El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

Religión: una materia pendiente en Educación

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Mi hijo de 12 años cursa el séptimo básico en una escuela al estilo ‘Montessori’, es decir, por mucho diferente y menos tradicional, y no por eso menos rigurosa en lo educacional.

En la reunión de padres y apoderados corrió un papel con la pregunta: ¿acepta Ud. la religión católica como clase de religión para su pupilo? Al cuestionamiento de que este colegio es laico y pluralista, la directora responde con una afirmación práctica para nada profunda, y bien poco ética: ‘no hay dinero para contratar otro tipo de profesorado o hacer otras clases alternativas’y pide que ojalá los padres firmen el papelito en cuestión. La realidad es que en el Plan Educacional de este país democrático se haya inserta la clase de Religión, y se entiende por ésta a la religión católica, y los maestros de esta rama son de formación católica exclusivamente. Aceptamos entonces, quienes nada queremos con un mundo católico en caos y en duda, que las escuelas, incluyendo las ‘diferentes’, no tienen otra salida que adecuarse al sistema, sobre todo si reciben subvención estatal y son controladas en sus planes y resultados. Mal podría entonces, como padre, increpar a la dirección del colegio de mi hijo, aunque sí me gustaría y esperaría que las respuestas y las formas de enfrentar este mioma decimonónico enquistado en la Educación, de parte de quienes intentan ser ‘diversos’, fuesen más serenas, argumentadas y con base explicativa que permita una discusión de ideas entre los padres. Lo sano y democrático será siempre el debate de las ideas y la nutrida información.

En veinte años de ‘progresismo’ de la Concertación nunca se tocó este tema tan estimado y atesorado por la jerarquía eclesiástica del catolicismo. En el programa de los progresistas chilenos que se anidan bajo Marco Henríquez-Ominami este tema está ausente, y cuando plantee esta arista al Sr. Camilo Lagos, uno de los dirigentes y organizadores de este conglomerado, en una carta personal, la respuesta fue que pronto me daría una contestación para integrar este tema a su agenda política: nunca recibí esa respuesta, jamás se ha abordado ni cercanamente este punto. Aunque podríamos pensar que entre quienes hoy son gobierno no hay uno que quiera meter mano a un asunto que encabrita a los obispos… nos equivocamos, pues he hallado más disponibilidad para ‘estudiar seriamente el tema’ en personeros de Renovación Nacional que en ningún otro estamento de la izquierda y ‘progresismo’. ¿Y esto por qué? Porque los progresistas de Henríquez-Ominami, y la Concertación, simplemente no flanquean el tema, ni lejanamente; y cuando un político de derecha se atreve a ahondar en este reto se encuentra que no hay ‘postura anti iglesia católica’ en una propuesta que no descarta a la religión como parte de la malla educacional, sino que amplía el concepto de ‘clase de religión’ a ‘educación religiosa’; y sobre esta plataforma se integra la historia de las religiones y la comparación de las mismas, bajo un sistema estructural conocido como ‘Religiones Comparadas’, ya aplicado en Europa de hace decenios, y parte del plan educacional en otros países del continente. Esto comporta que el currículo del magisterio se extienda a una calidad pedagógica efectivamente pluralista e independiente de toda tutela sectaria. De esta posibilidad nace entonces la disposición para ‘estudiar el tema’… probabilidad que no se ha permitido la Concertación y el progresismo naciente. Ojalá esta laguna convertida en tabú, o cobardía intelectual, no siga predominando en la clase política de este democrático país, y todos, sin distinción, se abran al debate sobre una materia pendiente que año a año violenta la libertad y la dignidad de muchos que no confesamos con una iglesia de dudosa calidad moral (y tanto es así que el ‘profesor de religión’ y ‘académico’ en muchas escuelas de mi zona era el párroco de la comuna en la cual habito… y hoy está preso por abuso de niños).

Muchos padres no siendo católicos aceptan firmar esta afrenta a la libertad religiosa: algunos ‘para no hacer problemas’, otros bajo el pretexto de que ‘los hijos recibirán valores en dicha clase’. Y claro, en gran medida el catolicismo se ha impuesto por inercia cultural, y por comodidad: quienes deben enseñar valores a los hijos son los padres, y la escuela de valores para el niño es y debe ser la familia… y como los valores brillan por su ausencia, y la incoherencia es pan de cada día en muchas familias, o resulta ‘cansador’ enseñar principios que requieren demostración diaria… entonces dejemos a la clase de religión que haga aquello que teóricamente debieran hacer en la práctica los padres.

La democracia exige esfuerzos. La democracia que se anquilosa es el caldo de cultivo para las tiranías y los abusos; una democracia que se muerde la cola y gira en torno a lo ‘logrado’ sin ahondar en la democratización de la vida de toda la sociedad… es la cuna que cría al monstruo de la corrupción y la degradación moral. En la democracia se deben hacer sacrificios: pero no es democrático exigir exclusivas renuncias y restricciones a los de siempre, a los pobres y a la clase media, a la mayoría, sino que son las instituciones y la clase dirigente, y los poderes legítimos, aquellos que primero deben saber desapegarse del poder vitalicio, y sin conformarse con lo alcanzado debieran saber ahondar en la democracia para nunca permitir la corrupción y los poderes omnímodos que al final hunden a los países y socavan la libertad de los ‘más’ para favorecer los privilegios de los ‘menos’.

