El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

La Fuerza de la Paz

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La ex secretaria de Estado de los EEUU, Condoleezza Rice,  aseveró ante la asamblea de la Convención Republicana  que la paz se logra y mantiene solamente con la Fuerza. La Fuerza garantiza la paz.

El ex presidente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez,  muestra su público repudio al proceso de paz con la guerrilla que anunciara el actual presidente Santos.  Uribe sigue los pasos de Condoleezza, y en sustancia afirma el mismo precepto cainita: que la Fuerza y la derrota del enemigo es la única paz posible.

La paz no es un concepto unánime: ésa paz descrita por estos personeros difiere y se distancia de la paz concebida cuan ‘plan estructurador base’ de la sociedad y sus áreas de desarrollo y convivencia.

Ellos, los cainitas partidarios de la Fuerza,  y de la paz ‘a la fuerza’, entienden la paz como aquel estamento de tregua impositivo en el cual los derrotados y los gobernados reciben aquella paz que las autoridades y su Fuerza les conceden como dádiva temporal y siempre condicional: la paz de las bayonetas desenvainadas pero prontas a ser caladas. La paz de los héroes: monumentos a guerreros y soldados cuyas gestas violentas son ejemplo ‘patrio’ que nos recuerdan que la paz es frágil sin la Fuerza de los cañones. Recordatorios de ‘cuentas pendientes’ y de retaliaciones latentes; e inculcación permanente de imágenes fantasmales de enemigos al acecho y prontos a romper fronteras y acabar con la única paz posible.

Esa paz de guerra obliga a aceptar la injusticia, la desigualdad y los abusos; justifica la violencia necesaria del Estado en contra de la ciudadanía inconforme, y da motivo para la violencia contestataria de quienes se rebelan a la reacción avasalladora del aparato represivo. Es un ‘pago’ que todos debemos sufrir y saldar con tal de mantener una paz que es altamente beneficiosa para pocos y es un precio extremo e insoportable para muchos.

La Paz que concebimos  quienes  no creemos en una Fuerza que es violencia latente,  para una paz de mentiras,  nace de un Valor que es esencia de vida primordial: la Paz exige la ausencia absoluta de violencia;  la inexistencia de algún tipo de fuerza o estructura  prontos para ejercer violencia;  y además reclama  una cultura no-violenta aplicada a toda manifestación y plan de desarrollo, sea individual, familiar o de un país. Es decir, la Paz debe ser la fundamenta, por ejemplo, de un Plan de Desarrollo Urbano: barrios armoniosos en servicios, espacios públicos, instancias de unidad comunitaria, polos de desarrollo cultural, deportivo y de crecimiento espiritual. Debe hallarse en el Sistema y en el Cuerpo Jurídico: códigos penales que apunten a la severidad ante el delito y a la reinserción y oportunidad del que delinque; anulación del arcaico y anacrónico sistema carcelario… todo postulando a la dignidad del Ser Humano,  y garantizando la paz desde el rescate y no desde el castigo sin posibilidad de restauración. Debe estar a la base de la Educación: una Calidad que sea política de Estado y condición general  impostergable; con un grado acentuado de diversidad que valorice variadas  matrices de educación y  por ende incentive sin discriminación los oficios que hoy el mercado desecha pero que siguen haciendo parte de la vida de todo conglomerado humano ( las artes, los deportes exentos del exceso lucro mercantil actual, la artesanía, los oficios, las especialidades técnicas y las nuevas carreras tecnológicas) todo en un plan de igualdad y de posibilidad de desarrollo en el cual el Hombre es siempre el ‘capital esencial’ y no su productividad según parámetros del  perverso mercado. Debe hallarse, la paz, a la base de la Economía: un sistema activo, flexible y siempre dispuesto a adecuarse a las exigencias de la paz y el progreso de la gente; nunca sustentada en la injusticia, en la desigualdad y en el beneficio de pocas corporaciones y empresas, sino  que  empresas  hechas para ser motores de abundancia y de trabajo. Esto requiere un cambio absoluto en la mentalidad y en la cultura del empresario; porque nunca el tema ha sido la existencia de las empresas y de la propiedad particular sobre los medios de producción…sino que ha sido y es un asunto de cultura cainita muy arraigada en el Ser Humano: que el Poder permite el abuso y garantiza la riqueza exagerada aún a merced de la miseria de quienes trabajan para producir riquezas. No es una ley de la vida, o condición infranqueable del Hombre; es cuestión de dar un Salto cualitativo en la forma de ver y de concebir la vida y al mundo: desechar al cainita de la Fuerza, del Poder y de los Héroes guerreristas (de izquierda o de derecha) y adquirir el contenido y forma del Abel que creía en la paz para progresar, en la hermandad para crear abundancia y en la igualdad para alzar un mundo de justicia.

