El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

La ‘santa’ muerte y la Vida posible

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La ministra de defensa de España alega que el apoyo de su gobierno, en plena crisis económica, a la intervención en Libia, no sin altos costos obviamente, es diferente a la guerra de Irak porque ésta última se basaba en falsos informes y mentiras, y en el caso libio el asunto es salvar vidas inocentes. El argumento de ‘salvar vidas’ se ha visto roto ante la realidad de civiles muertos por las bombas de la coalición, hechos denunciados por las mismas fuerzas opositoras a Gaddafi. Se dijo que no habría ‘intervención’ sino que actos de resguardo para con la población civil ante los bombardeos indiscriminados del acosado líder… antes alabado por los negocios que Europa hacía con éste, y ahora condenado como el peor de los sátrapas.

En nombre de la democracia las fuerzas de Francia, decididas a retomar su vieja calidad colonialista, intervinieron con violencia en Costa de Marfil. Cientos los muertos.

En México se hallaron más fosas comunes, y la masacre de migrantes emboscados por los carteles de la droga se ha convertido en una realidad que trasciende los límites de lo creíble. Los documentos ‘secretos’ del gobierno de los Estados Unidos dicen que el Estado Mexicano es un ‘Estado fallido’. El cuerpo institucional de México está carcomido por la corrupción.

En Brasil hubo de ocuparse militarmente los barrios de Rio de Janeiro para extirpar el poder de las bandas que gobernaban las periferias de esa gran metrópolis, pero tal desplazamiento no ha significado el fin del poder de estas mafias, y lejos están de haber desaparecido. En todo el cuadro mundial y su convulso contenido que tenemos ante nuestros ojos, navegando por las noticias por medio del sistema virtual, constatamos un punto en común que parece ser la confluencia inevitable de los hechos grandes y pequeños que se suceden en el planeta: la muerte.

El gobierno de Japón no quiere reconocer la cantidad de fallecidos por el terremoto y tsunami que azotó a esa isla; tampoco reconoce los muertos por la crisis nuclear de Fukushima y está empecinado en disminuir y jibarizar la noticia sobre la real proporción de la catástrofe nuclear; incluso ha dicho que los vertidos en el mar de aguas radioactivas son un daño ‘menor’, y de hecho han impuesto a todo el Pacífico una condición de contaminación sin consultar a nadie… efectos que viviremos y sufriremos desde ahora y por treinta años mínimo. Muerte. Provocar muerte, esconder muertos, energía de muerte, soluciones de muerte. Muere la gente en terremotos y guerras; mueren en confrontaciones sociales; mueren en la guerra sucia de las mafias. La muerte justificada bajo las banderas de la justicia, la democracia, y con el argumento de ‘salvar vidas’. La muerte que fue una bofetada a la conciencia humana durante dos guerras mundiales, en el siglo recién pasado, debía haber sido el último ciclo cainita de esta generación. Sin embargo, a once años de haber entrado en el tan esperado siglo 21… contamos muertos como perlas agrestes y sucias en un ritual demoníaco que nos ha vuelto locos, desquiciados e insensibles. Y lo peor, lo más bajo, lo más triste y lo deplorable es y será de todas formas la indiferencia: esa actitud mediocre, despreciable, indigna y soez de quien se envuelve en sus trapos individualistas y se tapa los ojos para ver sus propias quimeras y sobre vivir según sus estúpidas creencias, sin asumir los hechos del mundo como propios, sintiéndose ajeno a la fea realidad que se niega a entender.

En medio de este cementerio a tajo abierto que verificamos noche a noche (porque nos hallamos en la noche de esta generación violenta y perversa) llega a mis manos un panfleto de una iglesia ‘cristiana’ en donde se pregunta: ‘¿Por qué Jesús murió por tus pecados? ¿En qué te beneficia la muerte de Jesús?’ Entonces la muerte aparece nuevamente como elemento salvador, esta vez asumiendo la atroz muerte de Jesús que ‘me beneficia’ en cuanto esa muerte me libera del pecado… pero no me exime de ser pecador (¡Sic!).

El ritual de muerte que el cristianismo ha elevado a ‘cultura de salvación’, ha inculcado por siglos la idea subliminal, en el sub consciente del creyente, la creencia intrínseca sobre la ‘justicia de la guerra y de la muerte’ que aprueba las Cruzadas, la repartición feudal de los señoríos en Europa, y dio un cuadro legítimo a la masacre de indígenas en América; y con este expediente bien enraizado en la mentalidad de la masa creyente, la muerte ejecutada por ‘causas superiores’ y ‘guerras santas’ es casi un acto de elevación, de suprema iluminación; y por si hubiere dudas: la Biblia, en el Antiguo Testamento, enseña que Jehová indujo, protegió y hasta guió batallas, masacres e invasiones. También el alicaído Constantino halló su causa en una señal (una cruz) en los cielos en medio de una batalla. Entonces, dice el cristiano de a píe, la guerra es ‘voluntad de Dios’ y no toda guerra es mala: hay ‘guerras malas’ y ‘guerras buenas’, y como en una guerra se mata, porque de eso se trata una guerra… de matar… entonces el Mandamiento ‘no matarás’ se relativiza, de acuerdo al tenor de la batalla y sus objetivos. La muerte, entonces, es eso que puede salvar y elevar, según se nos ha inducido por años y años, o aquello que sucede santamente si es por causa noble, o acaece por desgracia si por mala causa, o es pago por algo… o no vale nada si eres del montón. ¿Cómo podríamos obtener algún beneficio de la muerte de alguien? Eso es demoníaco. Nadie puede beneficiarse en el dolor, el martirio y la atroz muerte en la cruz de un Ser Santo. Seguir insistiendo en tales teorías infernales es tener el firme propósito de hundir al Hombre en la cultura de la muerte, escondiendo la verdad de la Vida que representa el Hecho Crístico.

En esta cultura demente y sin el mínimo sentido de humanidad, un hombre de 24 años, en Río de Janeiro, como otrora en los Estados Unidos, vaga por el desquicio de la muerte y se aferra a la santa causa de los mártires musulmanes y se cree a sí mismo un combatiente de la muerte… mira al mundo por Internet y la muerte anda suelta y pujante por todo el orbe… observa su vida de niño abandonado y adoptado, y busca la muerte con ahínco en alguna enfermedad que lo condene, y se inventa que ha sido contaminado con Sida. Un día, toma dos pistolas y se dirige a la escuela donde padeció… porque no ‘estudió’ sino que ‘pasó’… y se dirige a la sala de conferencia llena de niños y niñas, y descarga su propia muerte sobre inocentes que atesoraban sueños y esperanzas de vida. La muerte reina sin contraste.

¿Cómo ponemos fin a este vértigo oscuro y abismal? Para comenzar, debiéramos asentar nuestra Fe en un Dios de Vida que aborrece la muerte y Manda a No Matar. Para eso deberíamos sacar a Cristo de la cruz, y en lugar de seguir la cantarela sobre ‘la muerte que salva’ debiéramos proseguir con los Hechos que nos llevan a los Tres Días en que Cristo vence a la muerte, cierra los abismos y abre el Plan de Inmortalidad (Ley de Resurrección); y fomentar así nuestra Fe en estos Hechos de Salvación, que es Vida, y superar la cultura religiosa de la muerte en la cruz como símbolo de una salvación que ningún cristiano puede explicar con seriedad. Para sostener una Fe de Vida el cristianismo debería seguir las indicaciones del apóstol Pablo, que en carta a Hebreos insta a no restituir el viejo sacerdocio, ni la antigua ley, porque Cristo Ya Vino y la Nueva Ley y el Nuevo Sacerdocio no pueden repetirse según cánones de lo antiguo bajo estas condición de Rehabilitación y Amnistía. Y eso significa que nadie con dos dedos de inteligencia y con una recta ubicación en el derecho podría aplicar dos Constituciones a la vez, y entregar vigencia a dos Testamentos en condiciones que el último supera al anterior; no lo deroga sino que lo trasciende, y por lo mismo lo deja supeditado a la Nueva Ley, al Nuevo Testamento. Cuando el cristianismo usa la Biblia como una ley única, mezcla la condición del Hombre antes de Cristo con la nueva condición del Hombre Gracias a Cristo. Al final, son las iglesias las que dirimen autoridad sobre qué parte de lo escrito tiene vigencia, cómo, y bajo qué rara teoría y explicación el creyente debe someterse. La explicación del por qué el cristianismo eclesiástico insiste en la cultura de la muerte y el dogma demoníaco argumentado en que la muerte en la cruz salva al Hombre… la podemos hallar en el uso de la Biblia como libro único que une dos Tiempos, dos Leyes y dos Condiciones, y ambas quedan sujetas a interpretaciones de los Hombres ‘expertos’ en sumisión de rebaños de ovejas. De esta maniobra oscura nace la teoría macabra que nos presenta a un hombre que se hace hijo de dios por la muerte y el martirio, y de paso paga por los pecados de todos, y aún así nadie está libre del pecado. A la base de esta nefasta enseñanza subyace la victoria de la muerte. Y también la Paz que Cristo predica y coloca como la condición para el Reino de Dios entre los Hombres… queda sujeta a la regla de la guerra que proviene del Antiguo Testamento… ’lo dice la Biblia’. Y se ha sometido a Cristo a la interpretación de los exegetas y teólogos, pastores… y algunos locos que sobre esta confusión han construido sectas de muerte, o iglesias del dinero.