En este caso: la iglesia católica debiera sacrificar sus privilegios anti democráticos conseguido en épocas de oscurantismo y dádivas particulares, y con verdadero sentido de misericordia debiera participar en la amplificación de la educación religiosa de nuestros niños y jóvenes, no temiendo a la información y al conocimiento democrático, sino que participando de esta enseñanza en paridad de oportunidad e igualdad de derecho. No hacerlo, no proceder de esta manera, y por el contrario: forzar con un fuerte lobby cada vez que alguna franquicia de poder corre riesgos de ser trastocada y anulada… es demostración de un abismal ánimo dictatorial, una arraigada concepción sectaria y una diabólica manera de sustentar poder político a través de la inculcación de la fe. La Fe es esencialmente libre. Una fe bajo yugo es una mentira, una falacia, una creencia esclava.

Ya no es sostenible para la democracia que este bolsón enrarecido con hedor a inquisición y tiranía siga vagando cuan fantasma entre jóvenes y niños –los nuestros- provocando incluso rechazo a Dios y a las formas de practicar la fe. Porque esta imposición molesta y tediosa tiene por efecto una repulsa inconsciente hacia lo espiritual y divino, y al final la clase de religión, tal y cual hoy se impone, es la causa de que muchos jóvenes fomenten rechazo y burla hacia todo aquello que haga referencia a Dios. Al final, creo firmemente, esta anti democrática manera de proceder, con su contenido sectario, impúber y añejo… la clase de religión actual… trabaja para el agnosticismo, y en no pocos casos provoca actitudes contrarias a la fe en Dios y lleva agua sucia al molino de la indiferencia y de la afrenta. Y eso se constata en los jóvenes, todos educados bajo el sistema actual, que reaccionan ante los pseudo valores impuestos en las aulas con sendas orgías en las playas, con ‘carretes’ en las universidades, y un liberalismo sexual desenfrenado… como enrostrando con rabia y burla de que los años en clase solamente acumularon deseos e incredulidad, y de este modo demuestran su frustración. Y es parte de la carencia de auto-crítica honesta y humilde de la iglesia católica el pretender seguir alzándose cuan paladines de la moral, y por ende exigir su lugar exclusivo y excluyente en la educación de nuestros hijos: los hechos, los miles de hechos de abuso y depravación, de protección corporativa y de asociación para delinquir nos permiten dudar -con razón y argumentos- sobre la calidad moral de una entidad caída, degradada y de componentes altamente peligrosos para los infantes. Aún así, debemos conceder el derecho del catolicismo a sostener sus propias escuelas, y de ser parte de la enseñanza democrática sobre la religión. Eso no está en discusión. Nunca podríamos aceptar algún tipo de persecución o merma del derecho que afecte a esta institución; aquello que la democracia exige es colocar a ésta franja religiosa en paridad con el conocimiento universal de las religiones que nuestros jóvenes y niños deben aprender y obtener.

Nunca firmaría un papel que me impone un acto contrario a mi conciencia, y jamás permitiría que otros tuvieran que firmar papeles que atentaran en contra de su libertad de fe. Ese sólo hecho: un papel que violenta mi conciencia… me pone en alerta sobre los residuos dictatoriales y oscurantistas que siguen pululando en nuestra preciosa democracia.

 

