El Andariego

Blog personal de Ricardo Andreé

El ocaso de la prehistoria y los albores del futuro

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-Sobre el puente de las Vísperas o Transición-
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En la prehistoria los Hombres pedían a los dioses y medían a los mismos de acuerdo con cuanto de buen resultado obtenían sus plegarias, y sí la divinidad les concedía, o por algún motivo raro no los escuchaba y no recogían lo solicitado: bienestar, salud, seguridad, liberarse de la muerte, y hasta riquezas hacían parte del pliego de petitorio común. Luego estaban quienes oraban para ganar la guerra en contra de sus enemigos, mientras que en el bando contrario se imploraba al cielo para aplastar al infiel que debía recibir castigo. Otros simplemente asumían sobre sí la tarea de representar a los dioses, y sus ejércitos peleaban ‘la batalla de dios’, y dividían a la humanidad con diferencias irreconciliables entre civilizaciones antagónicas.
Sin embargo, el Hombre prehistórico no era un ser de fidelidad reciproca con el dios al cual invocaba. Las leyes del Cielo existían, pero eran ignoradas, aunque lucían claras en escritos, y hasta frases alusivas pululaban por doquier en el usual lenguaje de las personas, y semanalmente la gente asistía a los ‘templos’ – que llamaban iglesias o sinagogas o mezquitas- para escuchar al que más sabía de estas cosas; pero en realidad concurrían para recibir favores y esperar milagros que les hicieran personas más afortunadas. Expiaban así sus incoherencias, y hasta sus pecados…claro que, como todos eran pecadores, ninguno sufría por las aberraciones cometidas: la normalidad de muchos era excusa para el propio engaño.
Nadie era congruente, todo era relativo. La mentira era una forma de verdad. Pero la verdad no existía porque nunca es -decían- algo que se pueda identificar con precisión.
Quienes desde pulpitos ante las asambleas o tribunas de comunicación masiva predicaban con sus trajes especiales y estolas relucientes, y características sacerdotales reconocible, no eran distintos al resto de los mortales de su época; es decir: eran peores.
Desde el preludio de la prehistoria los representantes de la divinidad entre los Hombres se coludían con la política y el dinero; y a veces ni se coludían: eran el poder absoluto. Pero en la medida que fueron cediendo espacio y terreno a las nuevas religiones partidarias, e ideales de revolución que solo cambiaba las cosas para ganancia de las castas, (pero jamás para el común de los humanos), fue surgiendo un nuevo sacerdocio similar en todo al tradicional, pero civiles en su forma de presentarse, enemigos de los anteriores -a veces- o aliados de las jerarquías antiguas – casi siempre-: los políticos.
Así como a los dioses antiguos se les pedía y pedía, y los sacerdotes pastoreaban las solicitudes de los creyentes, así ahora, con el cambio de religión, también varió el orden de las cosas: los nuevos sacerdotes prometían más de lo que la gente necesitaba, y les convencían de que ellos, los nuevos prelados, tenían el poder para hacer muchas, infinidades, infinitudes de obras en poco tiempo…hasta la felicidad plena. Y los pequeños e ingenuos Hombres se ilusionaban como niños, y saltaban vestidos con los atuendos que les distinguía como sequito de su gurú, y enarbolaban banderas, y marchaban seguros y hasta gozosos, y se fanatizaba hasta la saciedad… para caer en cuenta con el tiempo que su maestro de la falacia y la demagogia nunca cumplía, o muy poco hacía, y hasta desaparecía entre los curules del templo parlamentario o del palacio de la presidencia, para asomar de vez en vez con alguna migaja o un vaso de agua suficiente para que sus becerros no fenecieran y tuvieran la esperanza intacta para la próxima campaña.
Sin embargo, ese Hombre prehistórico era experto en sobrevivencia, dada las circunstancias tan adversas de esa larga era, y aprendió a recibir lo escaso que sus sacerdotes- políticos lanzaban como cayendo de sus opíparos comedores… pero, eso sí, sin abandonar la antigua costumbre de, por si acaso, acudir a los dioses de otrora que a veces parecían escuchar a los mortales. A ese punto ya había aprendido a no esperar nada de ningún dios, ni de los de arriba ni de los de abajo; y resolvió entonces hacerse del propio nicho que lo alzara como a la tercera fuerza de este mundo: un tercer poder -humano-sin el cual ni los dioses del olimpo o del limbo, o de donde fuere, y también los pequeños dioses terrenales, poco pudieran importar porque ahora: no se creía en ellos; y cada persona construía su propia religión con idolatrías en cosas como dinero y maquinas, artefactos y lujos, modas y apariencia, ego abundante e ilustración intelectual; y propia tribu… con distintivo y todo… siempre diferente y bien diferenciada de las demás aldeas. Con tal calaña de fuerza propia: ¿quién necesita de los dioses?
Los Hombres ya no fueron tan ingenuos: asimilaron como mentir, y hacían creer a los dioses de arriba y de abajo que las personas humanas les seguían, que sus divinidades aún eran válidas; y así se identificaba cada Hombre según pertenencia institucional o tradición religiosa familiar; pero luego cada uno pensaban lo que le convenía, y hasta contradecían a sus pastores, y danzaban de cofradía en iglesia, y de religión en creencia, y saltaban de costumbre a esnob según fuere el posible resultado a lograr. Así armaron su propia trinchera.
El planeta fue decayendo, saturado de contaminación en el más amplio espectro: este depredador y destructor Hombre prehistórico daba al traste la única casa que le aseguraba vida y posibilidad de seguir existiendo. Otras criaturas, inocentes y víctimas, se extinguían, se ahogaban en sus océanos, y dejaban de polinizar, y con todo ello sólo la muerte ganaba terreno; y el fin de esa generación humana estaba por desaparecer dejando atrás de sí una secuela de intoxicación que costaría miles de años reparar.

