El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

40 años… son muchas vidas y demasiadas muertes

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Mi testimonio a 40 años del golpe militar de l973

Los hechos del 11 de septiembre del año 1973 siguen separando a los chilenos, y a toda persona que vivió aquella época convulsa en nuestra América Latina.

Pertenezco a esa generación, y me reconozco en esta historia. Fui interprete de los eventos y participé activamente en los avatares de una época que debe ser entendida por lo que fue, por lo que era, y no debe ser juzgada desde el hoy y bajo el contexto del ahora. El aquí y ahora nos debe servir cuan plataforma crítica que nos permita un análisis objetivo, desapasionado y maduro. Nunca el hoy debiera transformarse en el cedazo por el cual pasar la vida de esos años ricos en experiencias y aprendizajes.

Porque entonces existía una espada de Damocles sobre todos nosotros: la Guerra Fría. Quizás hoy no se entienda lo estricto y apretado que era ese cable al cuello de la gente, pero nada escapaba a esa Guerra permanente entre Dos Superpotencias que tenían absolutamente infiltrada toda la política mundial.

Cuando estuve en Alemania, fines de l973, vi de este lado del muro de Berlín los misiles bien dispuestos hacia el Este; y al mirar hacia el Este con prismáticos podía distinguirse la figura de las baterías con ojivas nucleares de Alemania Oriental. La tercera guerra atómica estaba a metros, a minutos y siempre en ascuas. En mi niñez viví la crisis de los misiles en Cuba a través de la polémica de mis tíos: uno que era anti-comunista, y otro que era socialista. Y ambos compraban muchos diarios y yo los leía todos. Por primera vez sentí esa sensación extraña de que en cualquier momento se abriría la tierra y nos tragaría a todos.

Cumplí 14 años haciendo parte activa y militante en las Juventudes Comunistas de Chile. La familia con la cual me estaba quedando…los Maturana… eran comunistas,  y ése año hubo una larga huelga de profesores y ocupamos nuestra escuela, y en esa ocupación entré a la célula estudiantil del Regional de San Miguel de las JJCC.  En los años 68-69 hubo grandes movimientos de estudiantes en todo el orbe. Fue el connotado ‘Mayo del 68’ en París. Fue la masacre en la plaza de ciudad de México, y el Cordobazo en Argentina. Fue la invasión del Pacto de Varsovia en contra de la ‘primavera de Praga’; fue el tiempo de la lucha interna en el Partido de Mao Tse Tung en China; fue la época del recrudecimiento de la guerra en Vietnam. Era el momento de las reformas en Chile: de la educación, del agro. Y en todo se movía la sombra de la Guerra Fría y su guerra de espías e infiltraciones.

¿Podía alguien quedarse fuera de esta rueda en pleno movimiento? No yo. Había que informarse y éramos una juventud devoradora de libros, de revistas y ensayos. A mis 16 años ya había pasado por varias ‘escuelas de cuadros’ y los textos de Marx, Lenin…Maotsetung, Fidel Castro… economía…filosofía…y sobre todo Historia…eran pan necesario para estar a la altura de la discusión política que se daba a todo nivel, incluso en la cena de año nuevo, o en la Plaza de Armas en Santiago. Era entonces dirigente de FESES, y en la dirigencia de la democracia cristiana estaba un joven de apellido Yunge, con el cual forjamos algún tipo de acercamiento. Porque los demócrata cristianos eran personas instruidas, y ellos eran en ese tiempo el enemigo a destronar. Los socialistas eran anti-comunistas, pero aliados, y eso impelía a grandes debates ideológicos. Así, a mis 17 años soy un brigadista activo en la campaña de Salvador Allende. Y cumplo los 18 con Allende ya presidente, y postulando a ir por asegurar al gobierno mediante ‘la aceleración del proceso’.

Jóvenes  que eran de derecha, del Partido Nacional, o de la Democracia Cristiana, se radicalizaron y muchos se violentaron en contra del Gobierno de Allende. Ya uno no podía tener amigos que no fuesen de la propia ideología, porque todos comenzamos a ser enemigos de todos. Hasta pololas que quedaron de la otra vereda política ahora parecían odiarte. Así fue.

Era muy difícil hallar a quién no tuviese algún grado de participación en política: o eras activo en contra de Allende, o eras activo en favor el ‘proceso’. No había un ‘centro’ o una ‘tercera alternativa’.  Quién no estaba de una parte o de la otra…era un ligero de casco, un don nadie.

