El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

POLÍTICA Y RELIGIÓN

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Tres potentes cargas explosivas detonaron este jueves en el santuario sufi en la ciudad de Lahore, la segunda ciudad de Pakistán en importancia, dejando al menos 35 muertos. De acuerdo a las versiones oficiales, tres suicidas al parecer hicieron detonar los artefactos explosivos que llevaban adheridos a sus cuerpos en la entrada del templo. Este acto de violencia, se suma a la serie de atentados que ha sufrido esta ciudad en las últimas semanas.

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El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, calificó hoy de “troglodita” al cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas, y dijo que mientras manden “estos obispos” su gobierno se sentirá “bien alejado” de la jerarquía de la Iglesia.
En una intervención en el Parlamento venezolano, con motivo del aniversario de la Declaración de Independencia, Chávez llamó “indigno” al cardenal por “salir como un troglodita” a “meter miedo con el comunismo” y pidió al Nuncio Apostólico, presente en el hemiciclo, transmitirle un mensaje al Papa Benedicto XVI.

 

Política y Religión

Desde siempre, históricamente, la religión cuan nomenclatura del ejercicio del Poder político ha sido un elemento gemelo e intrínseco de los avatares y vaivenes de los hilos gubernamentales, sea directamente o también detrás del cortinaje palaciego, pero en ningún caso fuera de los intereses que mueve al mundo desde las sombras.

¿Es la política quién carcome con su ácido a la santa religión? ¿Es la religión quién se presta para blanquear lo corroído del arte mundano de la política? ¿Qué fue primero: la política o la religión?

La respuesta está escrita a lo largo de la historia humana: cara y sello del Poder son la política y la religión, mientras que el sustento de ambas es el factor económico y el predominio de la riqueza.

Mientras que la política presenta su ejercicio como algo noble, de servicio público y arte de gobernar, la religión ocupa la misma base con el agregado de que ejecuta su acción en nombre de una divinidad o Causa Superior. Ambas deben contar con una base de masa, conglomerados que ejerzan influencia en la sociedad y que vayan armando una red cultural de tradiciones, costumbres, creencias, valores propios y dogmas que al final irán envueltos en la ‘moral’ que se enarbolará a conveniencia. Ambas auto aniquilarán aquello que un día fue sagrado y tabú… si lo mismo se opone a sus objetivos coyunturales y concretos del momento.

Desde las religiones tradicionales han nacido los grandes movimientos políticos, fuertes núcleos de fanatismos ultras, e idealistas expresiones que al fundirse en la política militante se han desvanecido o convertido en su contrario. Más difícil es hallar movimientos religiosos que tengan raíz y origen en una idea u orgánica pensada exclusivamente para la política. Pero sí tenemos evidencias nefastas de ondas políticas como el nazismo, el comunismo y otros populismos sectarios que por años han funcionado como religión en torno a la adoración de un líder y sostenidos en ‘verdades inexorables’ y ‘dogmas infranqueables’.

Sociólogos y analistas, historiadores y visionarios pregonaron, quizás más con esperanza que con certeza, que entrando en el siglo 21 estos fenómenos de unión político-religioso se verían superados como parte de la pre-historia del ser humano. La realidad no solamente les desmiente, sino que asevera con hechos justamente lo contrario. Nunca antes habíamos asistido a tal atomización de la política mundial, y en toda fracción de este despedazamiento la religión es el corazón y alma de las partes en conflicto.