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Podría ser esta una caricatura de la realidad de nuestros días: pero es que ante los hechos que paralelamente se están construyendo, y el tiempo inmanejable que está en cierne, y los saltos de mutación que se avisan con evidencia y claridad… relatos como éste no están ni lejos ni al margen de la situación que hoy enfrentamos.
Recibimos los despojos de la mesa de los señores: teléfonos sofisticados y tecnología residual que nos maravillan pero que equivalen al vaso de agua y el pan rancio que les sobra a los pequeños dioses terrenales.
Mientras la religión de la ciencia y de altos tecnócratas virtuales – al servicio de un gobierno global que el común de las personas no ven, pero del cual depende- trabaja en naves pioneras del tamaño de un aparato celular actual, impulsado por energía laser… para que recorran cuatro años luz en pocos años terrenales, y exploren exoplanetas que giran en torno a soles iguales al nuestro, en donde la posibilidad de vida inteligente es muy alta… los Hombres comunes, por su parte, (incluso ricos -creen ellos- y poderosos -porque manejan parcelas de poder que resultan irrisorias para los pequeños dioses-), hacen guerras, grandes y pequeñas, y postulan a armar sociedades a su medida mientras los conglomerados humanos se disgregan y se atomizan en un pulular de batallas tipo viral… como si fueran bacterias mordiéndose y tragándose unas a otras…para adueñarse con algo de lo cual no quedará nada.
La crónica de estos tiempos prehistóricos relatan que: los malvados pequeños dioses idearon, en un momento peligroso para sus intereses, la forma de detener un proceso altamente riesgoso que comenzaba a dar algún resultado favorable para el común de los Hombres; fue, aconteció, cuando el humano de a pie adquirió ‘conciencia social’ y descubrió-y asumió- causas comunes que derivaron en el potencial de convertirse en ‘los dueños de su destino’ -(sin dioses de arriba y de abajo, y sin pequeños dioses terrenales)-; y como en fase de enfermedad infantil que aqueja todo proceso revolucionario… este Hombre renovado se tornó soberbio e intransigente: se vio a sí mismos bajo la perfección de la incontrastable coherencia, de la suprema justicia y campeón único del bien común. Y sin vicios burgueses ni tentaciones oligarcas se dispuso a destruir las cárceles que le impedía su gran desarrollo humano. Se negó a las guerras de los otros, los de siempre, e hizo sus propias guerras…justas; rompió con las molestas discrepancias y absurdas discriminaciones de raza, de religión y de tradiciones. Y algunos optaron por el amor libre y las flores; y otros por las marchas y la protesta; y los más comprometidos entraron en las extrañas y distorsionadas vías de la violencia y la confrontación. Fue entonces que el malvado dios terrenal inunda -a la soldadesca en guerra y a los amantes del amor -de drogas experimentales para analizar y verificar sus efectos y resultados. Tan apropiada fue la consecuencia para ellos – los pequeños dioses terrenales- que hicieron llover droga en las ciudades y en pocos años habían creado ejércitos de zombis; y nuevos esclavistas, furiosos y violentos, impusieron su principado; y levantaron urbes con sus riquezas e infiltraron los ganglios de los templos del Hombre mundano- la política y sus instituciones – hasta que no hubo peligro de rebeliones e ideas libertarias raras y perniciosas que molestaran el tranquilo avance de los dioses en tierra.
Frustrada la época de idealismo colectivo, en donde toda revolución de buenas intenciones culminó peor de aquello que pretendía reemplazar o cambiar: surge el más acérrimo individualismo como la manera de sobrevivir para la mayoría; y/o, por otra parte: se regresó a la idea de la tribu con aldeas amuralladas, alzadas con ladrillos de nacionalismos y aspiraciones de condados propios; esta vuelta hacia lo más arcaico y elemental caracterizó la reacción desesperada que- esperaba el Hombre de esa época- les daría consistencia y sobre vivencia ante la tribulación y decaimiento imperante. Todo extranjero de color extraño, que en masa comenzó a moverse cuan ola en tormenta de un lado a otro por el planeta, debía ser dejado afuera… de todas partes. Y como el mundo seguía siendo la pequeña naturaleza que era, y es: no quedó otra solución sino esclavizar la migración y restaurar el más abyecto lapso de sumisión y vasallaje.

