El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

¿La paz derrotada… o la paz que nunca fue?

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Si alguien idealizó nuevas eras de paz y armonía que se instalarían por evolución humana e intervención estelar, hoy debiera reflexionar sobre la diferencia abismal que existe entre los sueños esotéricos y la realidad del Hombre.  Y quienes esperaron que el 21 del 12 el 2012 se acabara este mundo e iniciáramos el camino a lo nuevo y revolucionario, seguramente deberán revisar sus cálculos o cambiar de calendario.  Pero el ser humano tiene gran capacidad de regenerar sus propias convicciones y certezas, así como salvar la propia fe  de toda prueba contraria. Aquello que es experticia de los políticos, mintiendo y auto engañándose, es en verdad una forma nuestra de distorsionar la vida y doblar la historia a nuestro antojo.

La paz de los guerreristas  siempre se ha diseminado por los campos de cadáveres. Y sobre las celebraciones de héroes y conmemoración de batallas ganadas y perdidas, da lo mismo, se hacen llamados a una paz infiltrada hasta los tuétanos de señales de confrontación.

Dos atroces guerras mundiales no fueron suficientes. Ahora dos régimen de un mismo país, Corea, podrían ponerse nuevamente sobre las armas, nucleares incluidas, para dirimir asuntos incomprensibles que quedaron pendientes hace casi 60 años. Obviamente, como en todo teatro de guerra que merezca su título, allí está involucrada la maquinaria bélica de los Estados Unidos.

Nada ha cambiado: seguimos siendo esos espartanos místicos dispuestos a morir por un honor que se reinventa cada vez que las ideas inteligentes carecen y brillan por su ausencia.

Una ola de ‘sentido de guerra’ traspasa al mundo. Desde la guerrilla diaria en la ciudad, a la guerra personal en la cotidianidad, a la guerra de ideas, proyectos y políticas que deben expresarse con algún grado demostrativo de violencia…para que tenga valor y peso a considerar.  Y vamos y vemos como en Venezuela se muestran los dientes  en un espiral verbal que de llegar a las manos no será una escaramuza de viernes por la noche; y a un Evo Morales dispuesto a ganarse a sus Fuerzas Armadas colocando a su país en píe de guerra  en contra de Chile, en modo que por tal ofensiva de soberanía pueda él generar los cambios militares que aseguren una Fuerzas Armadas leales a sus propósitos… aún si eso significara una guerra o en estado de beligerancia de alto tono.

Digamos algo sobre el conflicto del mar entre Chile y Bolivia: cuando ambos países cambien la visión histórica de la guerra que sufrieron sus pueblos, y se considere que toda guerra es una estupidez y ésa en particular jamás debió acaecer, y se abandonen las retóricas heroicas y chovinistas, y se fundan los monumentos que enaltecen la sangre y la vergüenza (porque toda guerra es vergonzosa), y se desarme el lenguaje y se tenga por objeto la paz como estrategia de cooperación y progreso mutuo…entonces, y solo entonces Bolivia y Chile hallarán soluciones armoniosas y hermanables.

La lógica de la violencia es políticamente correcta y una realidad aceptable; incluso la filosofía católica la justifica en caso de tiranías y régimen es despóticos. La lógica de la paz es inadmisible porque no es parte de la realidad manifiesta, y aun si es políticamente conveniente su agitación, no es posible su imposición por sobre la naturaleza del Hombre. Cristo entonces estaba errado. Lao tse era un loco…  como el de Asís (ahora imitado desde la vereda contraria: desde la opulencia de palacio y el ejercicio de una autoridad eclesiástica que deja intactos los cancerígenos ganglios del poder vaticano). La paz y los pacificadores al final caen siempre en las oportunistas  banderas de los hipócritas generales del sistema Cainita.

Nada que hacer. Se advirtió que el clima enloquecería y nos haría sufrir, y no poco. Kioto fue el último acuerdo que nunca se respetó. Ahora cabe recoger los muertos en La Plata y seguir contando  cadáveres como lo hacemos desde el Tsunami de Sumatra, y de Chile, y de Japón…y seguiremos. Se avisa que el año 19 será el punto sin retorno de un clima que entrará en espiral destructivo irremediable. Pero los autos siguen aumentando sus ventas sin un criterio que evite el colapso, y las ciudades continúan  hacinándose; nadie detiene la contaminación y todos quieren ganar algo de este caos demencial.

Nada que hacer. Ni buenos oráculos que adviertan lo que luego sucederá realmente…pero lo que no ha de suceder sí halla eco y publicidad… ni coherencia a la cual asirse: la caída moral de las instituciones pilares es ya un dato más de la causa. Ya no importa si un cura, o un juez, o un policía, o en diputado sea corrupto, degenerado o contrario a la moral y trasgresor de la ley…da lo mismo. Un corrupto que no puede ser nunca más alcalde por haber robado…sí puede ser hoy vicepresidente de la Cámara de Diputados de Chile, apoyado por el gobierno y sus parlamentarios ¿Qué importa? Como el cura que no deja de ser cura aún si haya violado por años a los seminaristas. Como los banqueros que siguen robando y enriqueciéndose a costa de todo un país, y sigue sucediendo, hoy en Chipre, e igualmente se pasa la cuanta a la gente de a píe, al hombre común, que al final debe aceptar  ser gobernados por los mismos que lo obligan a cancelar el festín millonarios de unos pocos privilegiados. Y los que se supone serían distintos, como el gobierno actual de Francia, resultan peores: con ministros corruptos y mentirosos, y con enconadas medidas intervencionistas que hacen guerras en África como en los viejos tiempos coloniales. ¿Por qué debiéramos creer en quienes ya han demostrado que son parte del problema y no de la solución? Porque las mismas caras que participan en este escándalo histórico luego insisten en que ellos o ellas son la salida del mal que los mismos provocaron.

Nada que hacer para cambiar lo que ya está echado a rodar. Pero mucho por hacer en nuestra persona, para nuestra calidad humana, por nuestra trascendencia espiritual.

No hay respuesta en el sistema de Caín. Pero sí las hay en la libertad de nuestro propio Ser. El mundo libre está en nuestra conciencia, en nuestra relación con Dios, en nuestra espiritualidad, en nuestra coherencia de paz, en nuestra práctica de amor, en nuestro cultivo de Virtudes. Y si dos o más se unen para vivir la paz que les vive, el amor que siembran, y ponen en alianza la Virtud que alcanzan…entonces aquello que nace libre en Uno puede crecer libre en varios. Pero esa verdad interior, y esa unidad de virtudes, debe esmerarse por excluir la costumbre y la inercia del litigio, de la envidia, los celos, la expectativa egoísta y el juicio que mata al Espíritu y hace retornar al Hombre a la caverna de donde jamás ha salido y que  solo ha cambiado en apariencia y en forma, pero jamás en esencia.

Vivir en la esencia de la Coherencia Espiritual, con valores de vida aplicables y transversales: Paz, Solidaridad, Misericordia…no solamente es posible, sino urgente…una cuestión de vida o muerte.

La paz nunca ha sido derrotada. La paz nunca ha sido. Y lo que nunca ha sido es todo lo que tenemos por delante para lograr lo nuevo  y cambiar esta realidad de muerte. Y la Paz no vendrá como Gracia del Cielo: nosotros debemos merecerla, sembrarla y hacerla crecer. Entonces el Reino de Paz podría considerarnos dignos hijo e hijas de la Creación…y aumentarnos en amor y felicidad.

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Written by Edición GF

abril 4, 2013 a 4:49 pm

Publicado en Uncategorized

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