El mundo musulmán está fragmentado en decenas de interpretaciones del Corán, y sin embargo es su porción radical, violenta, aquella que más conoce el mundo occidental. Los tres atentados a los pacifistas Sufi en Paquistán, como otros entre Sunitas y Chiitas, nos muestran una realidad que debemos investigar y conocer, pues desde los centros de Poder de los Estados Unidos, Inglaterra y aliados se nos quiere hacer creer que nos hallamos ante una ‘guerra de civilizaciones’, tomando al cristianismo como un cuerpo sano, único y correcto, en contra de un demonio musulmán que bien representan los Talibanes y los velos en las sometidas mujeres árabes. Por su parte, bajo la misma sombra, el radicalismo musulmán declara que efectivamente se trata de una ‘guerra santa’ en contra de los infieles de occidente. En medio quedan los musulmanes pacíficos que se niegan a mezclar su Fe con la política, como los Sufi, y otros musulmanes que si bien han conjugado sus creencias con la política no participan del radicalismo fanático que tanto realce encuentra en los medios adictos a la teoría de la ‘guerra entre civilizaciones’. Y entre el cristianismo, que sería la civilización correcta y del futuro, moderna y justa, no hay grandes iglesias que proclamen su denuncia en contra de la absurda teoría de las civilizaciones en conflicto, sino más bien otorgan consentimiento con el silencio o bien apoyan en los hechos, o lo proclaman abiertamente. El ecumenismo del Vaticano ha sido siempre formal, jerárquico, político y mediático. La teoría y la buena intención de algunos que postularon a la unión de todas las religiones bajo una Religión Universal se ha visto destrozada por la realidad, pues equivaldría a conformar en política el Partido Único Mundial, y eso sí suena en política a nazismo trasnochado, o añoranza comunista al más viejo estilo bolchevique. Una religión única, bajo las condiciones y características de la Religión, equivaldría a una tiranía ideológica que por mucho es postulado del Anti Cristo.

Mientras que en Europa prohíben la Burka en el rostro a las mujeres musulmanas, también decretan que los crucifijos deben salir de las aulas oficiales, y esto es presentado como ejemplo de laicidad democrática. Y no es más que una desproporción: pues llevar un velo por creencia religiosa es una opción personal, mientras que imponer un símbolo religiosos en toda instancia del Estado es una imposición colectiva anti democrática. El criterio de no colgar logos de carácter ideológicos, religiosos o que atenten a la diversidad de la población debiera ser general, pero para que no sea hipócrita debiera acompañarse de un sistema democrático en la enseñanza de la historia de las religiones y de las religiones comparadas, en modo que realmente el joven opte en conciencia por su ideario… pero a tal apertura no llegamos, pues los intereses políticos aconsejan no ir tan a fondo en estos asuntos, pues las iglesias cristianas más influyentes no aceptarían esta libertad tan libre.

La enseñanza de ‘la religión’ en la malla escolar es fundamental para cimentar la base política de la sociedad que se quiere sostener y mantener: si el sistema político debe contar con amalgama Musulmana, o Cristiana, o Budista, o Hinduista, o Hebrea… debe inculcarse desde la escuela un sesgo de valores inducidos que cuadren y se acoplen al sistema político que se pretende mantener. Democratizar la enseñanza de la religión en las escuelas abriendo el conocimiento a las religiones, su historia, su filosofía y su visión de Dios… es sumamente peligroso para el Statu quo pues quitaría el piso a la supuesta homogeneidad de la sociedad, y tal ‘relativismo religioso’, al que tanto teme el vaticano y los clérigos de otras vertientes tradicionales, conllevaría a la caída de los ‘estados religiosos’ y quitaría a la política su terreno instrumental de siembra y alimentación.

Cuando el auto-proclamado ‘progresismo político’, o ‘ecologismo político’ evita tocar este tema, lo omite, no lo incluye en sus programas supuestamente futuristas y de gran prevención del porvenir, está demostrando ser parte de la vieja política con una careta moderna absolutamente utilitaria y mentirosa, es decir: política antigua, y además archi – probada. Porque la ruptura con los estamentos de poder religioso a través de las políticas del aborto libre, de los derechos de los homosexuales y el matrimonio entre personas del mismo género, al igual que quitar los símbolos de las escuelas y oficinas públicas o prohibir un velo… no son más que reacciones acráticas seudo-progresistas que no conmueven al sistema en su raíz, sino que entregan al mismo un aliento de libertad falsa cuyas cadenas siguen hallándose en la formación de los infantes, sea por sectarismo en la enseñanza, sea por omisión, sea por visión unilateral, sea por falsificación de la realidad.