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Hasta que en el lejano horizonte la Historia fue asomando como sol después de un largo inverno. Alumbró con luz de amanecer sobre un puente largo y contundente llamado: Transición o Vísperas: asemejando a una pasarela de Tiempo estrecha, curvada, cuyas paredes parecen tocarse.
La Historia, en ese, aún, distante futuro, podría testificar que en la época de la Franja de Transición o Vísperas: “los pequeños dioses -auto denominados ‘perfectos’- salieron de sus templos recónditos y desplazaron a sus serviles capataces: y al presente de dicho tiempo gobernaron abiertamente, aislando a sus encapsuladas ciudades, plenas de modernidad sideral y riqueza abundante- y de vida sin vejez y sin enfermedad- dejando en el ostracismo al resto de los humanos: ahora sirviéndoles a los ‘perfectos’ en calidad de tributarios con gleba pordiosera”.
“Entonces hubo minería en la luna y en marte, y se buscó con afán el dominio y control de otros planetas con vida de la cual servirse, y extraer mayores bienes para el nuevo principado cósmico de los dioses terrenales”.
Primero será asombroso; luego una toma de razón espantosa: al saber que otros seres oscuros- venidos de no se sabe dónde- urdían su alianza con los pequeños dioses humanos; y resultará ser un pasmo breve que dará paso al espanto: al asumir que muchas advertencias nunca fueron escuchadas, y no pocos avisos quisieron ser ignorados, y señales por doquier simplemente cayeron al vacío.
Podría decir el relato en el tiempo de las Vísperas: “Las maquinas dominaron gran parte del mundo de los ‘perfectos’, y por robots de inteligencia artificial los humanos imperfectos ahora fueron patrullados, controlados y perseguidos. Cada paria tiene un código entre su piel, y la maquina llamada ‘la bestia’ -con su ojo que todo lo ve- va leyendo el numero de la monada y escribe en su memoria todo cuanto capta de cada inferior bajo vigilancia”
¿Nunca hubo Dios y jamás existió contraparte que salvaría al imperfecto de este oscuro destino? – demandará el Hombre común, pasmado y paralizado al borde de la Historia… que aún brilla distante e incierta.

