El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

Una cuestión de coherencia

with 2 comments


 

La vida podría ser más simple de lo que hacemos de ella los Hombres.

 En mi temprana juventud, aún adolescente, leí y devoré la literatura marxista, como la gran mayoría de mi entorno estudiantil. Concluí entonces que ser revolucionario era vivir de revolucionario. Y en mi buena intención y puerilidad choqué con un ‘hacer política’ que no siempre respetaba los cánones escritos, y casi nunca aplicaba la filosofía que exhalaba de las abundantes páginas del materialismo dialéctico y la concepción de la historia. Al final busqué, como otros de mi edad, un cobijo de coherencia que se acercara a la práctica de aquello que en teoría todos proclamaban.

En el exilio, finalizando mis 20 años y cumpliendo 21, fui imbuido por  la rica historia, cultura y realidad europea. En Italia pude ampliar los esquemas y romper los márgenes con Antonio Gramsci, por ejemplo, y por primera vez entender la base de la economía con lecturas bien guiadas y mejor explicadas, además de adquirir una vista extraordinaria para ver y entender los acontecimientos del planeta. Europa es el pináculo del mundo para adquirir una amplia visión de la realidad, especialmente para un latino americano con hambre de saber.

De todo, sin proponérmelo, seguí buscando mi ‘santo grial’: la conexión práctica entre la teoría y la realidad.

Mi primera vida en la meditación no fue planificada. En 1977 entraba a un Templo de Monjes budistas mahayanicos cuyo centro de creencia búdica era el Sutra del Loto. Al salir, a los diez meses, había compenetrado el budismo en su sustancia espiritual y en sus ponencias de sabiduría… y sin embargo me hallé ante diversas interpretaciones de lo único que enseñara el Buda en sus Sutras;  y de éstas no pocas ‘escuelas’ -que hacían cabeza a ‘maestros’ diversos-se  agregaban rituales o cultos que separaban a quienes se rehacían al mismo Shakyamuni. Nihayanas y Mahayanas son dos grandes troncones que entienden al mismo Buda en forma diferente. De esta división hay luego cientos de escuelas que atomizan aquello que en su revelación y espiritualidad jamás pudo ser dividido. Un patrón se repetía: de la teoría clara y la doctrina evidente no siempre resulta coherencia y aplicación congruente. Incluso negando la base de lo teórico se puede seguir siendo lo que ya no se es. ¿Cómo se entiende?

Conocí el I Ching a mis 22 años. Pero no fue para mí algo vital sino desde mis 27-28 años (1979) Y siendo China el área periodística que cubría en ese tiempo, quise entrar de lleno en la historia, cultura y filosofía de una nación que en esos años se hallaba en plena lucha interna debido a las dos almas que cohabitaban en el partido dirigente de ese enorme país. Con el sustento del conocimiento que entrega el estudio y la investigación, volví al I Ching, esta vez en el contexto de la historia y las corrientes de pensamiento que pululaban en torno a este misterioso sistema.  Pero no será sino hasta el año 88, en Suiza, que este conjunto de escrituras, símbolos y números se explaya y abre ante mi comprensión, pero de la mano y en la práctica de antiguos métodos de meditación y de rituales que fueron la llave y la clave de los Santos y Sabios reunidos en el sacerdocio u Orden (también llamado ‘Sello’) del Jade de las Alturas. Entonces asumí que esta Vía de Sabiduría era lo que fue para los Antiguos Santos y Sabios: un medio que los dioses entregaron a los Hombres para que éstos ascendieran al Camino Medio y rompieran su estado común y terrenal y alcanzaran al Gran Hombre u Hombre Superior. Y este propósito se halla a la base de toda la conformación oracular, siendo el oráculo una de sus partes, y nunca todo el sistema.  Cuando Confucio descifra la enseñanza de Wu Wan entiende que lo suyo, en años anteriores, había sido una intención perdida y declara que si contara con cincuenta años más de vida los dedicaría a entrar en el Orden del Sabio Wu Wan descrito en lo que hoy conocemos como ‘I Ching’. Para hallar la Coherencia se debe renunciar y hasta vomitar lo que se ha adquirido;  requiere gran capacidad de auto crítica y desprendimiento, es decir: de Humildad.

