El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

El ajenjo cabalga entre nosotros

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No hay peor expediente que la costumbre; cuando los brutales hechos, que debieran sorprendernos, se nos hacen cotidianos y normales… y en tal circunstancia archivamos los eventos tal como digerimos, tragamos el veneno tal cual respiramos, y vamos por la vida igual que fantasmas sin inteligencia real… entonces hemos descendido a una calidad de monada pretérita que retrotrae el progreso del Hombre al tiempo de las cavernas.

Es señal de inteligencia, y de que estamos vivos en la sensibilidad, cuando anonadados e incrédulos somos sobre cogidos por el grado de sinvergüencería de los grandes y sus aliados que ahora bombardean Libia bajo un ‘permiso’ de ‘exclusión aérea’ que nunca quiso decir ‘inclusión de guerra’, y que tiene al mundo en vilo. No lo digerimos, no podemos respirar esta toxina, no logramos procesar tanta desfachatez.

Cierto, el régimen de Gaddafi es tiránico, nauseabundo y retrogrado… pero es exactamente el mismo que concluía con Italia cuantiosos negocios, hasta hace unos meses atrás; y compraba armas de Francia; y llegaba a acuerdos bilaterales con casi medio Europa, y era calificado por el gobierno de Obama como un ‘amigo’ con el cual se podían hacer ‘buenos tratos’. Los mismos que hasta ayer tendían sus manos para estrechar la del sátrapa, hoy le tiran con todo por la cabeza, con la vista puesta en los pozos del petróleo más puro de la Tierra.

La guerra, toda guerra, es un asco y una abominación. No hay ‘guerra justa’, menos ‘guerra santa’. Toda guerra es una bazofia cainita que hunde al Ser Humano en la inexorable necedad y estupidez. La violencia, toda y en toda forma, es una entelequia de fortaleza y poder que en verdad denuncia debilidad, y urgencia de control histérico y nunca seguro.

La mentira es ese corcel en donde cabalga ‘el ajenjo’: la mentira es el ajenjo que pulula por la sangre del cainita guerrero e imperial… héroe por necesidad de afirmación y asesino por naturaleza genética proveniente de su padre ancestral: Caín. Mienten los gobiernos en su hipocresía vana cuando colocan base legal para una intervención militar ya preparada con sórdida anticipación. Se mintió en Irak. Se miente hoy en Libia. Se mintió en Afganistán. Nos engañó Obama con su llamado a la esperanza de paz y diversidad, y ahora rompe las ilusiones entregándose a los ‘señores de la guerra’ y participando él en la maraña de las falacias ‘políticamente correctas’. ¿Podemos seguir creyendo?

Claro, dice mucha gente, ya no hay dónde volverse, todo está contaminado, y hasta las religiones hacen parte de la misma degeneración y corrupción. Salirse del sistema es peligroso: demasiada es la dependencia de una red que de una u otra forma nos tiene encarcelados. Entonces se opta por el ‘don nadie’ individualista, egoísta, siempre pronto a recibir dádivas: mientras más desapercibidos se pase por la vida… más seguros estamos.

Quienes defendemos nuestra inteligencia y no renunciamos a la sensibilidad que nos hace seres vivos, no podemos hacer parte de la complicidad del silencio que otorga autenticidad a la cultura de la mentira y la guerra, de la hipocresía y la violencia. Aunque gritemos en el desierto de las almas temerosas, y se burlen los amantes del sistema de cosas imperantes, no podemos callar; porque es lo único que nunca podrán quitarnos: hablar con el corazón según nuestro derecho a la libertad que nos da ser Hijos de Dios. Y la palabra no mata a nadie. Y nuestra palabra es de Paz… dura en la defensa de la verdad que la mentira corroe, pero de Paz y nunca, nunca pretexto para usar la violencia.

Es la hora de las decisiones: hablar, escribir, alzar una cultura de Paz, oponerse pacíficamente a la muerte y a la mentira que nos gobierna, proponer caminos de unidad en la Paz, y no aumentar los abismos ideológicos y religiosos que son parte de esa otra forma nefasta de concebir el mundo.

Y no debemos cometer la injusticia de enjuiciar a Cristo por los errores y atrocidades de los cristianos; ni a Mahoma por las interpretaciones díscolas de quienes se rehacen a su causa; ni al Buda por la caída religiosa del budismo de los Hombres; ni al Krishna por la rica esencia que sus seguidores han extraviado; ni a Dios por la manipulación de los teólogos e intelectuales… No. Dejemos al Reino de lo Divino fuera de nuestra decadencia: porque si alguna altura tenemos aún es Gracias a Dios, y si algo de Salvación es posible es Gracias a Dios, y si una salida es viable antes de que todo sucumba… ésta proviene de Dios. ¡No hundamos a Dios con nosotros! Porque así como Dios es Inmutable e Indivisible, también es imposible de arrastrar a los abismos… que es dónde estamos yendo como Humanidad.

 

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Written by Edición GF

marzo 21, 2011 a 6:27 pm

Publicado en Uncategorized

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