4
Ahora que la Historia brota con sus primeros rayos de inquietante luminosidad, transitando por el cigoñal del Tiempo llamado Vísperas o Transitoriedad, también podemos enterarnos de la otra cara del paralelismo que caracterizó a la prehistoria: ese otro relato que muchos prefirieron ignorar, negar y hasta denigrar.
Quizás siempre el Hombre lo supo, alguna vez lo tuvo claro, luego se confundió, y finalmente lo olvidó, o lo rechazó. No era fácil: los pequeños dioses de la tierra inventaron algo muy parecido a la droga, llamada: apostasía. Que es lo mismo, en fin y propósito, que persigue cualquier sustancia estupefaciente: confundir, adormecer, neutralizar, apagar el Espíritu en el Hombre, tornarlo estúpido, vaciarlo por dentro, engañarlo con falsas luces y regalar momentos de alucinación de los cuales crear dependencia.
La apostasía miente, y miente, y miente, y así va construyendo grandes verdades muy difíciles de derrocar. La mentira siempre deja un halo de duda, de sospecha y al final debilita al Hombre y lo amorfia en su forma de pensar y, lo peor: tergiversa, desfigura, malogra, prostituye y enferma la FE en la persona.
Como toda droga, debe entretejer su red de traficantes y de tráfico expedito y masivo, y postula a dominar, infiltrar y empoderarse de todo vestigio institucional que permita dar consistencia y estructura a su existencia. La apostasía entonces no niega la existencia de Lo Tenebroso – pero lo disimula y banaliza- ni tampoco desdeña a la contraparte de lo malo: la fe, el amor y la paz; sino que reconoce toda existencia sobre natural: Dios existe… pero… con sutileza y canalla finura va cambiando el sentido de aquello que dice aceptar, mostrándose conforme; y lo hace siempre por el ‘lado humano’: porque al Hombre de la prehistoria le resulta más dúctil y perceptible un dios al cual asemejar, en comparación o contraposición con una divinidad extraña, inimaginable, inasible que, por ejemplo, le obligara a esforzarse por entenderla… o debiera esmerarse por lograr una pulcritud que la sociedad no entiende… y de paso lo aleja de todo afecto y efecto ofrecido por el Mundo. Un Dios así no era, ni es, fácil de admitir y aún más complicado seguir, más bien… imposible. Muy exigente. Entonces la apostasía, susurrando estas razones supuestamente ‘humanitarias’, cambia el eje: es Dios el que debe venir a ti, predicó por siglos; pero como eres pecador, entonces ‘no eres digno’ y debes prepararte para recibir a Dios y para eso…está la religión… y estamos nosotros, los traficantes de la apostasía, que pensaremos por ti, y te construiremos el marco tranquilizador para tu creencia, con seguridad y sin riesgos.
Cuando de la realidad paralela superior enviaban a un Ser Divino con forma humana, un hombre nacido de mujer-como cualquier humano- que hablara al Hombre en su propio lenguaje, pero con evidencias irrefutable de su Origen Espiritual superior: los sátrapas de la apostasía podían seguirle por su excepcionalidad; pero luego, el irse éste, le convertían en otra forma de religión; y la venenosa apostasía resaltaba la bondad humana del ser especial, pero vaciaba su contenido espiritual, escondía, negaba y finalmente se burlaba de lo divino…porque no era posible y era blasfemia, o ilusa invención de unos locos. De tal manera que los Hombres Comunes nunca conocían al dios encarnado, y adoraban los efectos bien manejados de un varón excepcional, y repetían hasta la saciedad los relatos dirigidos que de tanto tañer ya sonaron vacíos e insubstanciales.
Del mayor dios encarnado, enviado entre los Hombres a los inicios de la prehistoria, hicieron una pantomima: poder político, ejércitos, riquezas, grandes construcciones, guerras y cruzadas, tribunales inquisidores, conquistas a sangre y fuego, tiranías de vario tipo… por esencia: apostasía, en su más descarado formato. Separaron al hombre especial, santo, asombroso… de su divinidad: la cual no debía conocerse, y olvidarse, y abiertamente negarse. Y proclamaron el nombre del hombre y sus milagros, y recordaron hasta la majadería su sacrificio en un instrumento de muerte del imperio romano – uno de los tantos poderíos mundanos existentes a los albores de la pre historia- con el objetivo mañoso y malévolo de sepultar la verdad divina, espiritual y superior, que esta deidad encarnada trajo al Hombre justamente para su elevación, y para que éste luchara y venciera a su esclavista y opresor.
Guardaron -los pequeños dioses terrenales- celosamente los hechos acecidos en los Tres Días en que esta deidad encarnada abandonó al cuerpo que lo contenía y retomó la plenitud de su condición superior. Ocultaron el combate de los Tres Días y la gran revolución acontecida, que cambió sustancialmente la condición del Hombre, y debía impedir cualquier tentativa para someterlo. Esta derrota desastrosa para los pretendidos ‘perfectos’ e ‘infalibles’- y su consecuencia tan beneficiosa para el Hombre común- (el cual desde tales hechos poseía en su interior a un Espíritu Restaurado de Dios mismo) -¡¡había que acallarla, destronarla, ocultarla… y no permitir que el Hombre común lo descubriera!!
La apostasía comenzó a tejer su maraña de relativismo, enredos y barullo, de mentiras y de escamoteo… orándole al varón del relato, pero guardando en gavetas secretas la verdad sobre la divinidad del que había venido; y nunca revelando el más grande de los acontecimientos que pudo haber cambiado completamente la realidad, y al Hombre. Entonces, en cambio, de no existir el manto de apostasía y su obra, la prehistoria habría sido breve y hoy estaríamos hablando del estertor de la Historia, y del Milenio en cierne… en el que los Hombres nos unimos a las fuerzas del Dios de la Luz. Con la apostasía dominando el Hombre vivió dos milenios de atraso, y la prehistoria se prolongó por la Franja de Tiempo. Pudo ser diferente. Debió ser distinto.
Saber, tardíamente, que siempre el Hombre tuvo en su interior la clave de su liberación, la llave de su elevación y la mayor arma para vencer a sus esclavistas… es doloroso, y deja a todo Ser en un estado de estupor y de profundo arrepentimiento por su ceguera y puerilidad: ¿¡Cómo pude ser engañado…cómo pude estar embaucado ingenuamente… cómo no hice caso a aquello que sentí, que entendí y que escuché…!?

