrorismo: uno es el terrorismo de un individuo, otro el de una organización para delinquir, y otro es el ‘terrorismo de Estado’, y este último es el más grave porque se supone que el Estado, como la iglesia católica, en este caso, debiera resguardar a sus miembros y funcionar como ejemplo moral para orden de su sociedad. ¿Existe la jurisprudencia que dicte antecedente sobre que miembros de un Estado puestos bajo la Justicia hayan sido exonerados en base a  la admisión de una porción de la culpa sin que toda la cadena de hechos haya sido aclarada, y que por fin tales violadores del derecho hayan sido dejados libres bajo el perdón de los Tribunales sin sentencia condenatoria o edicto de inocencia? Bueno, ahora el gobernante del Vaticano pretende una excepción del Derecho, aún apelando a los Tribunales y admitiendo omisión y delitos cometidos por sus miembros bajo los aleros de la institución.

El perdón de los pecadores y la severidad con el pecado, que se expresa en la misiva del jefe vaticano, es un alambicado subterfugio apostata que pretende salvar el barco institucional que se ha resquebrajado, pero sigue siendo apostasía, una más, que bajo un lenguaje cristológico  niega la esencia de Cristo, y con la palabra suave de los beatones implora a los Hombres para que no le abandonen. Pero hasta ahora jamás, por más que busquemos, hallaremos un análisis bajo el estricto apego de la Fe y de la coherencia con los Evangelios que vaya al fondo de estas aberraciones y sus ocultamientos organizados y sistemáticos. Porque de haber un escrutar de Fe honesto y de verdad humilde ante la Ley del Salvador, tendría esta iglesia que proclamar su propia caída, y en el mejor de los casos su propia restauración.  Sabemos que esa mirada y tales elaboraciones se están haciendo al interior de la iglesia católica, no en el Vaticano por cierto, pero sí en los círculos de importantes miembros de esta institución. Y veremos que estos lamentables hechos que la anestesia papal ha intentado calmar, seguirán su curso irremediable, y tendrán un efecto que dejará en ridículo a los fanáticos que un día alabaron la supuesta justicia  escrita en un oprobioso volante oficial, y tendrán que ocultar la cara ante el enjuiciamiento de sus propios hermanos y hermanas… En tanto, y por ahora, pueden seguir regocijándose en la inmoralidad de la justicia de los hipócritas.

Ricardo Andreé, Sacerdote bajo la Ley de JesúsCristo.

www.soyandariego.tk     www.dispensaciondepaz.tk      www.leydejesuscristo.com

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Written by Edición GF

abril 5, 2010 a 4:34 am

Publicado en Uncategorized

2 comentarios

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  1. Programa Septimo Día de Caracol Televisión de Colombia acerca de abusos sexuales cometidos por curas y que hoy se encuentran completamente IMPUNES.

    Natalia

    abril 10, 2010 at 6:26 pm

    • “Narra la historia del padre Oliver O’Grady, el más conocido pedófilo de la historia de la iglesia moderna. Depredador sexual compulsivo, carente de remordimientos, O’Grady usó su encanto y su autoridad como líder religioso para violar a docenas de niños de familias católicas por todo el norte de California durante más de 20 años.

      A pesar de los indicios y las quejas de varios feligreses, la jerarquía de la Iglesia urdió un elaborado plan para enmascarar sus delitos y desacreditar a sus acusadores mientras trasladaban al padre O’Grady de parroquia en parroquia. Unos documentos internos de la iglesia demuestran que violó y sodomizó con el pleno conocimiento de sus superiores.”

      Natalia

      abril 10, 2010 at 7:09 pm


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