Cuando a finales del año 1990, en Buenos Aires, doy mi primera ‘lección’ de I Ching, a petición de un amigo músico que conocía el libro, me sorprendí al saber que había ‘interpretaciones’ diversas y hasta contradictorias de aquello que para mí debía aprenderse yendo a sus orígenes. El periodismo me enseña que todo hecho debe salir y ser visto y analizado de y desde su fuente. De otro modo es especulativo. Quedé extrañado. Para seguir mi asombro, al leer a Richard Wilhem en forma reiterada y detenida hallé decenas de advertencias en contra de las ‘especulaciones’ que ya en su época comenzaban a surgir de los círculos esotéricos y filosóficos europeos. Sobre todo advierte en contra de conclusiones alejadas de los orígenes de este conjunto chino…y siendo chino, aún si es universal… posee connotaciones y nomenclaturas que deben entenderse a cabalidad, aplicarse en rigor y seguir en coherencia.

Ese año 90’ pasé por mi segunda vivencia monacal con la meditación budista en base al Sutra del Loto. Diez meses también. La meditación, de acuerdo a lo que aprendí y viví, no es un ejercicio de relajación, sino un medio para alcanzar ‘estados’ que amplían la conciencia y  colocan al Hombre ante Opciones Trascendentes. Aquello que aprendí de los rituales de los antiguos Santos y Sabios lo pude practicar con mayor intensidad y profundidad gracias a la disciplina adquirida con el budismo. Y eso  fue lo primero que intenté compartir en Chile, desde abril de 1991. Estaba convencido que para llegar a una buena relación con el oráculo (I Ching) había que meditar con el sistema de la Flor de Oro, y entender el Camino Medio y las Ocho Virtudes, y conocer las Leyes que sustentan todo el sistema y el Orden que Santos y Sabios heredaron. Pero la gente exigía saber cómo consultar y cómo interpretar sus respuestas. Opté por no enseñar y abrí las Consultas a modo de ayuda para entender la relación con este sabio sistema. Cuando abrí los talleres nuevamente me encontré que habían ‘muchos i ching’ en el uso común, y que nadie quería ahondar sino que todo apuntaba a aligerar y banalizar. Después de 15 años de cientos de consultas y otros tantos talleres, de acuerdo al Diálogo con el Instrumento Sagrado, opté por retirarme de Consultas y talleres, aunque selectivamente seguí entregando orientación a personas con dedicación y que asumían con seriedad esta Herencia de Sabiduría. Hice el Tratado ‘el séptimo tiempo’, a modo de resumen de aquello que constituían los temas principales de la enseñanza. Me limité a pequeños grupos de reales discípulos de Sabiduría. Finalmente, en fecha reciente,  subí 32 videos con lo básico y titular de los temas, sin entrar en grandes explicaciones porque el medio no lo permite, y exponiendo aspectos que explicaré a gente responsable que demanda con respeto.

De esta vida intensa con los Santos y Sabios y el Medio Sagrado (I Ching) también quedé con la misma pregunta y cuestionamiento: ¿Cómo es posible que de una Enseñanza de Sabiduría no se actué en coherencia y se la use como un juego de ego y de lucimiento zonzo y pueril? Porque todo el I Ching, si se lo lee incluso como a un texto común, por ejemplo, expone a simple comprensión un modo superior de coherencia que el Hombre debe aplicar en su vida. Humildad, Verdad Interior, Solidaridad, Comunidad, Inocencia…no son simples imágenes para interpretar de acuerdo al azar adivinatorio o especulativo. Son las Virtudes que hacen del hombre común  un Hombre Superior. Y entonces volvemos al punto: la Coherencia. ¿Para qué tomar un alto Tratado de Virtudes y Sabiduría si se va a vivir en medio del torbellino mundano, del vicio justificado y el intelectualismo artificial?

