El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

El futuro ya no es lo que era

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En 1968 y 69 hubo grandes movimientos estudiantiles, y la huelga más larga del profesorado, con toma de liceos y universidades: la educación estaba en tela de juicio cuando en este país habían profundas diferencias entre quienes sí accedían a los estudios y quienes simplemente  vivían al margen de toda posibilidad de formación. La reforma universitaria fue a la sazón el emblema de los cambios.  Entonces yo era un jovencito, como los de hoy, que marchaba por las calles de Santiago bajo las banderas de la Feses, la federación de los secundarios, y dormía en los planteles ocupados;  y fui uno de los cientos de estudiantes acorralados en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile, en pleno centro de la capital, que luego desaparecimos por los entre techos de las casonas del sector hasta dejar el local vacío y al ‘Grupo Móvil’ de carabineros con un palmo de narices. Eran años de marchas por la paz en Vietnam, como la que hicimos de Valparaíso a Santiago. Fueron tiempos de cantos y peñas, y de pasar noches de solidaridad en campamentos pobres…pero de una pobreza que hoy ni conocemos…eran realmente pobres. Teníamos un ideal y muchos sueños: nos imaginábamos un mundo sin guerras, una América sin fronteras y un planeta de abundancia e igualdad. Mirábamos al año Dos Mil como a un horizonte aún desdibujado al cual debíamos dar forma y fondo cambiando el mundo en nuestros días, para que la generación venidera no pasara por lo que nosotros y nuestros antecesores  habíamos padecido. Pero nuestra idea de cambios y de paz requería un parto violento, mientras que otros proclamaban una paz que no entendíamos porque no luchaban en barricadas sino que fumaban marihuana en los parques y exhibían tatuajes en sus flacos cuerpos. En la vereda contraría estaban la juventud de la minifalda bien cuidada, del pelo largo bien peinado y de bailes en la televisión en blanco y negro y revistas de parafernalia…harto más inocente que las actuales. Y claro, también existían los jóvenes tradicionales que con pelito al estilo militar correteaban a los lolitos y lolitas de frente al Café Coppelia. Eran los años en que John Lennon clamaba con voz suave desde su edificio en Nueva York aquello que ’en esta mundo ningún héroe cambiará las cosas, sino que todos somos héroes que podemos cambiar al mundo’.

De repente lo romántico se convirtió en lucha de clases: las cosas se pusieron duras, los hippies quedaron rezagados a sus desvanes, y ya nadie pensaba en flores o en demostraciones simbólicas; ahora quién era de derecha quería matar al de izquierda, y los de izquierda querían acabar para siempre con la derecha. Nadie pensaba en la paz. No hubo un movimiento por la paz que se alzara como tercera fuerza. Los Cardenales asistían al 1° de Mayo de la CUT, mientras los Obispos hacían misa en los cuarteles militares. Un rayo de división atravesaba y separaba abrupto y definitivamente el cuerpo social de un país en trance. Habíamos llegado al punto de ruptura. El mundo estaba en crisis, América Latina hervía. La ‘guerra fría’ justificaba al más abyecto régimen político, cualquiera fuese, con tal de que defendiese una de las dos causas que dividían al planeta. La democracia era una utopía, y lo que había de democracia yacía en el fango del pavor de la próxima guerra mundial, que sería nuclear y definitiva. Por mucho, eran tiempo aún más peligrosos y violentos que los actuales.

Cuando cayó el muro de Berlín y el comunismo estatal de los burócratas colapsó sin gloria alguna… el mundo entero, incluyendo a la izquierda, dio un suspiro de alivio, como si un peso enorme  fuese arrancado de la boca del estomago. Ya sin guerra fría los gobiernos oprobiosos no eran necesarios y quedaban obsoletos. Ya sin el filo de la bayoneta los pueblos hermanados a la fuerza comenzaron sus guerras fratricidas, como en la vieja Yugoslavia, en la cual viví un tiempo. América Latina sale de las catacumbas y deja entrar la luz del sol a sus laberintos. Por fin la paz sí aparecía y se alzaba como Plan Posible y esperanza certera.  Ahora sí el año Dos Mil se nos presentaba mejor que esos desteñidos  sueños de juventud. Nada había sido como lo imaginábamos, pero al final, de alguna manera, todo confluía al resultado añorado.

Entonces, como cuando liberas a un preso y lo pones en una casa estupenda en la playa con todo pagado… los Hombres se sintieron libres de despilfarrar y abusar como si fuese un derecho de goce por tantos años de restricción y amenaza. De alguna forma nos botamos al consumo, al reviente, al endeudamiento y al bienestar de las cosas. Ante nuestros ojos llenos de ambición se levanta el ‘dios mercado’, y todo el mundo, de derecha, de izquierda, de centro, y de ego centro… como encantados por el silbido de las sirenas de mar,  nos fuimos detrás de la quimera que rezaba que todos podíamos ser reyes, o príncipes, o señores…como nunca antes.