La Paz es posible: un sistema de vida y de progreso basado y sustentado en la paz permanente…Y para empezar debemos incentivar, apoyar y activarnos en todo proceso de paz que anule las armas y desarme a los Hombres. Desarme general, total,  e inversión de los gastos militares en escuelas, hospitales, caminos, casas y bienestar para la población. Comencemos por desarmarnos a nosotros mismos: desechar todo pensamiento violento, anular todo sentido de posesión, agregar con esmero la semilla del respeto amplio y profundo por la libertad y los derechos del otro…incluyendo sus sentimientos y sus ideas aun si no las compartimos. Empecemos por perdonar a todo quién nos hizo daño o mal en pasado (y perdonar no es volver a abrazar y restaurar lo que ya fue: sino ‘desprenderse’ ‘entregar’ y ‘no volver nunca más al viejo asunto’ para encontrar paz en uno con respecto al tema o persona. Sin paz no hay perdón) y entremos en el  arrepentirnos del mal y daño que ocasionamos (y el arrepentimiento no justifica, ni complace y menos omite…sino que acepta cada hecho y acto y lo enfrenta. En la cobardía y en el miedo nunca habrá paz real). Comencemos por ser libres ante nuestra conciencia y no arrastrar pendencias y dolores, culpas y pecados…porque en la doctrina de la culpa, del pecado, del temor y del castigo no hay paz sino guerra de defensa; y es doctrina cainita mantener al Hombre esclavizado por el miedo, por la amenaza de castigo y por el peso del pecado.

La Paz debe ser un reino en nosotros mismos. Un esclavo jamás tendrá ni conocerá la Paz. Un Hombre esclavo de sus pasiones, de sus temores, de su inseguridad y en búsqueda de la seguridad material que jamás descansa ni da reposo… puede concebir la paz de la Fuerza a la perfección, pues ha llegado a la conclusión que para obtener su paz debe lograr sus objetivos usando la fuerza y la imposición, y luego debe mantenerla por la Fuerza y el  esfuerzo armado. Es decir: un esclavo eterno. Nosotros hallamos la Paz cuando nuestra Conciencia está tranquila y serena, cuando no llevamos mochilas de cosas pendientes; cuando no sujetamos a nadie ni nos sujetamos a otros que nos mantengan bajo algún tipo de esclavitud o chantaje emocional, económico o bajo exigencias de deberes inculcados y mejor manipulados. La Paz en nosotros se basa en el ‘Hacer lo que nos nace de nuestras capacidades, dones y talentos’ sin tener que traicionar o acallar lo que desde siempre nos ha llamado, incentivado, y que en muchos casos nació con nosotros…aquello que al hacerlo nos da paz. La Paz crece en la aceptación de la realidad para postular a cambiarla sin alterar las leyes de la naturaleza y del Hombre. La Paz se fomenta en el amor: el amor sin posesiones, sin celos ni sentido nefasto de propiedad; el amor en base al respeto por el otro y a la libertad de aquello que los demás hacen por y en su Paz.  La Paz no miente: toda mentira, fraude, omisión y complicidad en la alteración de la verdad y de los hechos atentan en contra de la paz del individuo y del entorno. La Paz en uno mismo piensa, habla, siente y vibra en y con la justicia. La justicia no permite abuso o alteración alguna de la naturaleza ni de los hechos tal y cual se manifiestan.

