El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

CAVERNARIOS CONTEMPORÁNEOS

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Sueño con un mundo en donde hasta los conflictos más agudos se resuelvan en el diálogo, la tolerancia y la buena disponibilidad al sacrificio; pero tal mundo no existe, porque el síndrome de Caín nos posee en su halo de egotismo, competitividad, deseos, rigidez, violencia abierta… y de esa otra que es peor. 

Atisbos de resolución de conflictos evitando la aplicación de la ley de guerra o táctica de guerrilla o cuatrerismo en la política y en lo social, los hay, y no por detestar la violencia han sido menos firmes y eficientes: baste el ejemplo de la caída del aborrecible muro de Berlín. Claro que ahora estamos llenos de otros muros abominables, y feos…

Aquello que en estas horas del día 30 de Septiembre de este 2010 está acaeciendo en Ecuador es imagen cruda de una realidad triste y patética que evidencia canibalismo populista y penoso cabildeo del siglo diecinueve. Pareciera que en lugar de ir en sentido progresivo en el Tiempos estuviésemos retrogradando en un espiral descendente de destrucción y analfabetismo cultural cada vez más cercano a las cavernas.

Lo escribía en otras líneas, que es insólito que ya en el siglo veintiuno nos hallemos en medio de mártires religiosos volando a pedazos para ir en retazos a encontrarse con sus vírgenes al paraíso; parece pesadilla que los Estados Unidos, ahora con Obama, no logre zafar de una mentalidad dominante que le obliga a matar a sus jóvenes en guerras estúpidas con argumentos obsoletos y muchas mentiras; nadie con una neurona podría justificar el hambre en Nigeria, o las masacres tribales en África, mientras millones y millones se consumen en proyectos peligrosos e inciertos como la así llamada ‘máquina de dios’ o en armar potentes ejércitos con aviones cuyo valor unitario equivale al PIB de un país del tercer mundo. Ni qué hablar de la catástrofe ecológica: los informes en manos de los gobiernos del mundo hablan a las claras del desastre que se avecina, y que ya está en movimiento; pero nadie hará nada porque los grandes nada harán, ni permitirán que otros algo hicieren.

Ahora, en este torbellino de trogloditas, surge en nuestra América un episodio pintoresco, dramático al estilo nuestro, delicado por cierto, y que a todos nos incumbe. Podemos decir los chilenos que ‘eso no nos pasa a nosotros’ y mirar, si acaso miramos, por la ventana a la serie de eventos que envolvemos en lo anecdótico o en la mejor indiferencia. En pasado éramos nosotros el centro de las miradas y los análisis, y de la polarización de las opiniones. Y de ese protagonismo anterior debemos aprender y sacar conclusiones vinculantes: que la violencia no es un modo de gobierno aceptable, ni razonable, y menos ‘moderno’… para no hablar de inteligente, porque no lo es. Y que la violencia no es la única vía para sacar a un tirano, o cambiar un sistema de gobierno… sino que es la única vía para instaurar la justificación de las tiranías y adornar el sueño de los dictadorcillos.

Los hechos que en Ecuador tienen como actor a un presidente histriónico cuyo modo de resolver una asonada de policías es presentarse cuan mártir de la colonia, prestando su pecho para la bala traicionera… y por otro lado, a una bandada de extraños agentes del orden con pañoletas en el rostro y pistola fácil en la mano, agrediendo a civiles que intentaban rescatar a un mandatario secuestrado en un hospital institucional… es, a decir menos, un cuadro de infantilismo desastroso, de inmadurez profunda, de discapacidad civil alarmante y falta de sentido de la autoridad… tanto de quién lo es, como de quienes debieran servirle… Y eso no augura un futuro seguro para la región.

Un gobernante debe gobernar, y la esencia del buen gobierno es permitir que las instituciones funcionen, y eso queda de manifiesto en la proporcionalidad de la fuerza a usar según el área y segmento del conflicto y franjas sociales o estatales involucradas. Es decir: un presidente debe mantenerse en su puesto, asegurando la gobernabilidad, mientras sus ministros específicos, y los organismos idóneos apagan los conatos de rebeldía, circunscribiendo el episodio a su real dimensión, aún si su raíz fuese profunda y sus hilos llegaran altos y lejos. El populismo es una ramera que al final cansa al que fornica con ella. Y el populismo puede causar buenos dividendos momentáneos, y provocar expectativas especulativas en los más desposeídos, y alzar los votos por una cuantas elecciones… pero al final es un método y una forma de hacer y de ser que conlleva a las nauseas de la sociedad. Y podemos verificar un exceso de este mal en nuestros países, tanto en gobiernos como en sectores de la oposición a éstos. La gente premia la cordura, el progresismo, la gobernabilidad, el diálogo, el sentido de gobierno que no escapa al sentido de las necesidades, pero no hace de las necesidades su modo popular de practicar el gobierno. Lo constatamos en el apoyo a Lula da Silva, o en el amplio reconocimiento a Michelle Bachelet, o en la evidente afirmación de la gobernabilidad que ha dado Alan García al Perú.