Y en tanto, Richard Nixon, el egotista y extraño presidente de los EEUU, con su consejero de Estado Henry Kissinger, el Maquiavelo de esta época, orquestaban la caída de Allende fomentando y pagando un plan de subversión ahora ampliamente documentado. Por su parte, el burócrata Moscovita Bresnev, jefe de la Unión Soviética, ponía sus condiciones para apoyar al Gobierno de la Unidad Popular, y Cuba, con Fidel Castro en primera línea, hacía esfuerzos denodados para consolidar a los revolucionarios y evitar la predominancia de los ‘reformistas’ el interno de la coalición de gobierno allendista. Todos movían sus piezas. Los socialistas iban a la izquierda; los comunistas pasaban de la confianza hasta majadera en la institucionalidad, para jugársela por un ‘No a la guerra civil’…hasta conformar tardíamente aparatos de defensa militar.  La democracia cristiana sufría en todo este tiempo dos rupturas y escisiones: el mapu y la izquierda cristiana. La organización para-militar de carácter fascista ‘Patria y Libertad’ ya tenía a su haber atentados y la muerte del General Schneider. Algunos más radicales en la izquierda entraron en la desesperada lucha armada: como las VOP, que mataron al ex ministro de Frei Montalva, Pérez Zucovich, y luego se inmolaron en las puertas del cuartel de la Policía de Investigaciones. Mientras que Allende nacionalizaba el Cobre y las grandes compañías extranjeras firmaron entonces la sentencia de muerte del osado gobernante.

¿Puede alguien hoy, desde el estricto hoy, entender lo complejo, acelerado y turbulento que era todo aquello? Un año era como vivir 10 años de acontecimientos y eventos. Parecía que el tiempo se había vuelto loco. Se dormía siempre menos. Nos pasábamos en la calle, en las fábricas, en concentraciones y en reuniones. Cada día sucedía algo…y todo era importante. Nadie se quedaba al margen: las iglesias tomaban parapetos…unas parroquias y pastores eran casi comunistas…otros se endurecían en el más feroz anti comunismo. Desde los púlpitos se hacía política. En los café nocturnos en plena Alameda se formaban ardorosas discusiones que solían terminar a puñetazos. En los cines daban Noticiarios y quedaba la batahola entre el público cuando aparecía Allende, o Frei Montalva, o una noticia del Paro Camionero. Todo lugar era una trinchera. Las familias se dividían: ya no se visitaban a los ‘momios’ o a los ‘upelientos’. Así vivíamos.

¿Qué hacer siendo un joven con inquietud política y social? Obviamente: participar. Y participé.

En Julio del año 71 hubo un ‘ampliado regional del Partido y la Juventud comunista’. Era delegado, así como lo fui antes en el sexto congreso de la ‘Jota’. Y fue en dicha reunión, en aquel Julio del año 71, que rompí mi militancia. Fui calificado de ‘ultra’, y de inmediato los amigos de años me convirtieron en enemigos despreciables,  y no perdían ocasión para agredirme verbalmente. Fue esa mi primera decepción de la política: mi ideal de camaradería y la tontera existencial de que ‘somos todos compañeros’ se fue por la cloaca. Despertaba a la dura realidad de la política que no sabía si me gustaba… Entonces, al mes siguiente, entré a las filas del MIR.

Entonces se hallaban en construcción ‘Los Cordones Industriales’ y me designan en la zona de Macul para organizar el ‘Cordón Macul’, y para eso entro a la fábrica de caucho y rápidamente soy elegido en el sindicato y delegado al Congreso de la CUT. Formamos el FTR (Frente de Trabajadores Revolucionarios). Y en ese contexto organizamos con el Partido Socialista las ‘Tomas’ de diversas fábricas del sector para obligar a su ‘Intervención’. Así ocupamos la Textil Pollak. Pero no la policía nos quiso desalojar: sino el Partido Comunista y sus brigadas. Nos rodearon y nos aislaron, provocándose fuertes enfrentamientos entre los miristas, socialistas y ocupantes…en contra de los grupos del PC que querían desalojarnos. Hasta que se logró realizar una asamblea general para que se votara y se decidiera qué rumbo tomar: en esa asamblea, borrascosa por cierto, intervino un joven mirista, Carlos Ominami, y su discurso tuvo tal efecto que provocó la victoria de las posturas nuestras en dicha asamblea;  y este delgado joven con bigotes finos, salió en andas al hombro de los trabajadores. Entonces era yo el encargado de la ‘Unidad’ del Mir que ocupaba dicha fábrica. 

Cuando se me encarga ‘penetrar’ una ‘Toma’ de terreno en Avenida departamental, frente a lo que es hoy el estadio de Colo-Colo, hubo necesidad de instruirnos en ‘auto-defensa’. Asisto a mi primera formación en artes marciales. Luego entro a la preparación militar básica que entrega la Dirección del Mir en una zona alta de Santiago, del barrio Colón, entonces lugar de grandes casas y aún mucho campo. Allí conozco al ‘pato malo’ y al ‘pelao Melo’. Ambos miembros de ‘Fuerzas Centrales’.