Según la lógica cainita del dinero y el mercado, esta paz es cara, costosa y para nada rentable desde el punto de vista especulativo. Requiere grandes inversiones en energía no contaminante y que no degrade el medio ambiente; exige regulaciones de Calidad y de Justicia que ‘asustan’ a los ‘inversores grandes’; coloca al Estado en un rol de gestión y participación que conllevaría a cambios de fondo en la concepción misma del Estado. Pondría metas de alto costo en infraestructura y de conectividad; emplazaría a las empresas hacia una situación de ganancias reales, e eliminaría privilegios impositivos escandalosos; aseguraría los Bienes Naturales y las riquezas de un país, en modo que sus habitantes vivan en abundancia, seguridad y prosperidad, invirtiendo las ganancias que se generan en el país en el progreso de la gente; apoyaría a empresas familiares y pequeñas; crearía un sistema cooperativo en las empresas comunitarias; acrecentaría una agricultura que garantice alimentación de la población; sostendría a la ciencia y a la investigación con fines de paz; potenciaría a las Universidades públicas gratuitas y de gran Calidad; apuntalaría a las familias jóvenes con facilitaciones habitacionales y apoyo económico; establecería el principio sagrado a la salud de calidad y sin costos para todos… Y en esta línea sería imposible lucrar al punto de reventar a un país y luego marcharse dejando el hoyo para que los habitantes expoliados y pobres lo tapen.  Bajo esta realidad sería imposible contaminar y ganar. Claro, una realidad de paz requiere un Cambio, una Mutación, un Salto del Hombre, y esta realidad nueva  no desecha la abundancia, el bienestar, el progreso y la diversidad en todo plano… porque en el ‘igualitarismo revolucionario’ hay gran injusticia siempre, y ataca al culpable de hoy para luego seguir  manteniendo a las mismas víctimas en la miseria de siempre. (Eso que dice la canción: ‘cuando la tortilla se vuelva y el pobre coma pan y el rico mierda’ es el reverso de la moneda del mismo principio cainita: la venganza, la miseria de unos y la riqueza de otros, la paz de la Fuerza)

El sistema de mercado es perverso, injusto, y crea desigualdad. Aquello que se ha llamado ‘sistema socialista’ es igualmente perverso, hipócrita, injusto… y traslada la desigualdad, no la elimina. Ambos alzan la Fuerza como garante de la paz forzada. Ambos se apoyan en aparatos represivos y en las armas para provocar temor y sumisión. Ambos inculcan derechos en el nombre de la paz.

La Paz es el sistema que supera ambos estados de Fuerza y de Injusticia.

De la Paz que hablamos es aquella que alza un sistema de vida y de progreso que reparte de verdad beneficio para toda la población, y que permite la creatividad particular del individuo y respeta la ganancia de quién obtiene medios sin pasar a llevar el derecho de otros. Negar la riqueza que Dios ha colocado a nuestra disposición, y la abundancia que sí obtendríamos con la Paz cuan reino entre los Hombres, es una necedad sin medida y una estupidez  carente de visión y altura.

La Paz es un Plan de Vida. Si aplicamos los principios activos de la Paz a todo lo que somos y a todo lo que hacemos, entonces entenderemos que la Paz es el Camino al Nuevo Milenio de Abundancia y Progreso. El Milenio de Paz nace primero en nosotros, pero no puede quedarse solo en nuestras ideas y sentimientos…debe traducirse en planes de existencia aplicados a la ciudad, a la salud, a la educación, a la familia, a la productividad, a la economía, al modo de gobernar, al Estado nuevo. Y la Paz debe llevarnos a revisar la historia contada bajo las balas y la muerte. Debemos ser críticos de nuestra historia cainita, porque de otro modo nunca seremos libres…real y verdaderamente Hombres libres.

La Paz  es la vida y el modo de vida que enseñará al Hombre que Dios no se encuentra en la formalidad, en la costumbre y en la parafernalia de las procesiones… que las religiones también son parte de la paz cainita… Que el día en que el Hombre adore y encuentre a Dios en todo monte  y en Si Mismo, y alcance el Camino Medio de los Santos y Sabios… ese día la Paz habrá dado su mayor fruto: la semilla del Cristo que nos deja Paz y nos da Paz y que promete que el reino de la Tierra será de quienes seamos Hombres de Paz. ¿Cómo no entendemos que el Nuevo Mundo está en nuestra Paz y en la Paz que sepamos irradiar, sembrar y expandir desde hoy… con urgencia y conciencia?

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Written by Edición GF

agosto 31, 2012 a 5:01 pm

Publicado en Uncategorized

Una respuesta

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  1. Sí, es así: esta Paz Verdadera que puede ser considerada una utopía, una loca ilusión, algo imposible de que suceda por quienes justifican la Fuerza para defender su escudo de hierro ante el invasor de su ‘paz’… ya empieza a ser una realidad en quienes hemos Consagrado nuestra vida al Dador de Paz; al que irradia Su Paz desde nuestro interior; al que nos muestra la realidad Cainita para tomar consciencia y optar por desecharla, para ponerla en evidencia y denunciarla; al que nos enseña a estar en este mundo sin ser del mundo… en definitiva, al que ya nos conduce hacia el Milenio de Paz cuan instancia de los ‘sin deuda ni deudores’: CRISTO. Esta es mi Fe, este es mi Testimonio de Paz, porque la Paz de Su justicia me ha rescatado y me ha armado con la Espada de la Paz.

    Carlos Alvarado C.
    Perteneciente a la Dispensación de Paz

    Carlos Alvarado

    septiembre 1, 2012 at 4:08 am


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