5

¿Cómo venceremos, contrarrestaremos, aquello que ya no podemos evitar?
Quizá sea tarde para impedir el advenimiento del señorío abierto de los dioses terrenales en su era de alta tecnología, y la nueva religión de la ciencia y sus santos robots de inteligencia artificial; pero no es tarde aún para que los hombres y mujeres, que nunca han perdido el Espíritu de Dios en su Interior, hagan uso de esa especie de ‘nano-chip’ divino concedido por el Dios que vence toda muerte, y comiencen a transformarse en los altos seres que el Dios encarnado planificó; y unidos a éste, en alianza estricta y leal con éste, den el Salto de Transformación -un cambio cuántico- que no les mutará lo carnal ni lo aparente, pero que sí, de todos modos, desde el Gobierno del Espíritu y la Fe que mueve montañas: ‘harán cosas más grandes que su Dios cuando era un hombre entre Los Hombres’.
Por el Espíritu de Dios en el Hombre puede éste prescindir de todo lo artificial y lograr una calidad superior innata y natural comparada con la máquina de inteligencia virtual.
Falleciendo los últimos años del tiempo voraz – (estertor de la prehistoria)-entrado ya en el periodo de Transición o Vísperas- es cuando mayor el poder transformador del Espíritu se manifiesta y actúa. Porque a diferencia de la plena prehistoria,-cuando el Hombre era prisionero adormecido por la inercia del dominio oscuro-, se verifica en el Tiempo de Transición- desde el año 1991- una angostura rara, o una aproximación inusual, entre Lo Temporal y Lo Atemporal: causando una aceleración de las condiciones Macro Cósmicas que acerca todo poder existente entre sí; poniendo frente a frente mundos contrarios y poderes opuestos. Haciendo, por ejemplo, más malo y violento al hijo de maldad y cultivador de la ira… y sensibilizando al bueno que ya no puede quedar inerte, y movido por su fuerza interior busca a Dios ya no en términos prehistóricos sino bajo claves de futuro.
Comprensiblemente, el Hombre prehistórico no mutara en esencia, ni transformará su calidad elemental, sólo porque el Tiempo salta… sin que éste tome razón de este fenómeno. Como consecuencia entrará – y ya está haciendo su ingreso- en el periodo transicional con toda la carga de su pasado: el lastre de la pretendida y vana ‘tercera fuerza’ que le dio esperanza en su día; la necesidad antigua de pedir y esperar; y la baladí pretensión de que sea Dios quien venga fácil y rápido al llamado del deseo; la ilusión de lograr lo ideal sin el laborioso empeño por aterrizar a la vida en el escurridizo ‘sentido de realidad’; la imaginación de alcanzar sueños mundanos entregados en bandeja por obra divina; la oración diaria para mantener los templos del ego a buen recaudo.
Nadie dijo que sería fácil. Pero es esta pasarela del Tiempo (llamada Vísperas o Transición) la que favorece la mutación del hombre y mujer que busca ser semilla de persona libre, emancipados de lo artificial, para de este modo entrar en la futura Historia que avisa recién su prólogo. Es decir, no es solamente el esfuerzo de la persona aquello que permitirá formar parte de la Historia que nace, y ser parte activa de los aconteceres en esta Franja Transitoria de Cambio y Tribulación: sino que es la condición ‘del Tiempo’, la ‘Franja Transicional’, la que acelera todo proceso interior y