Ya entrando en los inicios de la vejez, sabiendo que la vida termina segura en la medida que la muerte avisa su estado de salto inexorable, tengo una opción espiritual a la cual me uno con Fe y Fervor. Desde el Camino Medio uno puede ver la propia vida, y los para qué y los por qué se unen como piezas de un rompecabezas al que nunca le sobra un fragmento.

 No hay tiempo para discusiones bizantinas e inútiles. Es la hora de mirar con ojos profundos aquello que es este Mundo en el cual nos tocó vivir. No solo somos testigos de una pequeña época, sino que somos responsables de este trazo de historia que nos toca pasar. Y tener memoria global, no solamente individual, nos hace preguntarnos ¿para qué vivimos y qué debemos sembrar…? Porque desde los años 1968-69, en los que ya viví con intensidad los hechos que me circundaban, y que más tarde entendí y supe indagar para contextualizarlos; y sobretodo lo acaecido en los agudos años 70 en donde fui interprete, como parte de mi generación, de la radicalización política que se mezcló con sangre y bombardeos…el exilio…Y los años 80 llenos de esperanzas y de luchas retomadas y finales que abrían nuevas puertas para todo quién no se quedó en la guarida de su intimidad… conforman una memoria que concierne y comparten muchos de mi generación, incluso si lo vivieron desde veredas contrarias.  Y es esta memoria global la que nos hace pertenecer a una historia de la cual debemos hacernos responsables; y creo haber sido un activista de mi generación… y nunca he permitido que la Ola de las mareas me eche al borde de una isla individualista y miope. Siempre he participado, nunca me he quedado mirando. Y en todo, siempre, he buscado la ecuación de la Coherencia: esa unión entre lo que se dice y se hace, entre lo que se predica y se lleva a la práctica cotidiana, entre los postulados teóricos y la acción congruente…. que finalmente conforma Hechos y deja semillas. En todo. Coherencia incluso en la relación humana más íntima: los amigos deben ser ‘amigos’ y no ‘medios amigos’;  y la lealtad debe ser Lealtad, y no lealtad conveniente; y no hay ‘mentira blanca o pequeña’ sino que toda mentira es lo que es: mentira. Y por lo mismo nunca entendí eso de que en las relaciones de amor debe haber odiosidades, celos, desconfianzas, litigios e intentos de anular al otro para convertirlo en una cosa a merced del propio capricho y necesidad. Eso no es amor. Y si se está en el amor, lo único que nos puede vivir es el amor.  La Coherencia… ¡un tesoro que debía hallar!

Desde 1990 entré en las opciones espirituales definitivas: conocí a un Cristo que no está en la cruz, ni está muerto ni moribundo, ni es matriz de iglesia alguna, ni fomenta religión en el mundo, sino que es Dios y como tal insta a que seamos todos Hijos de Dios y Hombres Superiores. Aprendí el valor del Arrepentimiento…y con la maña de nunca quedarme en lo que entiendo a primeras…pregunté, indagué y discerní la profundidad, la Coherencia, del arrepentimiento…llegando a conclusiones fundamentales:  como que no hay arrepentimiento sin alcanzar la asunción plena de las Causas de aquello por lo cual uno debe arrepentirse; y que lejos está de ser el arrepentimiento aquel golpe de pecho hipócrita e inútil, sino que en la conciencia de la Causa hay una revalorización de los hechos y un propósito de renovación y superación que hace del arrepentimiento una base de verdadera redención humana y de ascenso espiritual.

Pero aquello que revolucionó mi existencia es hallar el Valor profundo del Perdón. Y es que sin Perdón real no hay liberación, y sin Perdón nos hundimos con el peso de las deudas que no nos dejarán jamás ser Personas realmente Logradas y en Paz. El Perdón implica No Juzgar. Y todo el desapego que aprendí con los budistas se hace realidad en el Perdón, porque éste es el modo superior de desapego.

Meditando  un día tomé el Sermón de la Montaña e internamente volví a las Enseñanzas de Sabiduría de mis guías budistas, y vi ante mí las Ocho Virtudes de los Santos y Sabios…y me dije: ‘aquí está la regla de la Coherencia’.  Hallé mi ‘santo grial’. La madre Sabiduría es la esencia de la Coherencia.