Aníbal era mi jefe superior. Santiago mi jefe de Unidad. Ambos asesinados en la lista de los ‘119’ que supuestamente murieron en enfrentamientos en Argentina. En realidad todos fueron literalmente masacrados en los regimientos Buin y Tacna. Y los nombro a ellos porque ambos supieron de mis ‘desviaciones espirituales’: sabían que yo meditaba y leía a Lonsag Rampa. Y en lugar de criticarme me llenaban de preguntas y les parecía increíble lo que hacía;  y el flaco Santiago me pedía que le enseñara porque decía que meditar le hacía estar tranquilo. Aníbal me confesó entonces que él había pasado en un grupo filosófico-esotérico de ese tiempo. Esa aceptación amplia, democrática, para nada ortodoxa era algo que me complacía en el MIR. Pero la realidad diaria no estaba para cosas esotéricas: la violencia se hacía cada vez más aguda.

Un día Aníbal me saca de una reunión, en la casa que teníamos en la esquina de José P. Alessadri con los Olmos, y me cambia el rumbo: ‘pato malo’ me había pedido para integrar Fuerzas Centrales (el aparato militar central del MIR). Debí abandonar todo. Debía incluso decir que ya no militaba; a mis compañeros debía desinformar haciéndoles creer que me retiraba de todo, que ya no era militante. Así aprendí a tener una doble vida. Debía hacerme de ‘un manto’, es decir de una historia de vida que cubrirá mi preparación y acción en Fuerzas Centrales. No podía participar en marchas, ni en manifestaciones. Nada.

Mi hermano era militante del Mir. Él menos que nadie debía saberlo: un día estábamos en una reunión de Unidad y nos cruzamos con otros que no debíamos vernos…pero nos topamos y entre ellos venía mi hermano. Fue un chiste.

Mi indisciplina me costó algunos enfriamientos: trabajaba en el hospital El Salvador, como Controlador de Bodega, y la Bodega central del Hospital estaba a cargo de otro mirista. Cuando los contrarios al Gobierno de Allende ocuparon las instalaciones del hospital, en un caso de portada de diarios en esa época, yo no encontré nada mejor que organizar con Andrades, el mirista de las bodegas, unos grupos de izquierda para desalojar a los de derecha: resultado…heridos y gran escándalo. Terminé sumariado en el hospital, y acusado en los diarios de ser el agresor de un médico que perdió un ojo. Y esto me valió el enojo de mi jefe en el Mir y mi temporal suspensión de Fuerzas Centrales. Así, quedé en el aíre.

Era en ese tiempo Bombero de la entonces primera Compañía de San Miguel, en la calle Salesianos casi al llegar a Gran Avenida. Además de ser un excelente ‘manto’ (encubrimiento) era en verdad una vocación que me llenaba y me daba grandes satisfacciones. Y ahí se da un fenómeno que he valorado por años, hasta hoy: entre los jóvenes bomberos, y en especial quienes hacíamos parte de la Guardia Nocturna, había una camaradería por encima de la política y la militancia. Cosa que en este momento era imposible: nadie podía convivir con ‘el enemigo’. En efecto, Jaime Maturana era comunista, yo era mirista, Jaime Meza estudiaba en la Universidad Técnica y era de izquierda, pero Jaime Cruz era declaradamente de derecha, como el negro Nano, y como Claudio Zurich, que reemplazaba en la Guardia y era muy amigo nuestro. Pero nadie hablaba de política para enojarse. Menos se peleaba. Y éramos realmente amigos, camaradas solidarios sin mentiras y sin juicios entre nosotros.  A la cabeza, como nuestro líder, Mario Bustos. Todos jóvenes distintos en una época en que los chilenos éramos todos demasiados parecidos en nuestro fanatismo.

Para la venida a Chile de Fidel Castro  paso a integrar una unidad del Mir que trabaja con los aparatos del GAP (el grupo de defensa personal del Presidente Allende) cubriendo los sectores externos de la casa de Tomás Moro, o copando puntos cruciales en los anillos externos en donde se concentraba la gente por las visitas de Fidel.

Nuevamente me avisan que debo parar con todo, porque en Noviembre del año 73 debía viajar a México, y luego a Cuba, para recibir una completa preparación militar. Obviamente nunca sucedió. El 11 de septiembre cambió todo. Hace 40 años.

Cuando en la mañana del 11 de septiembre, estando en el cuartel de Bomberos, supe del golpe militar…quedé estupefacto, frío, desorientado. No tenía forma de contactarme. Entonces intento empalmes con gente conocida. Pido a mi hermano que hable con Aníbal, con Santiago…pero no era posible. Incluso mi hermano casi cae en una trampa, y es testigo de cómo se llevan detenidos a sus compañeros. Así las cosas, mientras estaba en ese intento, ya camino al cuartel, sale el carro bomba con su sirena desplegada y a pesar de correr para subir…no lo alcanzo.

El carro de la Primera, un viejo camión REO, fue emboscado por los grupos del Gap que se habían desplazo a la población La Legua. Es acribillado a tiros, y los bomberos son obligados a descender y se llevan el carro para usarlo en sus desplazamientos; también copan la Segunda Compañía que se hallaba en la población. Cuando recibimos el informe por la  radio del cuartel, mi primera intención fue ir a La Legua, pensando que era la gente del Mir la que resistía. Vestido de bombero emprendo a pie la ida hacia la Población por calle Salesianos. Llegando  la Fábrica que se encuentra en Salesiano con San Francisco, de la Lever entonces, se produce un tiroteo entre los trabadores atrincherados y carabineros. Me resguardo detrás de un poste, irónicamente cerca de la casa de mi abuela materna, y aparecen camiones con personal de la FACH. Entonces retrocedo hasta la casa de los Maturana, en Chiloé y Salesianos, y me escondo allí.  La balacera fue infernal. Y cuando aún se disparaba, pero ya no habían militares cerca, salí, y a boca de jarro me apuntan con un fusil: ‘ ¡es un bombero…!’ –grita un conscripto-  ‘¿Y qué hace aquí ese huevón…’ dice un oficial. Y yo le digo: ‘voy a un Llamado porque se está quemando un vehículo militar….’  Y el teniente grita: ¡Ya po’ huevón,…corre antes que se queme la huevá…’ y los militares reían. Parecía una tregua. Ya no se disparaba.  Apenas llego a las puertas del cuartel se desatada el pandemonio: los trabajadores eran desalojados violentamente, y los iban tirando en las veredas como a sacos de papas. Para ver subí a la torre de la alarma y miraba con prismáticos. Sentía que pasaban las balas por encima de mi cabeza, como zumbidos de pájaros veloces. Un avión giraba en círculo sobre nosotros.  

En la tarde todo parecía finiquitado. Y recién como a las 18 horas pasa un contacto y me ubica. Me citan para el otro día al barrio Macul: a una casa en la calle  los Tres Antonios. Me costó muchísimo llegar. Pero me vi envuelto en enfrentamientos en donde solo corrí y corrí  por mi vida. Entonces me fui de ese sector y en Avenida Grecia un taxista anciano me lleva hasta San Diego, y de allí camino hasta Franklin, donde me encuentro con un Bombero cuyo padre tenía un restaurante por allí, y juntos llegamos al cuartel.

Los siguientes días serán de intentos, y con mi hermano de alguna forma estaba al tanto de lo que acontecía. La represión nos alcanza rápidamente. Dos de los Maturana están Desaparecidos. Jaime, el Bombero, fue apresado y pasó por el campo de concentración  Tres Alamos y luego al exilio en México. Buscaban a mi hermano. Y por lo del hospital, mi suegra que trabajaba allí, me avisa que habían apresado a mi polola, Viviana, y que estaba en el Estadio Nacional. Que había apresado a mi cuñado y que me querían a mí.

Cuando todo parecía perdido, son mis camaradas Bomberos, de derecha, partidarios del golpe de Estado, quienes me ayudan a escapar: uno falsifica una carta para usar de salvoconducto para viajar hasta Arica, y con eso efectivamente viajo en bus hasta la extrema ciudad del norte para pasar a Perú. En Arica alojo en un cuartel de Bomberos, pero allí éstos colaboraban con las patrullas de Carabineros y salían de noche a disparar a las poblaciones. Guardaban armas y explosivos en los armarios de la guardia nocturna. Me vi atrapado. Soporté. Pero como me negaba a salir con ellos…comenzaban a sospechar. Se había tornado muy delicado el caso.

Debía salir a las 5 de la madrugada de un día sábado para cruzar la frontera por un lado desértico. Al llegar al contacto que debía pasarnos nos avisa que el grupo del día anterior había sido atrapado por militares peruanos y los habían entregado a los militares chilenos y los habían fusilado en el lugar. No le creí al tipo, pero se notaba muy nervioso y asustado, y eso me bastó para desistir.

De vuelta a Santiago. El cerco se había estrechado: me habían ido a buscar al cuartel de Bomberos. Mi hermana me esconde en una casa de campo de su patrón de trabajo, un judío que sabía mucho  de escapar y de muerte bajo persecución, pero al poco estar en Melipilla, se produce una razzia de militares en busca de guerrilleros campesinos que habían asaltado a una patrilla de carabinero. Debí salir rápidamente.

Entonces entre los Bomberos, incluyendo a uno que luego trabajó para la CNI – la inteligencia del régimen militar- juntaron dinero para que me escondiera. Y mi amigo Jaime Meza y su hermano Gari (ahora y de hace años mi cuñado) (Jaime es hoy un connotado Juez de la República) me ayudaron a asilarme en la embajada italiana.

Cumplí 21 años en Roma, el 28 de Enero de 1974.

Han pasado 40 años. En aquellos primeros años de exilio estaba aturdido por la muerte de tanta gente conocida. Viví la mayor crisis de fe que nunca he pasado en esta existencia. Deseché por completo a Dios. Me volví un ateo militante. Ocupé cargos en el Mir en la ciudad de Milán. Pero después de una extraña experiencia en Yugoslavia (actualmente Serbia)…volviendo a Italia me separo de la política chilena, y me dedico enteramente a vivir Italia. Pero duró poco. Publico un libro de poemas, bajo el pseudónimo Camilo Maturana,  que sin pretender me abre puertas y me bota nuevamente a la política. Esta vez en grupos marxistas leninistas italianos. Entro al periodismo; fundamos una revista Cultural que tiene en su momento alguna incidencia (Nuova Cultura); trabajo en proyectos de diarios que terminan después de un mes… Y junto a Raúl Matta, sobrino de Matta el pintor, formamos una estructura de apoyo a los grupos marxistas leninistas que trabajaban en América Latina. Así entro en contacto con Palacios, Fuentes y otros que eran los ‘históricos’ del PCR (comunistas revolucionarios) de Chile y que estaban en París.

La poesía y el periodismo y la política me llevan a viajar por toda Europa y Canadá.

Entre tanto, el año 1977 me quedo sumergido por 10 meses en una abadía budista que me regresó a lo espiritual y me rescató del ateísmo. Pero desde finales de 1975 el I Ching había pasado a ser un consejero fundamental en mi vida, pero era un asunto muy íntimo, y  era una relación aun  esporádico, casi un secreto…era parte de mi incoherencia oculta.

Viví, conviví a mis 22 y 23 años intensamente con Claudia, una Colombiana de Cali que me puso al borde del abismo, pero que me enseñó todo lo que luego fui como hombre. Me marché a Suiza, experimenté en la música, en los negocios… y en el matrimonio acordado para obtener permiso de estadía en Suiza. Ya fuera de la política, lejos del dolor de los primeros años…pensé que mi vida terminaría en los viñedos de Merlot de mi suegro, en Camorino, Ticino.

En el año 1981 la vida movió sus hilos. Conozco a Patricio Manns, un viejo y conocido poeta, escritor autor y cantor, y a su esposa, Alejandra Lastra. En Ginebra. Y por intermedio de ellos llegan a mis manos los documentos de la discusión interna del Partido Comunista de Chile. Fue la primera vez que supe que el partido preparaba estructuras militares para enfrentar a la dictadura. Reingreso al partido, y soy recibido casi como el hijo prodigo: y en esas vueltas extrañas me encuentro con uno de aquellos jóvenes, ahora menos joven, que en su momento, cuando abandoné la  Juventudes Comunistas en el año 71, había usado tratos duros para conmigo. Allí estábamos otra vez, después de años y mucha agua debajo del puente… exiliado, bajo la misma bandera, pero aún con serias discrepancias: en efecto él no concordaba con esta ‘nueva política del partido’. Son los años de la guerra en Centro América, y en la guerra de Nicaragua se formaban los futuros oficiales que irían a combatir a Chile.

El año 1983 el gobierno militar elimina las prohibiciones de retorno y permite un regreso controlado de exiliados. Comenzaban las protestas en contra de la dictadura. Después de un breve viaje a la Alemania Oriental, regreso a Chile. Me acompaña la esposa helvética, Carla, con el claro propósito de que su nacionalidad Suiza y la relación fluida con la embajada helvética sirvieran de protección. Acá en Chile nos encontramos con un amigo de Suiza, un camarada de partido, Marcial Moraga,  el que venía con su pareja, ella también Helvética, Isabel Mayoraz. Formamos un grupo de amigos, y ‘las gringas’ eran amigas entre ellas.

Inscrito en la Sociedad de Escritores  de Chile participo en la formación del ‘Colectivo de Escritores Jóvenes’. Mi tarea encomendada  real era contactar a la Dirección Publica del partido para colaborar en el armado  del aparato de seguridad de los dirigentes abiertos del partido. Algo se hizo. En algo pude cumplir. Pero cuando por medio de Patricio Madera me puse en contacto con Manuel Guerrero, en el taller del pintor,  en Matucana, pude por fin entrar en mejor vereda: con Manuel Guerrero nos conocíamos desde la época de Feses y de la JJCCC. Quedamos de juntarnos…pero nunca pudimos: fue secuestrado y degollado junto a otros dos connotados comunistas. Estuve en su funeral organizando  los anillos de seguridad. Pero luego del entierro…pensé seriamente regresar a Suiza y dedicarme a algo bien alejado de la política…meditar…ir al Tíbet…Y Carla me incentivaba…¡Sí, vámonos-…! Entonces, en un asado, en casa de un médico que también venía de Suiza, Marcial Moraga me propone entrar al FPMR.

Informo al partido y se me da la anuencia. Carla se regresa a Suiza. Isabel se queda y se incorpora al Frente. Durante el tiempo que milité en el Frente sostuve algún nivel de contacto con la dirección del partido, y  mientras se acercaba la crisis entre la Dirección del Frente y el Partido, más se acentuaba mi relación y colaboración con el ‘aparato militar del partido’.

Mediante Cecilia Magni, Tamara, se me incorpora primero a la logística territorial, luego a la estructuración de milicias territoriales;  más tarde se me incorpora al grupo a cargo de Propaganda: ediciones, grabaciones, contacto con periodistas, conferencias de prensa clandestinas, videos de acciones y su difusión, etc. Sobre todo mi aporte estaba en el contacto con la prensa y periodistas extranjeros. Cuando se produce la crisis política con el partido, Raúl Pellegrin pide conformar una ‘comisión política’ que era en realidad un conjunto de personas que emitíamos opiniones teóricas y documentos ideológicos. Yo escribí varios de esos documentos.

Hubo un día en septiembre del año 1986 que se suponía ‘el día de la rebelión popular’. Ese día me sacan de mis tareas ‘civiles’ y me colocan a cargo de las Milicias territoriales en la zona de Peñalolén. Otra unidad especial del Frente, se acuarteló con mucho armamento. Las milicias no tenían armas, pero se suponía que una vez estallada la rebelión se entregarían. Cuando los militares rodearon la población y se acercaban a la casa del acuartelamiento de la Unidad especial…quedamos solos. La radio solo captaba estática. Luego fueron cayendo los milicianos. Fue un fracaso. Ese mismo jefe que nos abandonó en tales circunstancias, luego caería en una acción inútil en el aeródromo de Tobalaba.

Aprovechando mi llegada – en documentos- a la dirección, propuse y abrogue por una ‘salida política’ y me atreví a proponer rediscutir el concepto militar que implementaban los Comandantes venidos de Nicaragua, por considerarlo inaplicable.  Ahí comenzaron mis problemas.

El atentado a Pinochet me sorprende en una casa del partido, muy cerca de donde vivía el Director General de carabineros, Mendoza. Allí había encontrado a Mario Insunza. Había recibido días antes del Frente la orden de acuartelamiento para preparar una gran conferencia de prensa, se me pidió que  contactara medios europeos. Y eso hice. Era mi trabajo. Pero luego los contactos se interrumpieron. Esa misma noche del atentado recibo un mensaje en mi Bipper. Era Tamara. Pero no llegó a la cita.  Soy contactado por el Encargado de Santiago, el bigote (supe mucho tiempo después que éste había sido ajusticiado por una Unidad del Frente debido a que supuestamente era un infiltrado) y me pide parte de mi estructura de seguridad, para entregársela a otros que estaban débiles en su seguridad. También me delega una parte de la logística para que la resguardara en mis barretines. La represión ya estaba por alcanzarnos, pero muchos  combatientes eran desprolijos en cuanto a cuidados de seguridad.

En Noviembre cae Marcial Moraga. El nombre de la gringa Isabel ya está dando vueltas. Y Marcial es torturado y en medio de los apremios se le pregunta por mí. Mi nombre aparece en el Diario La Tercera como parte de los fusileros que atentaron contra Pinochet. Yo jamás estuve allí. Nunca supe de este plan, no me correspondía. Pero ahí estaba. Perseguido y con mi hermana (que nada tenía que ver) en una celda de la Policía de Investigaciones, como mi contacto con el partido, y una amiga que me ayudaba, y mucho, en mi labor. Me esconden por un mes en el segundo piso de una casa de población: era como estar en la cárcel. Pero la crisis con el partido lleva las cosas a un nivel extraño. La Dirección del Frente sospecha que soy ‘informante del partido’. El partido cree que me quedé con ‘la fracción’. Estando encerrado en esa pequeña pieza con otro joven, se me solicitó opinión política sobre los puntos de ruptura con el partido y sobre las estrategias a seguir: mi postura de optar por una forma política y convertir al Frente en un referente político…cayó pésimo…mientras ganaba terreno la teoría de la ‘guerra popular prolongada’.

Paso para Argentina, en donde establezco contacto con el partido, y ayudo en el Frente a la confección de artículos políticos y otros trabajos similares. El partido me sugiere que permanezca en el Frente que ellos llamaban ‘la fracción’. Vuelvo a Chile, es mediado de 1987. Ya la separación entre el Frente y el partido es total. En condiciones de seguridad sumamente precaria, el Frente rompe sus vínculos conmigo. También pierdo contacto con el partido. Quedo solo.