Progresismo es lo contrario a cambios violentos, a la violencia como método y forma; y es la antítesis del conservadurismo en todas sus expresiones y fondo. Cuando se impone desde el Estado el aborto como en España se hace violencia, y cuando se atribuye el mismo valor de familia a una pareja del mismo sexo se irrumpe el sentido común de la naturaleza humana. Para enfrentar estos temas y hechos, la sociedad, y el Estado por consecuencia, debe entrar en ámbitos de cambios estructurales y mentales progresivos que sí se deben llevar a cabo, sí se deben enfrentar, sí se deben discutir, y sobre los cuales sí es deber legislar… pero en la gradualidad debe existir profundidad, consulta, referendo y consideraciones éticas que cuajen estos cambios en un surco realmente democrático. Esto quiere decir: enseñanza de la sexualidad en las escuelas; prevención masiva, abierta y permanente ligada a las formas e ideas de la educación sexual; re-educación de los padres y prevención familiar; nuevo código penal para prever, castigar y corregir conductas aberrantes; responsabilidad del Estado en embarazo de jóvenes (en cuanto seguridad y sostén económico) y misma responsabilidad en nacimientos de infantes no deseados, o enfermos, o en condiciones sociales efímeras y riesgosas. Pero claro, esto es caro, costoso, y coloca al Estado como principal tutor de las criaturas nacidas en condiciones excepcionales. Además, mientras más libre es la enseñanza, más amplio debe ser contenido, y eso conlleva a que al final obtengamos una sociedad pluri-religiosa, pluri-pensante y demasiado al tanto de sus derechos y deberes: eso lo hace ‘políticamente inconveniente’ y desaconsejable para toda idea religiosa que se quiera mantener siglos en el Poder. Y sobre el asunto de la homosexualidad, en el contexto de la educación sexual ligado a los derechos civiles, podemos llegar a entender y aceptar una opción sexual sin que ésta signifique establecer bases de Poder para el mundo homosexual, al punto que una calidad sexual se convierta en una forma política, e incluso en un modo de gobierno. Eso es reaccionario, pues toda reacción sectaria y unilateral que impone su retaliación política como un derecho no es progresista. Vamos en pos de la igualdad de género, de derechos y de deberes. Reconocer los derechos por años negados a una minoría nunca puede convertirse en ‘derecho de esa minoría a ejercer mando y mandato sobre otros’ bajo el pretexto que por años o siglos se le marginó de sus privilegios. Eso de que ‘la tortilla se vuelva y los pobres coman pan y los ricos mierda’… que cantaba el Quilapayún en los años 70… es reaccionario, para nada democrático, lejos de todo progresismo, y aunque parezca revolucionario es tremendamente conservador, pues girar el mismo sistema, quitando derechos y entregando privilegios al revés, es exactamente la misma moneda vista desde la otra cara.

Tratar el asunto de la Política y Religión es asunto serio y de verdadero progresismo, además de sentido de realidad, pues es precisamente la realidad en el mundo aquello que urge a tratar este asunto desde la raíz, y con valentía. Mucho me temo, que los progresistas en política y en religión no han llegado tan lejos, y no querrán ir tan a fondo… no vaya a ser que ellos mismos se vean desnudos ante la mezquindad de sus pequeños planes.