No sé si lo he logrado, habiendo ya avanzado 13 años del siglo veintiuno,  pero lo he intentado cada día, y cada día lucho por lograrlo: vivir de acuerdo a la práctica consciente de las Ocho Virtudes y de la Enseñanza Cristica del Sermón de la Montaña…porque de tanto buscar la clave de la Coherencia he hallado que en la Sabiduría está la Coherencia. Y estos preceptos deben ser puestos en la práctica y deben regir cada espacio de la existencia, y no debe haber algo interior en mi intimidad  que contradiga su esencia y virtud.

Desde la simplicidad de las Ocho Virtudes y los mandamientos contenidos en el Sermón de la Montaña podemos construir nuestro andar interior y podemos relacionarnos con este mundo tan lleno de incoherencias. La clave estará siempre en la regla moral que uno se coloca cuan línea de Ser y de Comportamiento. Y desde este Orden es que uno entiende que muchos de los que viven en la incongruencia, gritando verdades que no viven en sus interiores sino que sobre- nutren desde la sombra de sus egos, en verdad no poseen una regla moral…es decir: una jurisprudencia de la Conciencia. Porque la vida de uno se hace superior y va ensamblando los trozos del rompecabezas personal cuando adquiere una norma (o arte) de Conciencia y de propósito Espiritual que dirija todo nuestro modo de vida,  y la manera de existir.

La Coherencia no es una práctica bien intencionada: sino que es una vida humana- imperfecta-  que viaja sobre vías de Virtud y de Espiritualidad que nos hacen personas con identidad. Nunca se ha tratado de perfección humana, sino de Coherencia. La perfección siempre ha sido Espiritual. La Coherencia es lo que nos hace PERSONAS.

 

Anuncios

Written by Edición GF

junio 7, 2013 a 4:10 pm

Publicado en Uncategorized

2 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. “Tu lo has dicho: soy rey. Yo nací y vine al mundo para decir lo que es la Verdad. Y todos los que pertenecen a la Verdad, me escuchan.
    Pilato le dijo: ¿Y qué es la Verdad?
    En la búsqueda de la Paz interior y la razón de ser de mi existencia, hice muchas veces en mi vida esa pregunta a Dios. Hoy que estoy en este camino Espiritual, que tengo Pertenencia a la Casa de Cristo, que he recibido la Gracia de la Conciencia de quién soy, me empeño en la vivencia de las Virtudes, en vivir el Espíritu de Cristo del Sermón de la Montaña y en hacer la Voluntad de Dios en coherencia a lo que soy.
    Hacer todo eso no es nada fácil, hay que luchar, no ceder ,levantarse siempre si caemos, una y otra vez, y no cesar jamás el empeño, aunque nos lleve la vida en ello.
    Hoy se que esa coherencia, es La Verdad.
    Hna.Cecilia

    misioneraatacama

    junio 9, 2013 at 5:11 pm

  2. «Por sí misma y esencialmente (per se et essencialiter), la perfección de la vida cristiana consiste en la caridad: en el amor a Dios, primeramente, y en el amor al prójimo, en segundo lugar; sobre esto se dan los preceptos principales de la ley divina. Y adviértase aquí que el amor a Dios y al prójimo no caen bajo precepto según alguna limitación -como si lo que es más que eso cayera bajo consejo-. La forma misma del precepto expresa claramente la perfección, pues dice «Amarás a tu Dios con todo tu corazón» (todo y perfecto se identifican); y «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (y cada uno se ama a sí mismo con todas sus fuerzas). Y esto es así porque «el fin del precepto es la caridad» (1 Tim 1,5); ahora bien, para el fin no se señala medida, sino sólo para los medios (el médico, por ejemplo, no mide la salud, sino la medicina o la dieta que ha de usarse para sanar). Por tanto, es evidente que la perfección consiste esencialmente en la observancia de los mandamientos.

    Hershel Briggs

    junio 11, 2013 at 7:47 am


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: