El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

¿QUE NOS SUCEDE A LOS HOMBRES?

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-reflexiono y no encuentro otra respuesta-

Cuando en los años de inicio de mi juventud, 1968, entre estudios de teoría social, y política, tratábamos de proyectarnos al año Dos Mil imaginábamos prácticamente ‘otro mundo’… más justo, sin duda, y tremendamente avanzado en tecnología y ciencias, pero siempre muy diferente a la pre-historia que queríamos superar con nuestros sueños e ideales de entonces.

Había motivo para sostener esperanzas y expectativas: hasta entonces el Hombre demostraba inusitada capacidad de progreso, y en las contradicciones no se colocaba al margen de los conflictos, y claro, eso llevó a grandes movimientos ideológicos, división en las instituciones religiosas y de la política en general; pero estos engendros y derivados tomaban cuerpo y se alzaban como corrientes sociales y de pensamiento. El fanatismo y lo radical que conllevó a la fratricida segunda guerra mundial no dejaba indiferente a nadie… para bien o para mal, todo el mundo participaba, se involucraba… creía. Podemos estar de acuerdo o no, pero lo cierto es que el Hombre durante ochenta años fue un Ser Social en constante movimiento y contraposición. La economía era un arca abierta de posibilidades y perspectivas, nada era definitivo, todo era posible… todo estaba en evolución, en ebullición. Algunos estudiosos amantes del estancamiento y los forzados equilibrios consideran que dichos años fueron inestables e inseguros, pero junto con la masividad del nazismo, del comunismo, del populismo, del fascismo, y el ímpetu de los movimientos libertarios, había cuestionamiento, propuestas y arte pululante por todo el Globo.

Fui parte de una juventud que leía, y mucho, discutía, de todo, y se informaba con ahínco. La sensibilidad y el espíritu de participación no aceptaban ni permitía la mentira como argumento ideológico, ni había sostén para institución que rompiera con ciertas reglas implícitas de la Moral del servidor público. Caían gobiernos por el alza del pan, o cundía el debate ante la teología de la liberación que nacía en América Latina, mientras la iglesia ortodoxa de Marcel Le Febvre en  Europa colocaba en vilo al Vaticano. Todo se movía, y en el movimiento habían razones, argumentos, y un estricto sentido de buscar la verdad y aplicarla en coherencia. A la prolongada guerra en Vietnam se opone un movimiento por la Paz que estremeció a los Estados Unidos. Las ojivas nucleares en Europa chocan con una masividad pacificadora y contraria a la guerra como jamás vio la historia de la humanidad.

Desde 1980 algo cambió en nosotros, un rumbo extraño tomó el mundo, hubo un quiebre involutivo. De a poco, junto con la caída del muro de Berlín, el gradual retorno a la democracia en América Latina, el increíble fin del sistema del ´socialismo real’… nos quedamos sin ideas, sin propuestas. Y lo peor de todo: el Hombre se tornó altamente individualista, cada vez menos social y participativo. Aparecieron, como nunca se pensó ni imaginábamos, los radicalismos religiosos, los nacionalismos exacerbados, las minorías y sus reclamos particulares. Se atomizó la realidad mundial, los mapas y las ideas. Las instituciones tradicionales ahora pueden mentir, cabalgar en la inmoralidad… y los gobiernos pueden quitar derechos, aplicar exigencias de la economía global… y nadie intenta reaccionar, a nadie parece importar. Se mueven los terroristas, los extremistas, los que sueñan con imperios y gobiernos mundiales, se alza la teoría de la ‘guerra de las civilizaciones’, se miente en la ONU, se hacen guerras en base a la falsedad… y nada se mueve en la conciencia colectiva.

Llegamos al Dos Mil con una tecnología en apariencia extraordinaria, pero ante la realidad de los embates de la naturaleza demuestran toda su ordinariez y debilidad; nunca antes habíamos vivido Lo Virtual como tangible: y esta mentira ha demostrado ser tremendamente precaria, como ha quedado expuesto en la crisis de la burbuja financiera. Creemos estar en un alto ápice de progreso, pero como nunca el Hombre se halla en la cresta de su fragilidad: bastaría que la naturaleza eliminara la eficiencia de los sistemas virtuales, y una explosión solar común anule los satélites para que la sociedad moderna vuelva a las cavernas; y eso es factible sobre todo porque esta generación no sabe trabajar en forma colectiva, no asume la sociabilidad como un factor de sobre vivencia, no posee valores de cuerpo común que le permita superar adversidades universales. El sentido del mercado como divinidad todo-poderosa, la mentalidad mercantil y clientelar, la dependencia de Lo Virtual, el individualismo como factor preponderante, la indiferencia ante el dolor y el problema del otro, la delegación cómoda a las grandes instituciones de asuntos que no deben inquietarnos: Dios, la religión, etc. Todo esto hace que, claro, se acepten las mentiras de los gobiernos, se vean lejanas las guerras, no se entienda el peligro que países determinados en áreas en conflicto tengan poder nuclear, que las iglesias sean grandes negocios, o la inmoralidad pulule entre sus jerarquías… de eso no nos ocupamos, es asunto de otros.