A las guerras que recompusieron el mapa de Europa, siguieron los conflictos eternos del Oriente Medio, y de a poco va surgiendo una cola de dragón que se creía extinguido: los ejércitos religiosos, las guerras ‘santas’, las causas en donde la muerte y la violencia se rehacen a dios y al paraíso… que cuando ponían en fuga a los rusos de Afganistán eran amigos de la democracia de occidente y alumnos de la CIA, pero cuando quisieron instalar sus regímenes ortodoxos y extraños, en contra de los ‘infieles cristianos’, entonces se convirtieron en enemigos de la democracia de occidente. Hasta el 11 de septiembre del año 2001.

La violencia que vive y que nos vive hoy, extendida y penetrante, nunca antes había existido: no hay ideal, pretexto político, o justificación teórica; la violencia de hoy es un bicho asqueroso que no requiere nada, y mientras más vacía la mente, mejor. Es un monstruo que ya no se esconde en necesidades humanas, sociales, políticas, religiosas…sino que simplemente actúa para propia alimentación y crecimiento. Los jóvenes que saquean ciudades o culminan la noche de farra en luchas de pandillas en las calles, o se revientan en lindos autos, no necesitan justificaciones, ni se exigen argumentaciones, no es necesario: simplemente destruyen y se destruyen para obtener cosas, porque las cosas lo son todo, y la destrucción de cosas es la venganza por habérseles mostrados cosas que nunca alcanzarían y que ahora toman a la fuerza. Es la frustración del consumismo mentiroso y del mercado especulador que por años alzó quimeras de abundancia basadas en un ‘tener’ que en verdad fue ahuecando el alma humana y achicando la inteligencia de una generación sin razones ni cosas que lucir. Esta violencia es la más estúpida y la más insensata que jamás el Hombre haya conocido y aplicado: es un suicidio. Pero cuando se hace una guerra en Iraq en base a mentiras groseras y descaradas; y cuando se bombardea a un régimen líbico- con el cual se hicieron grandes negocios-  bajo el pretexto de salvar a los civiles, y luego se matan civiles en estos mismos bombardeos; cuando la hambruna perdura y se prolonga mientras en el mundo se gastan billones de billones en nuevas naves de guerra y en intervenciones armadas …Y cuando la mayor institución religiosa del mundo pasa por escándalos colosales que quiebran todo valor moral sustentable, y sin embargo siguen sonriendo al mundo como ángeles descendidos de algún cielo raro y promiscuo…Cuando el mismo mercado mentiroso cae en su propia red de burbujas y falacias, pero que al momento de pagar no saca dinero de la caja de los poderosos sino que echa mano a los bolsillos de las presas…nosotros…la gente. Cuando esto acontece, y para peor: cuando esto pasa y SE SABE…porque pudo ser peor antes, pero nada se sabía… y entonces el gobernante de Inglaterra y el de Chile se plantean acallar las redes sociales de Internet, y China acalla y controla a los servidores, y Cuba los ha restringido por años, y  las ‘Inteligencias’ de los gobiernos infiltran los blog para analizar los pensamientos políticos que navegan por el mundo virtual… Ante todo este panorama: ¿Quién podría extrañarse de la violencia inusitada y acrática que asola al planeta?

No hay moral en las instituciones internacionales, ni en las religiones, ni en los estamentos intelectuales. Y si el piso moral se ha quebrado en mil pedazos porque la mentira ya no es la vieja astucia que permitía la duda, sino que ahora es ella misma, la mentira, la gobernante de toda hipocresía descarada que nos gobierna, sea en la política, sea en las iglesias, sea en la teoría de los que ya carecen de todo argumento novedoso…entonces es señal de que hemos topado fondo. Debajo de este suelo actual, delgado, peligroso, no hay más que vorágine abisal.

Los jovencitos que saquean, en su enorme mayoría, son hijos del sistema: padres ausentes por trabajos esclavistas (el mercado los necesitaba) y empujados por la exageración del consumo y el agobio de las deudas… al final dejaron a sus hijos pegados a los violentos juegos de play y los hicieron familias de la calle y de la pandilla. Padres separados desde siempre y muchos de ellos creciendo en la violencia intrafamiliar. Hijos de la droga fácil que se consigue en cada esquina sin que nadie haga nada; generación que ni siquiera pasó por cuestionar su religión, porque nunca la tuvieron, y la que vieron era de una evidente incoherencia. Hijos de la pornografía, de la deformación sexual y del consumo sexual más bajo y vulgar jamás registrado. Muchos de ellos abusados por curas, por tíos, o por vecinos, o amantes de la mamá, o con amigos abusados. Casi todos fumando desde los diez años y bebiendo alcohol desde los doce. Y a este modelo diario y real nadie nunca se opuso ni opone: la escuela es una continuidad del mal que se vive en el barrio y en la casa, pero esta vez se agrega una educación sin valores, de materias inservibles, con profesores no siempre buenos en su desempeño, y exigencias que miran a ganar plata a cómo de a  lugar… mirando a un porvenir de jungla boscosa e impertérrita que da miedo y nauseas. No hay un sueño colectivo, social, un modelo de mundo, un ideal de humanidad al cual perseguir, con el cual soñar y en el cual basar esperanzas y labor. Hay deudas que pagar, pesos que echarse encima, e individualismo acérrimo para salvar el pellejo.