En Colombia: más que alegrarnos por la muerte del guerrillero ‘Mono Jojoy’, y exultar como si la sangre de otros colombianos fuese extraña, y la de los buenos colombianos tuviese real valor, debemos lamentarnos, dolernos, aquejarnos: no es posible que un fenómeno tan nefasto y retrogrado, reaccionario y fascista, como lo son las FARC en Colombia, no haya encontrado, en cuarenta años, otra respuesta viable más que la guerra, las operaciones de exterminio, los desplazados y la algarabía militarista. Nada hay que celebrar cuando la sangre de hermanos y hermanas de un mismo suelo se descarnan con odio y furia. Es ofensivo para la moral humana que un gobernante alabe la sangre y la guerra, y sería justo que ante un cuadro de violencia el buen gobernante lamentara deber hacer uso de la fuerza, y aún defendiendo el Estado que él representa, llamara a la cordura y la paz en los corazones, orando y pidiendo para que nunca más deba disparar un tiro en contra de otros colombianos. Pero cuando unos secuestran y torturan en las selvas, y otros llenan sus pechos de medallas por las bajas infringidas al enemigo: ese país está condenado a muchos más años de infierno y división. Porque un país fraccionado entre enemigos, es un país hundido en la retaliación generacional que ni siquiera cesa con el callar de los fusiles y las bombas, sino que se arrastra por decenas de años, como lo demuestra Chile, y España hace poco con el caso del Juez Garzón. Y la condena a la senadora Piedad Córdoba es decidora: los señores de la guerra van por más… deben saciar sus fauces. En tanto, en la jungla de los abismos mentales… los guerrilleros siguen atesorando sus quimeras cavernarias, y buscando traidores en sus propias filas para expiar por sus fracasos.

Desde Venezuela escribe un lector del blog www.iching.cl y me felicita por el acierto en el pronóstico realizado con motivo de las elecciones parlamentarias en dicho país. Felicitaciones que traspasamos, nuevamente, al Sabio Oráculo. Y en efecto, si hay un país en donde el sumo de nuestra tragedia latina se vive en toda su magnitud, ese es Venezuela. Por cierto, nada de esta radicalización puede resultar en la paz y la reconciliación nacional. Es inevitable: Venezuela tendrá una salida traumática. ¿Es la violencia la solución? No. La violencia es alimentación para el populismo, es pretexto ideal, es argumento para justificar aprietes y restricciones. Los sistemas de gobierno que se basan en el populismo, en la violencia verbal, en el radicalismo ideológico, en el poder de las armas o en la amenaza armada… sean de derecha o de izquierda… temen, y mucho, a la cordura de sus oponentes. Ellos postulan a la histeria de sus contrarios, al miedo, a la inseguridad. Cuando los que se oponen a estos regímenes de gobierno caen en posturas díscolas, ambiguas, esquizofrénicas, incongruentes… o claramente violentas, y tan populistas como quienes dicen combatir… gana quién está en el poder. Si no se tiene el poder, el modo de combatir es alzando un poder que no sea igual ni sea alcanzable por los gobernantes al poder. Gandhi usó el poder de la desobediencia civil, y no concibió esta herramienta de lucha política como un elemento de presión coyuntural, sino como modo cultural de oponerse a la colonia inglesa. El gobierno militar en Chile supo siempre cómo hacer ante los hechos de violencia y de guerrilla urbana que se le presentaron… pero ya no supo cómo proceder ante una masa pacífica pero movilizada en desobediencia permanente apoyando a un conglomerado político unido dispuesto a buscar salidas, incluso pactadas. Al final, esta aparente concesión al sistema imperante resultó ser la destraba de la puerta trancada.