No creo que sea internet y la tecnología la causa de los males de una generación floja y vacía: se ha usado la tecnología para copar la vacuidad que ya venía existiendo en el alma de esta humanidad.

Hoy nos parece normal la mentira en la política, la inmoralidad en la iglesia, la incoherencia intelectual; es normal el aborto a las 22 semanas, y niñas de 16 años matando a sus hijos legalmente. Es normal imponer matrimonios entre personas del mismo sexo sin siquiera dar espacio a un debate profundo y democrático. Ya nada nos impresiona, nada nos mueve, menos nos conmueve. Los jóvenes buscan morir en las vías del tren como última moda, o reventarse en trago y droga, y es normal la violencia a todo nivel, incluso entre niños y niñas. La pedofilia y la pornografía infantil es algo masivo y tan bien argumentado por sus defensores… que no nos admiremos que en poco tiempo se legalice y se acepte como ‘normal’ aquello que hoy aún es punible, aún si ya nadie se espanta.

Tengo memoria histórica, y analizo la historia del Hombre, y aquello que hoy veo y constato me causa mucha tristeza: nunca el Hombre estuvo tan perdido como en este tiempo.

En veinte años de dedicación a enseñar Sabiduría, y más de trece a mostrar el Camino de Consagración, no he podido diferenciar un fondo diverso, diferente y opuesto en las personas que dicen hallarse en la búsqueda espiritual. El individualismo, el egoísmo intelectual, la necesidad del egocentrismo como auto afirmación, el mercantilismo como inercia de acción, la mentira como método de alzar teorías alternativas y la incoherencia cuan mecanismo de inmoralidad que a nadie parece importar… se repiten en este ámbito, bajo otros tapices. Siempre que la enseñanza de Sabiduría alcanza ese tramo inevitable de la opción personal, de la verdad interior, de la congruencia, de la unidad entre los Sentidos y Lo Espiritual… salta la crisis, la negación, y el regreso al vacío del individualismo… quizás más armado de pretextos, pero mentira al fin y al cabo. Entonces se abandona todo aquello que huela a ‘mandato superior’ y se reivindica el magullado libre albedrío. Hacemos nuestros propios dioses, alzamos nuestros ajustados y falaces maestros, nos construimos nuestros convenientes Cielos y ángeles.

En la propuesta más drástica y definitiva que es el Camino de Consagración hay un sentido de liberación con respecto al mal tutelaje de las iglesias caídas y mundanas; pero no apenas se entra en relación con algo vivo que mueve nuestra existencia hacia un Plan que, obviamente, no manejamos con el control del ego, y exige entrega… corremos desesperados a la cordura del mundo, con sus crisis, sus efectos y afectos, sus rollos conocidos y sus propósitos controlables y siempre relativos. Es inevitable… es una condición mecánica del Hombre mundano.

¿Quiere el Hombre realmente encontrar al Dios Vivo? Muchos dirán que sí, pero siempre lo dirán pensando en que ese dios debe hacer mi voluntad y me debe servir a mis propósitos.

Cuando debemos asumir sobre nosotros mismos la responsabilidad de La Sabiduría, el rol de la Fe puesta en Acción… nos asalta el pavor de perder lo individual, y en el fondo, de verdad, nos estaba bien la religión, la cultura y sus tradiciones… porque no exigían que yo tomara en primera persona un rol de testigo directo y tangible sobre algo divino y espiritual. Pero es que muchos aceptan al inicio este Camino porque están cansados del desierto espiritual, de la formalidad religiosa y sus inconsistencias… Sin embargo, al llegar a la aplicación de lo consistente y congruente, cuando aquello que se aprende se debe practicar, y de lo que se acepta se debe vivir… entonces la persona común y mundana que existe en nosotros reingresa desesperada en la búsqueda retroactiva de su limbo de libertad… que sí niega lo del mundo, por conocerlo demasiado en su falacia… pero ahora también rechaza a Dios. Porque llegar al Dios Vivo comporta negar al Ser mundano que ya fue, y conlleva aceptar el nuevo Ser Espiritual que Es, y debe prevalecer.

