El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

Paz y Muertes… Sacrificios y Sacrificados

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Una película de mala calidad, además de tendenciosa y proselitista, realizada por un director hebreo y difundida por un pastor evangélico de dudosa reputación…en los EEUU… ha sido la mecha de una explosiva situación de violencia que en Libia tuvo a su víctima más connotada: el embajador norteamericano en dicho país. Los titulares hablan de ‘guerra religiosa’, y en verdad una ‘guerra’ no puede tener un ápice de ‘religiosa’. Lo cierto es que la violencia retenida en estado latente ahora se manifiesta bajo el pretexto de un decadente films que seguramente nadie ha visto.

Violencia hubo estos días en Chile, y lamentamos todos la muerte de un joven carabinero; pero lo grave de estos eventos funestos es que la mayoría de los agresores y portadores de armas son niños y adolescentes.

La causa de la violencia es múltiple, y tiene a la base nuestra genética Cainita. Pero los modos, estructuras, orgánicas y sustento de este mal se encuentran bien identificado en la desigualdad social que empuja a masas empobrecidas hacia bolsones de miseria y de dependencia; éstas son bien aprovechadas por mafias y carteles que alimentan las frustraciones y entregan alicientes de violencia que les favorezca y les sirva. ¿Existe voluntad real en los Estados para poner fin a estos estamentos del terror? La larga experiencia italiana demuestra que la mayor dificultad del Estado para actuar en contra de este ‘Estado paralelo’ surge precisamente del mismo Estado debido a los enquistamientos mafiosos que convierten la solidez del Estado en un queso suizo. Eso sucedió y sucede en México, en Colombia y en varios Estados centro Americanos.  Así ha sido también en los EEUU, en donde la mafia por años ha sido co-partícipe de la política (caso Kennedy). Otro ejemplo evidente de compenetración y conjunción lo han constituido las variadas y repetidas investigaciones y evidencias de ‘lavado de dinero’ llevada a cabo por y en el sistema bancario del Vaticano.

Cuando los Estados han reaccionado para sacudirse del lastre omnipresente de las mafias, han tenido que pagar un altísimo costo en tiempo, en medios económicos  y en vidas. En Chile, todos esperamos, esta situación se reduce a barriadas y poblaciones, a ciudades específicas y áreas concretas. No es, ¡Dios nos libre! un fenómeno que afecte nuestra calidad de país y de Estado democrático. Pero si el Estado no pone atajo HOY a la expansión de la violencia, tendremos mucho de qué lamentarnos en un pronto futuro.

No se terminan las desigualdades manejando cifras y estadísticas y celebrándolas ruidosamente. No se trata de bonos más o subvenciones menos. No se soluciona bajando la tasa de intereses de los créditos universitarios. Un país NO ES UNA EMPRESA. ‘País’ es algo complejo, multifacético, multicultural y sobre todo: ’País’ son PERSONAS… no números, no censos, no gráficos que bajan y suben. Un ataque frontal a la cuna de la violencia debe ser dirigido a satisfacer las expectativas de los jóvenes; y un corte transversal a la gestación violenta debe ir bien conducido a la protección real, radical y profunda de la niñez.

Cuando una madre soltera, o una madre con varios hijos en condiciones de necesidad, no puede ( no que ‘no quiere’ o ‘no sabe’) sino que NO PUEDE alimentar, vestir y educar a sus hijos porque nadie le ayuda y además el sistema al que acude es malo, con tratos despectivos, descuidado…entonces surge la figura de un Pablo Escobar repartiendo dádivas, asegurando alimentación e incluso construyendo canchas y escuelas infantiles.  Esto que hizo el ‘padre’ del nuevo modo de ser mafioso es imitado en México y Brasil con un suceso imbatible, y con lo cual los Estados deben convivir.

¿Quién compra armas y las entrega a los adolescentes? Los mismos que entregan dinero por trabajos menores, y alimentan a familias que les sirven y regalan plasmas y autos a sus soldados. ¿Quiere el Estado terminar o bloquear este perverso sistema de dependencia y muerte? La respuesta de los gobiernos, por lo general, se derivan hacia los costos que tendría una política de cambio en el tejido social que permita neutralizar y arrinconar al enemigo del Estado. Y como es costoso, y los gobiernos no quieren ser los ‘culpables’ de una crisis económica, ni ser los autores de debilitar las arcas del fisco…entonces hacen cosas superficiales, irrisorias y hasta bufonescas. O simplemente desvían la atención hacia otros espejismos.

Brasil y México ha demostrado que con la invasión militar a las favelas y barriadas se logra una apariencia de normalidad mentirosa: porque todo sigue igual y nada cambia en realidad. Colombia muestra que los mayores logros para liberarse de la escoria violenta se han cimentado sobre políticas en donde el Estado fija presencia y se abre a la gente por medio de servicios eficientes, preocupación social y expansión de la educación y de las áreas deportivas y culturales. La fuerza militar y policial en Colombia ha mejorado su Calidad, no su cantidad; pero sobretodo ha revolucionado el interior de los cuerpos policiales con una necesaria restructuración y con una debida doctrina de Derechos Humanos, y controles severos para evitar abusos. De hecho, los escándalos anti democráticos que se sucedieron bajo el gobierno Uribe, hoy se hallan en Tribunales y muchos ya han sido sancionados por la Justicia, y nuevas irregularidades salen cada día…hasta llegar al mismo Uribe. Eso significa que el Estado funciona.

Se necesitan Gobiernos valientes para ir al fondo de la violencia: presidentes decididos y firmes en sus convicciones democráticas, y por lo mismo atrevidos en la lucha en contra de la corrupción y de los abusos, pero siempre respetuoso del Derecho y del Estado de Derecho.  Y claro, esto cuesta mucho dinero…y, (es mi modesta opinión de libre ciudadano, y espero estar errado para el bien de todos)  es este el mayor escollo que el gobierno del Sr. Piñera encuentra ante sus decisiones para iniciar una política democrática de neutralización de las causales violentas. Pensar solamente en represión, en aumentar la dotación policial y en repartir dineros o favores circunstanciales es un modo de prolongar y alimentar un mal que nunca muere si no se corta su fuente de nutrición.

Por mantener las remesas en abundancia…estamos condenados a sucumbir a la violencia de unos…y de otros. Porque la solución no está en la brutal represión y en contestar siempre con bastonazos y gases. La solución ya se conoce, ya tiene antecedentes…y cuesta mucha plata.

‘Para conducir a un pueblo a la Paz se requiere que los gobernantes sacrifiquen sus intereses particulares, y que el pueblo sacrificado encuentre aliciente para terminar con sus sacrificios’ (Sabiduría)

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Written by Edición GF

septiembre 13, 2012 a 1:46 pm

Publicado en Uncategorized

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