Desde Suiza, Carla, logra establecer un modo de sacarme hacia suelo helvético, pero debo llegar a Montevideo, porque se haría por medio de la embajada  en Uruguay. Logro pasar con muchísima fortuna hacia Argentina. De verdad fue un milagro. Y desde allí a Montevideo, en donde el Partido Comunista del Uruguay me recibió y me cobijó excelentemente.

Los primeros meses de 1988 entraba a Suiza. Desde ese momento renuncié para siempre a la militancia, y entré de lleno en el Camino Espiritual.

Sin embargo, habrá dos episodios bizarros que hacen de la vida un juego de entramados llenos de cinismo: el año en que el General Pinochet fue apresado en Londres, yo ya fuera de toda cuestión contingente y de militancia, completamente inmerso en este Camino Espiritual, soy entrevistado por una periodista del Diario La Época, de ese entonces. Y unos meses antes, en base al I Ching, pronostico lo que más tarde sucedió a Pinochet en Inglaterra. La noticia del acierto me hizo ‘famoso’ por un tiempo. Cosa que nunca me ha interesado, y por lo mismo rehuía a las invitaciones que me llegaban de muchas partes. Pero una no pude evitar: el entonces detenido senador Pinochet pedía que el I Ching, o ‘este caballero’, le hiciera llegar una visión de su situación y el desenlace de su caso. Su máxima preocupación en ese instante era si iba a ser extraditado a España. La Fundación Pinochet envía a un emisario, y yo realizo una sesión de I Ching como si él estuviese enfrente de mí. Se graba un casete y se le envía. Luego supe que lo recibió y que lo había tranquilizado en parte: allí se pronosticaba que no iría a España.

Uno que fue exiliado, uno que era opositor a su política… finalmente anuncia su máxima caída en el extranjero, pero también le da esperanzas anunciando situaciones que luego también se concretaron tal cual. ¡Rara la vida!

El segundo episodio acaece en mayo del año 2009. De regreso de un viaje a Iquique por asuntos misioneros, en el aeropuerto de Santiago, soy detenido por Policías de Investigaciones. Era por el atentado a Pinochet, y una orden antigua de detención. Había supuestamente otros asuntos…pero al revisar los policías constatan que solo era por el asunto del atentado…y de ahí comencé a ser tratado como ‘terrorista’. Me esposan; de una habitación sacan metralletas que parecía que nunca usaban, y me llevan bien custodiado. No podía creerlo. El pasado volvía con su larga cola… Y me llevan a la cárcel de San Miguel. Oré y Oré para que no me dejaran en la cárcel, pero parecía imposible. Ya estábamos ante las puertas del penal. Pero se había declarado una huelga en gendarmería, y no me recibieron. No estuve en esa cárcel. Me llevan al Cuartel de Borgoño de la PDI, y me tratan muy bien. Dejan que Gonzalo y Gustavo me visiten y me lleven cosas. Me ponen en una celda con ducha caliente. Me dan buen desayuno. Fueron amables en todo momento. Y eso se lo reconocí al Director de la PDI de entonces, en una carta mía que fue respondida por el Comisario Cuevas, entonces Relacionador  Público de Investigaciones.

El Juez Cisternas me leyó en parte el expediente de acusación, me dejó hablar, y luego de una hora me declaró libre por falta de mérito.

Desde aquel oscuro e incierto 1988 –  cuya luz estuvo en el I Ching y los ancianos de Basilea y el abogado de Locarno que debía ayudarme en el divorcio con Carla y terminamos ensimismados en el I Ching,-  fui saliendo de los años de militancia y sus lagunas de vida siempre intensa, para por fin llegar a los budistas japoneses, al inicio del 90’ – que al igual que aquellos nepalíes en el 77 -’ literalmente me cobijaron en sus meditaciones y me hicieron de nuevo sin nunca pregunta nada, ni pedirme nada. Saliendo como nacido de nuevo de los hermanos budistas, y con el I Ching hablándome… me he dispuesto a aceptar a Dios tal y cual se me presente. Porque si la vida ha sido tan autónoma en sus hechos y consecuencias…¡más libre será Dios en su Voluntad!

Por eso cuando nació mi hijo, en marzo de 1999, sentí que Dios me amaba, y que por este ser maravilloso que es Elias ha valido la pena recorrer la vida que he recorrido, y envejecer viéndolo crecer en cuerpo y en espíritu.

A 40 años de aquel 11 de septiembre de l973 ¿debemos perdonar? Yo perdoné hace mucho. A los que sembraron dictadura y oprobio; a mis compañeros violentos que un día pensaron que yo era su enemigo; y he pedido perdón: a quienes pude dañar con mis actos, y a quienes me ayudaron y yo no supe cómo darles gracias. Y lo dije en la apertura de este Blog, después de mi arresto en mayo del 09: creo que todo estábamos locos de pasión y de ira, y que cualquiera hubiese sido el vencedor por las armas habría violado los derechos humanos…derechos que en esos años no existían en la ideología de ningún segmento.