El futuro que era entonces, cuando creíamos que nuestros años serían los últimos de una larga guerra, ya no es ahora, siendo el 2011, y en lugar de entrar en aquel horizonte de luces, hemos venido a parar a una fosa de demonios.

Pareciera que el fin que visualizaron los mayas, para el 2012, es este que estamos sufriendo. Pero me rebelo nuevamente, como lo hice en mi juventud, y sin la puerilidad e inocencia de entonces, agradecido de envejecer pero nunca de padecer, y vuelvo a mirar al horizonte: veo un mundo de Paz, y esta vez sí lo creo viable, porque al contemplar el porvenir no dejo un atavío de violencia que se justifique en mí, ni un grano de injusticia que se infiltre en esta disposición: ¿hasta dónde deberá descender el mundo y el Hombre actual? Habiendo llegado a este punto, todo lo peor es solamente putrefacción y decadencia… Y cuando las tinieblas agotan su extensión y consumen su tiempo de desazón y podredumbre…caen, y finalmente se agotan. Entonces, de las cenizas resurge la luz con mayor ímpetus y gran claridad; un resplandor que eleva a quienes nunca participaron del festín de los infiernos, y aún en medio del terror y la estupidez supieron tener firme el pendón de Paz, y se hicieron Hombres de Paz desde adentro, en Sí Mismo;  y ellos fueron La Paz sobre la que el Nuevo Hombre se alzó para iniciar un Milenio Nuevo…Y se puso el Hombre Nuevo  a contar el tiempo desde cero, como un Nacer de Nuevo.

Esa Generación Futura, que hace La Paz en Sí Mismo, y cultiva la Paz en su interior, y vive en coherencia según La Paz;  y construye lo suyo en el surco de La Paz;  y ora en Paz al Dios de Paz, y se une en la Paz para procrear hijos e hijas de Paz;  y no rompe su Paz por cosas y sí  vive en la Paz de la solidaridad y del amor en la diversidad;  y trabaja por una sociedad que tenga a La Paz cuan fundamenta de ciudad, cuán modelo de relaciones de trabajo, de sistema económico comunitario y de producción inteligente…Y un día creará abundancia  en un planeta unido, sin fronteras, sin armas, para lograr el máximo desarrollo de bienestar…Y con la Paz en nuestro adn poder  ir por el Cosmos para sembrar vida de Paz hasta donde  nos sea posible…esa Generación, es un Hombre en el cual creo, y de la cual hacemos parte quienes hoy, en medio de la tribulación, planteamos lo imposible:  porque La Paz es lo único posible que nos elevará a la condición superior que hemos perdido en algún recoveco de nuestro largo andar, y que ahora transita por los avernos. El futuro que es ahora, debe ser el tiempo que vivamos mañana.

 

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Written by Edición GF

agosto 12, 2011 a 6:27 pm

Publicado en Uncategorized

Una respuesta

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  1. Al ver con los ojos del Espíritu, nos rehacemos a lo nuevo que debe nacer con fuerza y vitalidad, tal como un propulsor revolucionando a cada Hombre. Sólo desde el Espíritu nacerá la nueva forma de vivir en la real Paz que el hombre deberá vivir, reconocer y alcanzar. Será su nueva condición de hombre natural, transitando y elevándose hacia la Paz que solamente verificará en el nuevo tiempo que se avecina. Será la condición de cambio y revolución para ser Hombres de Buena Voluntad, para que quienes hemos caminado en la Paz, seamos faros de luz en el Milenio de Paz, el cual vendrá a instaurar y armonizar lo que debe ser una realidad en el hombre: un estado de acción y coherencia con la paz en su interior. Porque no hay camino sólido sin la Paz que cada hombre efectúe con coherencia, amor y entrega hacia su interior, y desde ahí ser parte activa. Así, la Paz será un hecho verdadero en un tiempo no muy lejano.

    Yasna Marmuth R.
    Sacerdote de Cristo.

    yasnapmr

    agosto 29, 2011 at 2:50 am


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