Hoy el arzobispado de Venezuela toma las banderas de la oposición ante la evidente falta de liderazgo democrático que realmente se oponga al socialismo de Chávez. Lo hace por una lectura política analizada en el Vaticano, de acuerdo a información de inteligencia que bien y tanto maneja el Estado Pontificio: la debilidad, separación y falta de cohesión de la oposición no violenta en Venezuela ha dado espacio a la conspiración de fuertes y bien apoyados grupos violentos que están a punto de hacer su aparición pública en este país. Entonces, el Arzobispado debe convertirse en un vocero político de oposición, en modo de aunar lo que no sabe unirse, y tratar de frenar a los movimientos armados anti-chavistas, que por ahora se mueven en las sombras. En tanto, el arrinconado gobierno cubano abre espacios y legitima a la iglesia católica haciéndola intermediaria de su necesidad de desbaratar la postura común de Europa ante el bloqueo, y para esto, libera una cincuentena de presos políticos, corta la huelga de hambre de uno, y logra un acuerdo con España para cambiar el panorama político internacional que le es adverso. La iglesia católica cubana está feliz con este rol político, pues le asegura la base que requiere para ser la principal religión de la isla, y el gobierno de los Castro usa a esta iglesia para abrirse espacios políticos negociando con la vida de sus prisioneros. Así es la cohabitación malévola e hipócrita entre política y religión. Obviamente siempre aparecerán las ‘buenas causas’ y los ‘nobles propósitos’ como vitrina principal y argumentos de propaganda, y no faltará el ‘realista’ que argumente que el fin justifica los medios. Lo cierto es que entre la política y la religión siempre existirá el cambio como un modo de no cambiar lo sustancial y mantener las cosas como están… para bien de la política y la religión.

Ahora hablemos de Fe: los Sufi que sufrieron tres atentados de otros musulmanes no eran personas políticas, y consideran que la Fe y la Relación de Coherencia con su espiritualidad no los obliga a participar en lo mundano, y por ende, el rechazo a toda violencia es parte de esa libertad de Fe. Pues bien, también nosotros creemos en Dios Padre, en JesúsCristo cuan Dios Salvador, y en la Sabiduría de la Madre Espíritu Santo… y no somos una religión, ni creemos que debamos fundirnos en la política, aún si personalmente tenemos nuestras ideas y votamos, y ejercemos derechos y deberes, pero sobre toda decisión, tema, asunto y situación colocamos nuestra práctica de Fe como cedazo para nuestra toma de decisión, y aún si concluimos en forma discrepante en asuntos del mundo, seguimos siendo hermanos en lo espiritual. Porque nada del mundo puede separarnos si estamos unidos al mismo Dios por vivencia espiritual, no religiosa, no formal. Y cuando hablamos de vivencia espiritual nos referimos a ‘relación vívida, real y plena con Dios’… y en eso consiste la diferencia entre La Práctica de Fe y la religión: que por la vivencia de la Fe toda persona se relaciona con el mismo Dios, un Dios Vivo, que no se desmiente, mientras que en la religión todo estará sujeto a interpretaciones, a liderazgos mundanos y egotistas, y se conformarán grupos de intereses que usarán a Dios como pretexto para lograr clientes y sustento en el Mundo.

Cuando era budista supe y viví la diferencia entre el budista mental y el budista espiritual. En mi vivencia espiritual con el Buda, no con el budismo, sino con el Buda, compenetré la esencia del Sutra que revela todo otro Sutra: el Sutra del Loto. Entonces identifiqué la diferencia entre la religión budista y la vivencia del Buda. Siendo estudiante en Italia tuve un joven amigo Iraní que practicaba la espiritualidad Sufi, y con él tuve mi primer acercamiento al Corán. Luego conocí a muchos estudiantes Iraní en Florencia, y pude estar cerca de ellos cuando la caída del Sha y el advenimiento de Khomeine. Desde entonces ya se podía visualizar aquello que vendría en el mundo musulmán, y que hoy podemos verificar. Mucho discutí un tiempo con los hermanos budistas lámicos partidarios de la causa del Tíbet, y así mismo me alejé de esta causa que hoy es puramente política y usa la religión como plataforma para sus intereses… buenos o no, concordantes para algunos, discordantes para otros… pero política al fin y al cabo. Viví en Suiza, en donde el Protestantismo, sobre todo el Adventismo es parte del poder secular. Mucho indagué sobre el Vaticano, su historia y presente, hallándome en Roma. Podría ser, después de tanto investigar y conocer, la persona más alejada de Dios ante tanta comprobación de maldad y oprobio en Su Nombre. Sin embargo, en medio de mi espanto y estupor tuve un maestro que me orientó para no caer en el escepticismo agnóstico y bizarro: El I Ching. Y fue el Sabio Oráculo que me indujo a la vivencia profunda con el Buda, y fueron sus certeros consejos los que me llevaron a aceptar al Cristo Vivo que se me presentaba en medio de Meditaciones con el Buda. Porque en Lo Espiritual no hay cultura, no hay fronteras históricas, no hay partidos políticos ni modelos de sociedad mundana: en Lo Espiritual la realidad es la que Es, indesmentible, objetiva y única.