Dije entonces que la paz requería MEMORIA, pero que la justicia no consistía en castigar hasta al joven oficial que obedecía órdenes que si no cumplía lo mataban y torturaban como al supuesto enemigo. Creo en la Memoria, y sí considero justo el castigo a los torturadores comprobados y a los asesinos desquiciados que se ensañaron con víctimas inermes y desarmadas. Pero me repugna la crucifixión moral que se ejecuta con demasiada ligereza y prontitud cuando un ‘supuesto enemigo’ cae en el barro de la sospecha, como sucedió estos días con el General Cheyre.

Hoy, siendo un Ministro de Culto, un sacerdote, tengo memoria, y no escondo mi vida y sus hechos. Pero no seré de aquellos que en el rol de víctima exigen eterna persecución y retaliación, y menos de aquellos -que siendo victimarios – siguen justificando la atrocidad con argumentos pusilánimes y pueriles.  

Porque viví lo mi época y mi generación, y no estuve contemplando desde la ventana, es que puedo opinar de estos 40 años que nos deben llamar a la memoria con Arrepentimiento y Perdón.

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Written by Edición GF

agosto 27, 2013 a 10:06 pm

Publicado en Uncategorized

3 comentarios

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  1. Nadie puede decir que estuvo ajeno a esta realidad que está tan bien relatada en este Testimonio de vida.
    Al ir leyendo, vienen a mi memoria estos hechos aquí plasmados y no deja de conmoverme todo lo que vivimos en un tramo de la historia que a todos nos pertenece. Todos fuimos partícipes de esta historia, pero tenemos que colocarla en el tiempo, y en la época que esto aconteció.
    Hoy nos debe de vivir por sobre todo hecho y acontecimiento “La Paz”, y para llegar a la Paz que Cristo nos enseña y nos pide debemos de entregar todo en sus manos y no hacer justicia por nuestra cuenta.
    Debemos de perdonar y no pretender que quién nos hizo daño pague, eso es venganza, y la venganza está fuera del Reino de Dios.
    ¿Quién no tuvo un familiar, un amigo, un ser amado torturado, preso y hasta muerto? La mayoría de los Chilenos. Pero eso no nos puede, ni nos debe hacer caer en la violencia nuevamente.
    Debemos aprender aún con el corazón quebrantado por tanta muerte y tanto dolor, y tanto sufrimiento a “Perdonar”. Hay que perdonar, hay que arrepentirse.
    Quien tenga que perdonar que perdone
    Quien tenga que arrepentirse que se arrepienta
    Pero ya no mas levantemos y abramos tantas heridas
    De una vez hay que zanjar lo vivido en esos años.
    Hoy tenemos que mirar el futuro, nunca olvidando que Dios es el Mayor Juez.
    Dejemos que la Justicia sea de Dios, no se la quitemos de sus Manos Santas y Sagradas.

    Marisol (viví esta cruda y dolorosa realidad a mis 14 años)

    Marisol Olivares

    agosto 28, 2013 at 12:40 am

  2. Video: Solomima – La Cage (La Jaula)

    Inspirado en Poema de Marcos Ana (Fernando Macarro Castillo)

    El Perdón…nos Libera…
    Y la Verdad nos hará Libres.

    killen

    agosto 28, 2013 at 4:34 am

  3. UNA TIERRA SIN MEMORIA
    NO NOS COBIJARA JAMÁS;
    NUESTRA LUZ SE IRA APAGANDO
    DESAMPARADA MORIRÁ.

    MAS, SI CADA HOMBRE VIERA
    LA FUENTE CLARA DE LA VERDAD
    Y, EN EL VIEJO FUNDAMENTO
    SU PENSAMIENTO DEJARA ANDAR.
    LLOVERÍA DONDE DEBE
    Y EN ESE INSTANTE LA CLARIDAD
    FUNDARÍA UN NUEVO DIA
    BAJO ESTE CLARO AZUL SIN PAR.
    Y ESTA TIERRA AMERICANA FLORECERÍA EN PAZ.
    PARA PARIR UN NUEVO MUNDO
    AL TIEMPO HAY QUE ENTENDER
    PARA CAMBIAR LA HISTORIA
    HAY QUE COMENZAR,
    PARA VIVIR LA GLORIA AMERICANA
    DEL MAÑANA HAY QUE LUCHAR
    MI TORO, NO VA A MORIR…

    Ricardo, que tu testimonio sea Luz para quienes después de 40 años, viven aun en la culpa, o en el odio…

    Angélica Aguirre

    septiembre 4, 2013 at 2:22 am


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