La guerrilla colombiana es débil por dentro: pero para explotar tal flanco interno el Estado colombiano debiera fomentar una arquitectura política que comportaría tocar muchos intereses corporativos que se hallan enquistado en el Poder, y que no permiten una salida distinta que no sea la guerra, pues al final de cuenta, una guerrilla debilitada, pero presente, es útil a muchos intereses particulares, incluyendo a la industria bélica, el militarismo y el negocio de los pertrechos, amén de favorecer ingresos foráneos en ayuda al combate y establecer alianzas con potencias… dizque amigas.

Ecuador, Colombia y Venezuela se hallan en un triangulo abismal. Parece exagerado, pero los hechos nos lo muestran de este modo, y los eventos venideros cerciorarán que de este punto amplio de nuestra América surgirá la condición que determinará nuestras vidas políticas en los próximos años.

Cuando consultamos a La Sabiduría del I Ching, o elevamos nuestra Meditación al Dios de los Hombres y de los Ángeles, surge la imagen de los Tiempos de Tribulación que ya están entrando con fuerza, pero aquello que viene es aún más delicado, y más agudo en todo plano. Es entonces que se nos muestra que el Hemisferio Norte será el centro del desastre climático… pero el Hemisferio Sur será el punto neurálgico de la caída del Hombre. El consuelo, y la esperanza, es que al menos nosotros, habitantes del Sur, tenemos en nuestras manos los destinos de nosotros mismos, y es por este motivo esencial que no da igual aquello que hoy está aconteciendo en Ecuador, o cómo sale Venezuela de su crispación, o cómo resuelve Colombia su conflicto armado. No puede ser un dato al margen la crisis que se asoma en Argentina, o el andar y desarrollo del proceso en Bolivia. No. La indiferencia es una necedad y miopía que pagaremos muy caro en nuestras pequeñas vidas particulares.

La Cuestión de la Paz es una urgencia que debe nacer del Hombre del Sur, para hacerla luego y rápidamente un modo de Ser y de Hacer en todo aspecto de nuestras vidas… y debe constituirse, por fin, en un modo, método y principio de Gobierno.

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Written by Edición GF

octubre 1, 2010 a 5:02 pm

Publicado en Uncategorized

Una respuesta

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  1. Pareciera que todo conflicto de guerra, de opresión lleva siempre al Hombre a lo bajo, a la confrontación, a sacar lo más bajo que el Hombre lleva, ardiendo como pólvora y estallando en inusitadas guerras. ¿Será que esa condición está arraigada, y que se despierta y se confronta con el mismo, encendiendo en los seres humanos una conducta que yacía dormida pero que se enciende rápidamente, para provocar estas devastadoras confrontaciones?

    Hay una lucha permanente en el hombre en que querrá prevalecer lo instintivo y posesivo, dándole poder he incitándolo a la guerra. Esto que yace dormido y en silencio, nos pone en confrontación y disputa cuando lo expresamos en una pelea, en un irá, o en algo que nos pone instintivos, perdiendo la capacidad de razonar naturalmente.

    Esta es nuestra lucha, entre dos grandes fuerzas que nos ponen de frente a dos realidades, que están en nosotros y que debemos vencer a la más oscura para que aminore el daño que hace en cada uno.

    La destrucción inminente y progresiva va en espiral como descendiendo a nuestra condición anterior, como gestándose una nueva forma de volver a lo de antes (caída). Será que tanto se acercan ya los tiempos del Reino como así también lo oscuro por prevalecer en la decisión del Hombre para incentivar y activar su poder, porque así se estará retrasando en el ser Humano un hecho de ascenso que lo elevará y le dará conciencia de lo abominable de estas acciones que se llevan a cometer (guerra).
    Un buen gobierno debe ser el que accione en la verdad y no deja pasar ningún aspecto para beneficio propio, sino que se rehace a su gente y pueblo y desde esa realidad que no le es ajena, ayuda a otros para que también otros gobiernen con mesura, justicia y verdad.

    Pero el mejor gobierno será el que nos dé conciencia de la realidad y actuemos conforme a la Justicia Divina y a ninguna otra. Porque sin esta Verdad todo camino de Paz se desvía y en su esmero descalifica y hiere a su hermano manchándose con sangre. La Paz será la proyección como también el equilibrio para llevar a cabo estos actos tan decadente de guerras y muertes que se abre como un abismo que nos hacen volver a lo antes.

    Yasna Marmuth

    octubre 3, 2010 at 12:57 am


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