El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

61… La Verdad Interior

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He comenzado mis 61 años de existencia en esta franja de tiempo y espacio. Jamás imaginé llegar a este punto del Camino. Y ya vivido 60 años, consumidos y bien sopesados en el buen balance de la meditación, he caído en cuenta de que mis recuerdos de niñez, adolescencia y de juventud se han puesto en movimiento inusitado como si algo en mi interior tirara raya y sumara y restara sin que nada pueda hacer mi razón y control.
Es verdad: la vida vista desde esta colina es mucho más clara, evidente y cruda. No hay en este repaso involuntario y vívido nada que me cause dolor, rabia, o alegría…simplemente veo episodios escondidos y olvidados cuan escenas presentes que se mueven como si estuviesen acaeciendo hoy.
Me sorprende, eso sí, la mirada tan diferente que obtengo hoy de eventos que recién ahora me doy cuenta marcaron algo vital en mi Camino de Vida. Pequeños hechos asumen protagonismo definitorio.
He perdonado a mis padres tan profundamente que no logro verlos en sus errores y carencias sino que los valoro en sus aciertos, e intento atesorar los escasos momentos de armonía y cariño que ellos, como la mayoría de esa generación, tanta dificultad tuvo para dar y entregar. Y el resultado de eso no es el desamor en mí sino que el amor trasvasijado a mi hijo con la convicción de que al amarlo a él también estoy envolviendo al niño que quedó triste en mi interior, y que ahora ríe y sabe amar en su inocencia gracias a la bella inocencia de Elías. Porque el amor es lo único que sana y redime. Nada más que el amor engrandece.
El amor no exige; el amor no posesiona; el amor no alza condiciones y nunca amenaza; el amor no espera que lo amen; el amor no ama para obtener algo a cuenta; el amor no obliga; el amor no requiere de formas y rituales, de empeños y visitas, de asistencias y presencia…el amor existe o no existe; y la Sabiduría del Amor es aceptar el amor de los demás en su forma y fondo, sin reclamar que sea según el propio modo o para satisfacer cariñosos egoísmos. En el amor no hay juicios. En los juicios no hay amor.
Estoy en paz con aquello que ofendí e hice daño. He pedido perdón muchas veces y he depositado mi arrepentimiento en Manos Justas y Divinas.
Sé exactamente que no haría nunca más si pudiera, y qué no dejaría de hacer si volviera.
No temo a la muerte: sé que seré medido por mi Fe, por mi Verdad Interior, por mi honestidad y coherencia ante Dios, y no ante jueces humanos. Y es mi empeño diario ser honesto y coherente ante Dios y mi Fe, sin importar lo que los demás piensen, entiendan o enjuicien. Vivo para sembrar y servir. Porque tuve años en que a nadie serví y nada sembré. Y hubo años que fueron vidas en sí mismas, como existencias al interno de esta existencia. La muerte es una oportunidad de cosechar lo que se siembra.
De todo, vienen a mí nuevamente y con fervorosa paz los monjes budistas, en estos días con mucha fuerza presencial, que me acogieron aquel 1977, y ese oscuro 1990. Arriban ahora como nunca antes los vi y entendí: comparecen cuan consanguíneos muy añosos y pacientes… y me abrazo con ellos como inmemoriales y muy antiguos hermanos de mutuo recorrido y larga ruta de trascendencia.
Me asaltan visiones que me persiguieron en mi temprana infancia. Sueños recurrentes que hoy asumo en su verdad y misterio. Quizás esté muriendo; quizás este entrando en esa edad maravillosa en que el Hombre se vuelve niño y torna a ver a Dios. No lo sé.
Lo cierto es que me dispongo a entregar lo que he vivido y que sé puede ser útil a otros: El Camino Espiritual. Es lo único que puedo dar, y es lo más que puedo entregar.
No quiero nada a cambio, sino seriedad y compromiso en quienes extienden la mano hacia mis manos abiertas. Cada día hablo con Cristo Dios, no con un Hombre, sino con Cristo Dios… y le pido con humildad y esmero que no me deje caer en la tentación del ego, la vanidad y la zonza dependencia de cosas y necesidades; e imploro a la Madre Espíritu Santo que me cobije en su Magisterio y me entregue la riqueza más preciada y portentosa a la cual Hombre sensato puede aspirar: La Sabiduría.
Porque … dice una máxima antigua… si alcanzas tus 60 años y no eres sabio… habrás vivido en vano. O aquella que se asemeja: todo Hombre transitando por sus 60 años debe ser maestro en su Índole, de otro modo lo importante de su vida será igual a lo nimio de su existencia.

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Written by Edición GF

febrero 13, 2013 a 12:08 am

Publicado en Uncategorized

2 comentarios

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  1. gracias hermano por este testimonio de vida y sabidura

    El 12 de febrero de 2013 21:08, El Andariego

    piligonzalvar153

    febrero 13, 2013 at 1:29 am

  2. Debes amar,
    la arcilla que va en tus manos,
    debes amar,
    su arena hasta la locura
    y si no,
    no la emprendas
    que será en vano.
    Sólo el amor
    alumbra lo que perdura,
    sólo el amor
    convierte en milagro el barro.
    Debes amar,
    el tiempo de los intentos,
    debes amar,
    la hora que nunca brilla
    y si no
    no pretendas tocar lo cierto.
    Sólo el amor
    engendra la maravilla,
    sólo el amor
    consigue encender lo muerto.
    (Silvio Rodríguez)

    angelicamisionera

    febrero 14, 2013 at 2:56 pm


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