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Written by Edición GF

marzo 31, 2011 a 5:13 pm

Publicado en Uncategorized

Una respuesta

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  1. Creo que este solo hecho de no tener, y no reconocer una libertad, y más aún la necesidad de conocer de Dios desde pequeños en forma amplia, sin un marco religioso, obsoleto por lo demás, que a vista de todos está cayendo a pedazos, explica y da cuenta del mundo en que vivimos, y de los horrendos ejemplos que acabo de leer en el artículo anterior.
    Yo provengo de una familia católica, y que reside en el campo, recuerdo vagamente lo que mi abuelita nos inculcó y cómo lo hizo, a mí y mis hermanos desde muy pequeños, porque fue algo muy natural y parte del día a día. Pero yo ya de niña sabía (no sé cómo) que había un Dios, y que nos veía a todos y en todo momento, que nos protegía, que ante la dificultad había que encomendarse a él, y que había que darle gracias por todo lo que nos ha dado, recuerdo que nos decía: “por los barcitos que teníamos, la inteligencia, los papás, la familia y cosas así”, lo que yo tenía aferrado era que Dios Amaba especialmente a los niños, de hecho por eso los niños se sentaban adelante en la iglesia, porque eran especiales, y no se hincaban cuando los adultos lo hacían. Sin arrogancia, porque era solo una niña de aprox. 8 años podía darme cuenta de esta “superioridad” de los niños, respecto de los adultos que eran los que hacían cosas malas, provenía de la cercanía de los niños con Dios, y que se graficaba por esa frase: “dejen que los niños vengan a mí”, pues bien, me sabía de Dios y cercana a él, de hecho le hablaba en voz alta, mirando hacia arriba siempre cuando lo requería, que era varias veces al día.
    Fue en el catecismo para primera comunión, a los 10 u 11 años, que en una clase al oír que “todos nacíamos en pecado mortal, y por tal éramos pecadores siempre”, por lo que no entendía bien, que Eva había comido la manzana y le había dado a Adán, que eran adultos, ¿qué tenían que ver los niños con eso?, con mucha vergüenza pregunté, me lo volvió a reafirmar, eso a mí me partió, pero ante tal ruptura de lo que yo sabía, tenía que haber alguna forma para borrar ese pecado, y vivir limpia. Y el catequista que para mí era un viejo de 20 años, me reitera que el pecado no se borra, siempre seremos pecadores y por eso tenemos que pedir perdón. Y yo le pregunté: ¿por las guaguas que no saben nada?, me dijo que también eran pecadoras, hijos de pecadores….y cuando fueran grandes y tuvieran conciencia pedirán perdón, ahí ya no entendía nada más, se acabó la clase me fui con una desazón, que se transformó en dolor, ahora entiendo que fue con mucha angustia. Le preguntaba a mi hermana si se daba cuenta de lo que nos habían dicho, pero no, ella era menor y seguramente su inocencia la protegió. Pues yo me comencé a sentir sucia, de ahí en adelante le pedía cuenta a Dios porque me había hecho pecadora, eso era trampa, qué quería de mí, para que me traía al mundo si era sucia, para que le podía servir siendo sucia y de una suciedad que no se podía borrar, después del período de reclamos, porque con mucha rabia hice cargo a Dios de esta falsedad, sin respuesta, luego me sobrevino la vergüenza ante el Dios, que sabía que me miraba, pero que no sabía porque me ponía y nos ponía a todos con esta sentencia perpetua, rogué y le reclamé tantas veces, por una fórmula para limpiarme, no me parecía misericordioso, ni propio de Dios esta carga sin posibilidad de pagarla para limpiarme, toda la adolescencia la viví con esta desazón y sensación de chantaje, pidiendo perdón, y con una rebelión contenida. Menos mal que mi familia es una familia sana, con valores muy asentados y que en el campo no había muchas posibilidades de desbande, como hoy, porque si no, esa rebelión y el dolor pudo haberme llevado por muy mal camino. Todo lo malo y difícil que me tocó vivir en adelante, yo lo acepté casi sin reclamar, porque era lo lógico que le pasara a una pecadora como yo. En la juventud busqué a Dios en distintos grupos, para encontrar la respuesta sin resultados positivos, y al entrar a la adultez tuve la seguridad que Dios no era de este mundo, y que debía esperar a morir para encontrar la respuesta o el consuelo. Me convertí en una autómata, sin mayor apego por la vida, muy vacía y sombría.
    Hasta 3 años (a mis 38 años), cuando en la primera escuela de investigadores me informan como un “dato” dentro de una exposición: “que no somos pecadores, que no nacemos en pecado, explican el Hecho Crístico (que nunca había oído)y por tanto desde ese Hecho somos libres de pecado, nacemos puros, pero “nos hacemos al pecado”. Yo inmediatamente lo noté, era el gran punto de mi vida, pero pensé que se habían equivocado, y como no conocía a nadie, no lo rebatí. Nos dieron un material para leer, y citas bíblicas para revisar hasta una semanas más, lo leí y revisé todas las citas, todo era distinto, siendo lo mismo, pero no sabía qué; pero antes de comenzar la 2ª charla para investigadores, yo les consulto por “ese error al exponer lo del pecado”, y me lo aclaran y reiteran que “desde la Salvación de Jesuscristo no nacemos al pecado, sino que nos hacemos al pecado”, no puedo explicar la alegría, el alivio, no puedo, por fin la verdad que era coherente, con lo que yo viví con Dios cuando era niña. Coincidentemente, antes de iniciar la charla correspondía pasar al altar a Orar, yo no sabía, al entrar en la pieza y veo el altar, me detuve y me día vuelta, la sacerdote me pregunta que pasa, y le digo: “no sé si debo, no sé si soy digna”, y me dice: “que soy una hija de Dios y él siempre espera que sus hijos se dirijan a él”,…. y ore, lloré y lloré, más adelante pedí perdón a Dios por todos los años que lo acusé injustamente de la condición de pecadora que me enseñaron y distorsionaron la concepción de Dios, siendo yo muy niña, y que me marcó el resto de la vida, hasta que supe la Verdad , luego me Bauticé y Consagré a Cristo y volví a comunicarme con Dios, que es el Cristo Vivo, aprendí a comunicarme con él en un diálogo real, a vivir con él en una relación estrecha, a dejarme conducir por él, Cristo me devolvió mi vida, y mucho más que eso, me permitió nacer nuevamente en el Bautizo, esta vez nací en Vida Espiritual, lo que viene después ………….. definitivamente hay que vivirlo.
    Paz Ojeda

    Paz Ojeda Pinto

    junio 5, 2011 at 1:22 pm


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