El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

MORIR EN CUALQUIER MOMENTO

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La muerte no se hace presente en nosotros hasta que acaba con la vida; antes, hacemos como si no existiera, y la inmortalidad fuese un mérito logrado y perenne. Acumulamos, o queremos atesorar, deseamos cosas, bienes, goce de los sentidos y satisfacción social, y a todo damos connotación permanente, para siempre, cuya intensidad es la vida misma. Pasamos por este tiempo limitado y con caducidad patentada enredados en maromas psicológicas y anímicas, y a veces canalizamos la eternidad y la trascendencia por medio de la política, de ideales sociales, o liderazgos carismáticos. Intentamos obtener riquezas ¿Por qué no? Y no pocas veces, y en muchos casos, tal tenacidad por alcanzarla conlleva a la maniobra casi ilegal, o de ruptura con lo permitido, oscuro de todos modos… ¿Qué importa?

Veo en los escuálidos, y casi nunca inteligentes, mensajes de Twitter – un vertedero virtual de ligerezas y necedad – gente que escribe cosas como: ‘en vista que en el 2012 acabará el mundo…’ la consigna es reventarse en todo tipo de sensaciones y libertades extremas, o endeudarse hasta la saciedad… tanto nunca pagaremos… y hacer y tener todo aquello que los instintos y deseos llaman… antes de que el planeta explote.

El sorpresivo fallecimiento del connotado político argentino, Néstor Kirchner ha conmocionado a su país, y ha llamado a toda América Latina a un momento de reflexión y unión. Sin embargo, aquello que aún no puede ser asimilado es lo repentino de esta muerte… Recuerdo que hace un par de meses sendos reportajes denunciaban el exagerado enriquecimiento de los Kirchner desde que entraron al gobierno, y del poder de Néstor sobre la Presidenta actual, su esposa; y de su segura candidatura para retomar personalmente la presidencia por segunda vez… Y cuando apenas se acallaban las voces y llantos por un joven de 23 años asesinado por grupos de choque de la burocracia sindical ligada al gobierno… muere Néstor Kirchner ¿nace el Kirchnerismo?

En toda muerte que golpea las emociones de un pueblo hay un drama interno, personal, que humanamente se intenta acallar: la propia muerte. Sí, mañana en la mañana puedo morir mientras tomo el baño, o viajo en el tren, o estoy en la oficina… o me duermo esta noche y jamás despierto. No, en eso no debemos pensar. Y el golpe que se recibe cuando un líder, que siempre queremos eterno, simplemente amanece muerto… es tremendo. Pero para no entrar en la suscitación íntima de la propia fragilidad, hacemos un trueque grandioso: ensalzamos casi a la divinidad al que nos deja con la respiración en suspenso… con mucho miedo por lo que vendrá. Pero no todos los muertos perduran, al menos no todos con la misma o más fuerza de cuando vivieron entre nosotros. La mayoría se diluyen en el tiempo. Los que más entran al petrificado mundo de la historia. Pero la gran mayoría no logra perdurar en el tiempo, y muerto el cuerpo comienza a morir su memoria.

Si todo aquello es parte de los grandes de este mundo ¿qué queda para el Hombre común? En la realidad del Ser Común no hay historia universal posible, ni pancartas en sus aniversarios, ni inspiración de masas por sus ideas. Lo material, las cosas, que puede ocupar gran parte de la existencia común, sea en la ansiedad por obtener, sea en la tensión por no perder, o bien en la voluntad para que otros hereden lo preciado… al final, perecerá, no servirá por mucho tiempo, y a veces es motivo de luchas y litigios entre los herederos. La necesidad imperativa de vivir la plenitud de los afectos y sentimientos puede conducir a la muerte, y no a la vida, porque una vida hundida en la frustración, la expectativa nunca satisfecha o el auto-conformismo chato y mentiroso, es un modo de muerte.

Pocos son quienes pueden decir que han logrado sus objetivos y sentirse satisfechos, y morir en paz consigo mismo. Pero aún así se nos presenta un dilema: ¿en verdad hemos vivido de acuerdo a la razón trascendente que nos trajo a esta vida? ¿Siempre aquello que yo -o el yo- quiero (e) es lo justo que dará Trascendencia a nuestro paso por esta existencia? Pensemos en los miles de personas que un día en la historia del mundo fueron imprescindibles, y parecían eternos, y hoy no existen, o son refutados, o yacen olvidados. Y tomemos el caso de un viejo solitario al menos tres siglos antes de Nuestra Era, en la China antigua, que nunca gobernó, que no guió guerras, que apenas escribió unos versos, que nunca tuvo seguidores en masa, que en su día ni siquiera fue famoso… y aún hoy inspira a muchos, y sigue marcando trascendencia con su herencia: Lao Tsé. Y coloco este ejemplo porque personalmente lo he vivido, pero sobre todo porque éste sabio aborreció la fama, las riquezas y los malos gobiernos.

Quienes logran Trascender desde el Espíritu dejan herencias sin tiempo que todo Hombre puede hacer propia para hallar el Camino de su propia grandeza espiritual. En la Trascendencia del y por Espíritu no hay muerte, porque el fallecimiento y desaparición del Cuerpo hace, en estos casos, que sea el Espíritu un Cuerpo Único, Inmortal y Trascendente.