 Desde el Universo real y tangible que es el Reino de Dios resulta simple y fácil establecer la diferencia entre la Fe y la Religión; y sabiendo el rol de la religión en el reino de este Mundo no es complicado hablar de política como arte mundano de gobernar. Pero ni la política, ni la religión tienen algo que ver y hacer en verdad con los modos de Dios. El sentido último y esencial de la política y la religión se asemeja al sistema de dominio que se vive en los infiernos y el principado tenebroso, pues bajo tal poder sombrío la mentira, la esclavitud mental y anímica, la ignorancia, la verdad sesgada pintada de ‘única’, la posesión de hombres sagaces sobre otros que son parias y becerros, el modo de gobierno que favorece intereses de pequeños núcleos en las sombras, el abuso de los inocentes, la violencia, la guerra y la necesidad de los ejércitos y las armas cuan doctrina de Estado… no es el modo del Reino de Dios, sino del estilo de gobierno de los Abismos.

Cuando no se tiene interés en aunar a nadie bajo el poder personal, es decir: cuando no se práctica la política y la religión al modo de este Mundo, y es tarea de maestría enseñar a que el discípulo sea un maestro mejor que el maestro mismo… y unidos en la vivencia con el Reino de la Luz se establece aquella hermandad que Cristo instó desde el Espíritu… entonces es simple y llano hablar de política, de religión, de deberes y derecho en la sociedad sin tener que tomar parte obligada y militante en las facciones en conflicto, precisamente porque no se sirve a nadie de este Mundo, por lo mismo se es libre de las mezquindades del Mundo, mas por experiencia en el Amor de Dios, mucho se sabe de la libertad del Hombre. Y de eso sí sabemos quienes por Fe y Vivencia Espiritual hablamos de aquello que conocemos: del Gobierno de Sabiduría. No concordamos con la idea y postura que reza que el ‘hombre espiritual’ no debe tener pensamiento u opinión sobre asuntos del Mundo, como, obviamente, lejos estamos de sentir el ‘peso moral’ de establecer ‘la verdad de Dios’ a toda la sociedad e imponerla desde una convocatoria políticamente fuerte o influyente.

Mucha agua ha pasado debajo de nuestros pies en dos mil años: los Consagrados debemos dirigirnos a los creyentes y es ahí el terreno para dirimir asuntos de vital importancia. Quienes no creen en Dios, ni proclaman fe en la divinidad están sujetos a sus propias causas, mas quienes desde la religión y la palabra de Dios, bajo cualquier forma, aplican lo más oprobioso de los modos del Mundo, y rebajan lo divino a maniobras políticas y sistemas religiosos esclavistas y pantanosos… son la realidad que debemos enfrentar las personas de Fe. Debemos tener ideas progresistas que proponer, aún si puedan parecer de derecha o de izquierda, en modo que la hipocresía se vea desnuda y perpleja ante la mirada justa de la sociedad; pero jamás impondremos al no creyente una Ley de Dios cuya base de aceptación es la Libertad de la Fe. Sin embargo, entre quienes dicen y escriben sobre su creencia en Dios, sí tenemos deberes de firmeza, claridad y llamados a coherencia, y en este plano debemos ser estrictos y firmes hasta que nos duela, y aún si mucho nos signifique en sacrificio y ofrenda.

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Written by Edición GF

julio 15, 2010 a 1:51 am

Publicado en Uncategorized

Una respuesta

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  1. Gracias! Muy interesante!

    Julia

    julio 18, 2010 at 10:44 pm


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