Para dar un golpe a la cultura de la muerte debemos alzar la Fe de la Vida y apuntar a La Sabiduría como elemento superior de Conciencia. Debemos levantar La Paz no como un acto solamente contrario a la guerra sino como un Plan de Vida, un modo de concebir el mundo, la sociedad, las relaciones e incluso la ciudad y su objetivo social. La Paz no es ‘No-Guerra’, sino un universo completo de construcción humana. ‘No Matar’ debe retomar su verdadero pedestal moral en la ley del Hombre: no matar no es solamente ‘no asesinar’, sino que implica proteger, fomentar y resguardar la Vida en todo caso y para siempre, y todas las vidas. Y para producir Paz se requiere Sabiduría: la aplicación de decisiones según un Bien Superior que sobre La Vida y La Paz canalice los beneficios de la creatividad del Hombre hacia una existencia superior. Y claro, llevar a la práctica estos enunciados significaría una revolución: desarmar ejércitos, eliminar fronteras ficticias y amañadas, asegurar la alimentación mundial, enfocar la ciencia hacia objetivos de vida y no de exterminio, entender la vida en el planeta para trabajar según sus leyes, y no según la opípara hambruna de las oscuras castas que gobiernan desde las sombras.

Pero un comienzo sí es posible: sostener una Fe de la Vida; adquirir Sabiduría como modo de pensar y tomar decisiones; vivir la Paz como regla fundamental en las relaciones y en la propia intimidad; nunca caer en la nociva indiferencia y esmerarse por estar bien informados, en modo de participar sea concretamente, sea espiritualmente, siempre con conocimiento de causas y nunca desde la ignorancia (remedio contra el sectarismo y el fanatismo). Podemos comenzar desde nosotros, y luego con nuestro círculo inmediato (familia – relaciones) hasta hacer de este modo de vida un objetivo de y con muchos. No debemos renunciar a ser ‘cristianos’, sino que debemos librar a Cristo de las malas tutelas eclesiásticas y las extrañas teorías de quienes han abusado de una autoridad auto-concedida; no debemos abandonar a nuestros maestros sino que contextualizarlos en su realidad y aplicar sus enseñanzas con sentido de actualidad; a nada debemos renunciar, sino que todo debemos colocar bajo el cristal de los objetivos de Hoy: La Vida por sobre todo; la Paz como base de la Vida; La Sabiduría cuan hilo conductor de todo cuanto se mueve en esta existencia. Sobre esta plataforma, y según estos nobles objetivos, unámonos, aprendamos juntos y practiquemos esa solidaridad que no crea dependencias sino lazos fructíferos de recíproca nutrición espiritual.

Para vencer a la muerte y su cultura cainita, debemos hacernos Agentes de Paz, y bajo el Dios de la Vida es deber de hermanos en La Paz unirnos en la práctica de La Sabiduría.

Pongo mi grano de saber, mi surco de testimonio, mi índole espiritual y mi voluntad de paz sobre la mesa de los nobles y los Buenos Hombres… esperando que otros se atrevan y en algo ayudemos a que este Mundo no siga su curso de colisión inexorable que lo destrozará con su propia tozudez y porfía. En tanto, seguiré sembrando en la medida de mis fuerzas y capacidad estas semillas de Consagración y Sabiduría que el Cielo puso en mi alforja, no sin resistencia de mi parte, pero al final con obediencia en mi Espíritu. Porque… o todo lo que somos y hacemos es espiritual, o nunca será verdad y duradero.

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Written by Edición GF

abril 8, 2011 a 6:21 pm

Publicado en Uncategorized

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