Para lograr Inmortalidad y Trascendencia, es vital para el ser humano hallar -entrar y hacerse Uno con- el Espíritu que le habita. El Espíritu que habita al Hombre posee las claves de la Inmortalidad y la llave para nunca ser vencidos por la muerte. Eso se logra solamente si el Hombre dedica su existencia a fomentar la Unión de su Alma (Sentidos) Cuerpo (Carne) y Mente (Pensamiento) con la realidad del Espíritu que mora en su Ser. Y esta tarea de vida no exime a nadie del trabajo para vivir en este mundo, de la diversión, de la buena relación emocional, de luchas y contradicciones, de la familia y el matrimonio… Todo se puede, nada nos es prohibido… siempre que sea la Vida Espiritual la que Gobierne nuestras decisiones, modos, tomas de decisiones y comportamientos. La Coherencia es la amalgama que nos hace seres dignos y rectos.

Solamente un Hombre Sabio se pone ante la muerte para hacer de su existencia un halo de Trascendencia propia y herencia para otros. Lamentablemente la mayoría evitará entrar en cuestión sobre la vida que lleva y tiene, y la muerte que le acecha. Así, viven como si fuesen inmortales, y todo lo efímero de este mundo fuese permanente.

Pero hay una ‘cultura de la muerte’, como en México, en donde ‘la santa muerte’ es, para sus seguidores, un Ser Vivo que debe ser alimentado y satisfecho; y de una adoración festivalera han pasado a constituir verdaderos soldados de lo macabro que ‘ayudan a la muerte’ para que se nutra, y muchos entren a su reinado en calidad de cadáveres. Como los fanáticos que se vuelan en pedazos en aras del paraíso y de las vírgenes que les esperan. O los enfermos de prepotencia que matan inocentes y civiles desarmados… así, simplemente porque tienen las armas y la autorización imperial para matar. Esa ‘cultura de la muerte’ es amplia, profunda, y sus militantes y adoradores son muertos: caminan, comen, fornican, odian, gozan, procrean… pero no viven para trascender, sino que son muertos cuya misión es evitar toda Trascendencia humana y Espiritual en el Hombre común. Los Soldados de la Muerte odian lo espiritual, aborrecen la libertad que entrega el Camino del Espíritu… querrán matar a quién descubra la verdadera Vida y su trascendente significado; y el modo de asesinato que prefieren es la ilusión de las riquezas, las necesidades emocionales nunca satisfechas, las causas políticas sectarias, los ideales violentos y extremos, el llamado al goce sin freno y auto destructivo, el incentivo de la prepotencia y del exacerbado individualismo, la fiebre del consumismo, la dependencia histérica del dinero, la falsa seguridad de aquello que solamente lo mundano ofrece, el miedo a lo divino y el apego a las religiones institucionales y mundanas, el odio por lo diverso y lo diferente… Y si nada de esto resultara… recurrirán al acoso, a la mentira, al rumor, a la destrucción moral, a la duda y la sospecha. Los muertos gustan de los torbellinos y temen de La Paz. En la Paz los muertos quedan desnudos y magros, frágiles y necios.

El Ser Vivo, que ama la Vida y busca la razón Trascendente de ésta, y por ende no teme a la muerte, sino que la enfrenta antes de que ésta lo tome… será siempre un Hombre de Paz Interior y de Paz en su existencia. Y en la Paz nada es ‘tremendo’, ni exageradamente exultante, ni extremadamente negativo. La Paz siempre nos entrega una visión de la realidad en términos objetivos y sin agregados psicológicos – emocionales que al final resultan engaños de muerte. Porque todo aquello que no Trasciende es mentira, y la muerte se alimenta de ilusiones, imágenes, agregados y quimeras. Quizás en eso se basaba el Cristo Dios para decirnos que ‘La Verdad nos hará Libres’

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Written by Edición GF

octubre 28, 2010 a 11:29 pm

Publicado en Uncategorized

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  1. A esta hora, las 19:40 de la tarde mientras leo esta columna, Arica está de fiesta como gran parte del mundo. Hoy es el día de Halloween. Una noche de culto y celebración de la muerte, día en que desde hace siglos los brujos y brujas pactan con lo tenebroso y convienen con el poder de las tinieblas para seguir propagando por el mundo la danza de la muerte, que tal como se manifiesta en esta columna, tiene variadas formas de saciar su apetito.
    En nuestra labor misionera hemos planteado el tema de la muerte poniendo al creyente ante la pregunta de si está preparado para ese momento. Declaramos que lo que importa fundamentalmente, no es la forma de morir, sino cómo nos presentaremos ante Cristo, nuestro Juez Supremo, quien nos conoce y nos ha visto durante toda la vida y en quien nuestros interlocutores declaran creer. Las gentes rehúyen el tema en su mayoría y otros (los menos), parecen tener un hálito de reflexión, asumiendo que no se habían planteado el tema desde esa perspectiva; pero lo que siempre vemos es que a todos les incomoda hablar de ello y prefieren evitarlo. Pero hoy, la gente en gran parte del planeta sí quiere celebrar este culto a la muerte disfrazado de inocentes bromas infantiles para conseguir golosinas. Porque el ser humano es permeable a soslayar lo trascendente y evadirse en la parafernalia y la tontera, que muchas veces esconde el germen del Anticristo, el que de formas como ésta ya prepara a sus huestes. Seguro que la mayoría de los padres que disfrazan hoy a sus hijos, no ven los hilos que el mal mueve, para que el día de mañana cuando se presente ante todos, su actuar y su discurso no sea tan ajeno.
    Hoy el mundo se disfraza de muerte, ignorantes de lo que en verdad se esconde tras esta fachada. Pero también hoy Cristo camina con los suyos silenciosamente, vestidos de blanco abriendo La Tercera Dispensación que prepara para los ojos del Mundo su regreso cuan Dios de la Vida, el Dios de los Hombres y de los Ángeles.

    Angélica Aguirre Falcón

    octubre 31, 2010 at 11:09 pm


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