espiritual; lo cual equivale a un acercamiento de reinos y principados muy contiguo del Hombre y su realidad. Asistimos a un Hecho del todo excepcional y raro: Lo Macro y Lo Micro se mueven uno hacia el otro estrechando la Franja de Tiempo; abriendo la posibilidad cierta de grandes Mutaciones y aperturas de realidades hasta ahora desconocidas. Es como un ‘gusano de Tiempo’ que puede ser usado por la Luz para acrecentar su Creación; y sin duda también será, y es, utilizado por el poder tenebroso para asentar su poderío sobre la creación humana, y realidades adyacentes.
Los Tiempos medibles en esta realidad no pueden ser evaluados según hechos relacionados con episodios humanos comunes: son Tiempos Cósmicos y Celestiales que tienen y tendrán EFECTO en la Naturaleza, en el Cosmos y en el Hombre. La Franja de Tiempo de Vísperas o de Transición se abre el año terrenal (21 de diciembre) de 1991 y se mueve en 4 ciclos de 35 años cada uno. Siendo el primer lapso – hasta el 21 de diciembre del año 2025- el más ‘lento’. Acelerándose en cada fase, hasta llegar al periodo de alta mutación en los últimos 35 años (hasta el 21 de diciembre del año 1141).
Es en esta Franja de Tiempo en donde se verificará todo Cambio y Tribulación, y se definirá la preeminencia – o no- del principado de Lo Artificial y el avance- o no- de los ‘perfectos’ que intentarán fijar su dominio para apoderarse de la Historia que está en cierne, e impedir que ésta traiga consigo a la Gran Luz del Milenio de Paz, e imposibilite, nuevamente, la completa liberación del Hombre y su Espiritualidad (Emancipación Espiritual que hace superior al Hombre, y obstaculiza y vence con su poder a este sistema del Mundo).

6

Hoy, -ya recorriendo el puente que une dos masas de Tiempo-entrar por la puerta correcta, abriendo umbrales con la llave idónea, es posible, no es nada lejano, ni es un proceso largo y fatigoso: dependerá de factores imprescindibles como LA ENTREGA, la HUMILDAD, la DISCIPLINA y la disponibilidad a ser Transformados para hacer parte de un Plan que no es para el ego, ni es individualista: sino que es parte de una Realidad que no conocíamos y de la cual el Hombre es parte tangible y consciente: el Reino que no es de este Mundo…se ha acercado al Hombre.
La Entrega de la vida prehistórica, para obtener la vida que hará entrar al Hombre al corazón de la Historia, -peregrinando por esta Franja de Tiempo estrecha y en movimiento, que no perdurará por siempre porque tiene su inicio y también su cierre final-, es fundamental para el logro de la Transformación que, desde el Espíritu que habita en el Hombre, convierta al mismo Hombre en el dios… equivalente al Espíritu que Dios designó. Eso es ‘Hacer la Voluntad del Padre’… nunca tuvo otro significado.
Y en ningún tiempo estuvo el Hombre tan cerca de alcanzar esa Voluntad Espiritual que lo eximirá de ser aquel ‘hijo de maldad’ que hace cosas en nombre de la divinidad desde el ego y la prehistoria; y por fin puede poner, el Buen Hombre, por obra el designio del Creador que lo hará digno de hacer parte del Reino de la Luz.
-Quien lee no podrá alegar que ‘no sabía’-

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Written by Edición GF

noviembre 18, 2017 a 2:20 pm

Publicado en Uncategorized

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