Quizás no deba el ser humano llegar tan arriba, ni buscar tanto a Dios; tal vez deba conformarse con lograr un buen vivir y copar su sensibilidad con algún arte o alimentarse de buena teoría. Hubo un tiempo en que ese camino era toda una filosofía de vida. Pero es que la realidad de los hechos, la calidad del mundo actual, y algo misteriosos que nos obliga a ver y oír… no dan espacio para ese edén de logros pseudo altruistas, y bondadosos a nuestro modo, que en otros momentos pudo ser un acto de altura moral socialmente loable. Basta saber del cambio climático, del exterminio de especies, o vivir una sequía, o un terremoto, o inundaciones… para darse cuenta que el planeta se halla en movimiento, no el Hombre, sino el Cosmos, este planeta, el Espíritu y Dios. Pero el drama es que el Hombre de hoy está inerte y vacío. Los demonios se mueven, los ángeles también se mueven, los abismos ascienden, los Cielos descienden… el Cosmos lanza advertencias… y el Hombre se enclaustra en una ilusa cueva de individualismo, egoísmo y enajenación que lo perderá y aniquilará. La Ciencia busca causar efectos cósmicos debajo de la tierra, ansía clonar personas y fabricar robots que trabajen por el Hombre… Y desde los laboratorios se desatan epidemias para luego vender las vacunas que llenarán sus arcas archimillonarias.

Hoy el Hombre Sabio tiene una salida única: entrar en el Camino de Lo Superior y asumir en su persona aquello que en lo Alto del Espíritu encuentra como respuesta. En otras palabras: o el Hombre acepta ir en Pos de la Voluntad de Dios, y poner por Obra el designio emanado del Creador… o simplemente vagará por el desorden de este tiempo y será un muerto en medio del torbellino.

El Tiempo que vivimos no es producto del Hombre, ni es el Hombre quién ha provocado este Tiempo: es este un ciclo en que se agota una generación humana, en donde el mundo ha entrado en fase de trasmutación cósmica, y en donde la naturaleza se revuelca como alma viva que debe prevalecer… Y las Fuerzas del Reino de Dios se han acercado tangibles y concretas sobre nosotros… Y las fuerzas tenebrosas se defienden con toda sus influencias y poder.

No que el Hombre ha cambiado y caído: sino que antes el Hombre tenía el gobierno de los Movimientos en este Mundo y en las sociedades que alzaba. Ahora son las Fuerzas Espirituales y los ciclos macros aquellos que gobiernan y determinan cambios y transformaciones. Por eso el Hombre hoy luce vacuo y prisionero. Por lo mismo, cualquier ser humano que emprende la búsqueda de Dios llega con cierta facilidad ante Lo Espiritual, y luego muchos escapan con pavor… pues no hay Hombre común que esté pronto para hallar a Dios ante sí mismo si antes no entra sinceramente en el Camino de La Sabiduría, y se hace Hombre Superior.

Hablemos entonces de convertirnos en Hombres Superiores, y tal es el Camino de Sabiduría; sin Sabiduría no hay Consagración. Nadie estará en grado de enfrentar la realidad divina sin Sabiduría. Desde el Camino Medio de La Sabiduría podemos aceptar al Dios que Es, y acatar la Voluntad del Divino Creador… y hacer lo que debemos hacer asumiendo sobre nosotros mismos el designio de un Dios Vivo que nos habla, razona, y se ha acercado hasta el corazón mismo del Hombre. ¿Qué nos queda por hacer? Cuando en el mundo ya no hay espacio para caminos intermedios y causas reales que nos lleven a la grandeza humana y espiritual, y lo más ‘sagrado’ del mundo se ha demostrado mundano, corrupto y pleno de falsedades… Y las puertas del Reino se han abierto a pocos pasos de nuestra propia voluntad… Creo que no tenemos otra vía, no hay otro sendero: debemos vivir en Dios, y hacer parte de su Causa… porque así viviremos realmente.

No tengo otra respuesta a las muchas inquietudes que no poca gente sensible me hace. Yo mismo reflexiono si no habrá otro modo… pero compruebo a cada momento que la luz viene solamente de Lo Alto y no hay otra vida que un Hombre sensato pueda vivir. La locura no es elegir a Dios, y enseñar a Dios, sino que creer que en este mundo se tendrá algo de vida real o una causa superior que nos dará algún tipo de gloria… o justificación.

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Written by Edición GF

julio 24, 2010 a 12:05 am

Publicado en Uncategorized

2 comentarios

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  1. Respecto a la incapacidad del ser humano de asumir reflexiva, profunda y propositivamente los hechos personales o colectivos que suceden todos los días, he tenido la directa vivencia en Talcahuano mi ciudad natal, que ha sido parte del territorio sacudido por el terremoto en Febrero recién pasado.
    Estando unos días allí, me he percatado con desazón que nada ha cambiado en lo sustancial del espíritu, la conciencia, la razón, el alma de las personas que protagonizaron los efectos del tremendo sismo ocurrido. Todo sigue en la misma banal y fútil cotidianeidad y de no ser por la elocuencia de los daños que persisten como testimonio de que “algo terrible” ocurrió, nada en la actitud de las personas permite ver un cambio ante la magnitud del suceso.
    Todos hablan de lo que hicieron al momento del sismo y posteriormente, como si de una anécdota tragicómica se tratase; pero cuando pretendía indagar en el aprendizaje posible, o en la reflexión personal y colectiva del para qué… se producía una reacción defensiva y muy solapada. Lo cierto es que nadie quiere hablar de lo ocurrido para asumir que algo muy grande está ocurriendo en el mundo y en el cosmos. Nadie quiere salir de su egoísta metro cuadrado para ponerse a indagar las causas de hechos como este que nos aquejan por todas partes y que no se han detenido. Nadie quiere tener que asumir que todo ha cambiado y que debemos hacernos responsables del rol que nos corresponde en dichas transformaciones. Nadie está dispuesto a optar por permitir la intervención de Cristo en su vida.
    Ni un solo comentario escuché sobre la Voluntad de Dios en todo esto y aunque muchos con quienes hablé conocen mi condición de Consagrada del Sacerdocio Bajo la Ley de Cristo, rehuían con evidente molestia mis preguntas e intentos por profundizar en el tema.
    Sé que esto ocurre en todas partes y la globalización económica y cultural, junto al explosivo aumento de las tecnologías de la comunicación no han servido, ni servirán para asumir colectivamente que en el mundo y fuera de él están sucediendo cosas que no dependen de nosotros y menos de nuestro “control”; pero que sí hay un “para qué” que tenemos el deber de descubrir, indagar y asumir como una responsabilidad personal de conciencia, no por ser una evolucionada especie, sino porque Dios Padre Creador nos ha heredado esa semejanza con El; y en la toma de conciencia y en la Fe hay una clave para comprender y participar del Plan que se echó a andar desde los inicios y que continúa sin detenerse.
    Como sabiamente se argumenta en la columna, no hay ya respuestas que se hallen fuera de la Realidad Espiritual, que corre paralela a esta “realidad”, y que las personas imbuidas en el yo de sus fútiles y rutinarias vidas no quieren ver, pero esta Realidad Espiritual que existe está esperando que la semilla caiga en buena tierra y que germine para dar los frutos por los cuales todos seremos medidos.
    Angélica Aguirre.
    Misionera.

  2. Es tristemente cierto todo lo afirmado, lamentablemente cierto que vivimos en un mundo y plano de existencia que mantiene al hombre ocupado en forma total y permanente con la fiebre de candilejas que genera el exitismo, el tener por el solo hecho de poseer (lo cual incluye desde objetos materiales, hasta los seres humanos que nos rodean, posesión de mujer, de hombre, de hijos, de amigos, etc, etc.) Cada día es mas potente en nuestra sociedad la falacia de creer que estamos solos y que solo a través de “los logros y conquistas profesionales, los objetos y bienes materiales que se tienen y se “ganan” será en lo que se encontrará finalmente el bienestar; que duda cabe que es todo lo contrario, mientras “mas se tiene o acumula” menos libre se vuelve el ser humano, mas egoísta, mas lleno de deseos y también de frustraciones, en resumen cada vez mas preso del mundo y sus ilusiones.
    Claro, no es fácil enfrentar la verdad y aceptar vivir el camino de asumir la voluntad de Cristo en nuestras vidas, de hecho quien lea semejantes palabras podrá pensar que es una idea aberrante, sin duda que desde el mundo y la ilusión que asesina y cercena la voluntad del hombre, estas palabras parecen emanadas de un fanático, tal vez un poco desquiciado.
    Sin embargo, en nuestra aceptación de la verdad “tal cual es” que proviene y emana a raudales de todo aquello que tiene su origen en lo Divino y lo Santo, también tenemos como tarea y misión enfrentar todo lo que provenga del mundo y sus “juicios temporales y parciales”, la verdad es que poco importa el juicio del mundo al enfrentarlo a la maravillosa ganancia de vivir en la paz, la armonía y la voluntad que la Divinidad a plasmado en nuestras existencias.
    Felizmente Soy Consagrada, he consagrado mi vida a la voluntad de Cristo, lo cual implica una gran responsabilidad y también muchas bendiciones tanto para este plano de la existencia como para los que vendrán; vivir según la Ley de Cristo, vivir en la coherencia, ese es el medio para que esta existencia confusa, plana y frágil pueda llegar a ser alzada a la luz, armonía y equilibrio perfecto que solo se halla en la presencia de Dios.

    Carola Martínez
    Consagrada Ofrendante

    Carola Martínez

    julio 26, 2010 at 2:08 pm


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